1969

La primera huella humana sobre la superficie lunar ante 500 millones de testigos

La misión Apolo XI llegó a la superficie de la Luna el domingo 20 de julio. Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins componían la tripulación que protagonizó la hazaña. En la edición del lunes 21 se publicó la histórica crónica del corresponsal de AP.

El hombre en la Luna. Foto: Vía AFP.
El hombre en la Luna. Foto: Vía AFP.

Dos norteamericanos descendieron en la Luna y exploraron su superficie por unas horas el domingo 20 de julio de 1969, dejando las primeras huellas de pies humanos en su piso polvoriento. Izaron la bandera de Estados Unidos y conversaron con su presidente desde 400.000 kilómetros de distancia. El civil Neil Alden Armstrong y el coronel de la Fuerza Aérea, Edwin A. Aldrin, informaron que estaban de regreso en su nave de desembarco a la hora 0:11 del lunes. “La portezuela está cerrada y asegurada”, dijo Armstrong.

Millones de personas en la Tierra vieron por televisión cuando los astronautas saludaron a su bandera y exploraron la superficie rocosa y escarpada.

El primero en pisar la Luna fue Armstrong, de 38 años. Su pie tocó la superficie a las 21:56 y permaneció fuera de la nave por dos horas y 14 minutos.

Sus primeras palabras en suelo lunar fueron: “Este es un pequeño paso para el hombre y un salto gigantesco para la Humanidad”.

Fue también Armstrong que resumió previamente la emoción del arribo del vehículo de desembarco en la Luna con este mensaje: “Houston… Aquí Base Tranquilidad. El Eagle ha descendido”.

Veinte minutos después, le siguió Aldrin.

“Hermoso, hermoso, hermoso”, dijo. “Una magnífica desolación”. Permaneció en el ámbito lunar una hora y 44 minutos.

En cuatro años, nueve hombres en la Luna

Nueve días insumió la misión del Apolo XI desde su lanzamiento, el 16 de julio, hasta que los tres astronautas lograron un perfecto amerizaje en el Océano Pacífico, el 24 de julio, poniendo fin a la misión. En cuatro años, un total de seis misiones espaciales llegaron a la Luna y 12 astronautas caminaron sobre ella. El último fue el norteamericano Eugene Cernan a bordo de la misión Apolo XVII en 1972.

La nave de desembarco -“Eagle” (Águila)- descendió en la Luna a las 15:18 del domingo y salieron de ella para bajar a la superficie unas seis horas después.

El mensaje del astronauta Aldrin a los pueblos de la Tierra fue el siguiente: “Quiero pedir a todos y cada uno de los que me escuchan, quienes quiera que sean, que se detengan durante un momento para contemplar los acontecimientos de las últimas horas y den gracias a Dios a su manera”.

Al final de la visita el Centro de Control les dio permiso para permanecer tiempo adicional en la superficie lunar. Armstrong recibió 15 minutos y Aldrin 12.

Cuando todavía estaban sobre la superficie lunar el observatorio Lick de California del Sur envió un rayo de luz láser desde la Tierra dirigido al pequeño espejo instalado por los astronautas en el suelo selénico.

Una llamada desde la Casa Blanca

“Hola Neil y ‘Buzz’, les estoy hablando por teléfono desde el Despacho Oval de la Casa Blanca y seguramente esta sea la llamada telefónica más importante jamás hecha”. Así inició el presidente Richard Nixon la conversación con los astronautas en la Luna.

Portada de El País el día de la partida.
Portada de El País el día de la partida.

Hubo momentos de buen humor en el precario descenso por la escalera de la nave espacial a la superficie selénica y también en el ascenso. Cuando Aldrin salió por la portezuela dijo que quería “asegurarse de que no la dejé cerrada por dentro”.

Armstrong, en la superficie, soltó la carcajada y comentó: “Ese sí que es un buen pensamiento”.

Una vez de regreso en el ve-hículo de desembarco comenzaron inmediatamente a volver a dar presión con oxígeno a la cabina y a almacenar las muestras de rocas y polvo.

“Tenemos unos nueve kilogramos de muestras cuidadosamente seleccionadas, ya que no documentadas”, dijo Armstrong al referirse al contenido de una de las dos cajas llenas con material lunar.

Los minutos que habían transcurrido serán inolvidables para ellos y para el mundo.

Regreso al módulo

Edwin Aldrin inició el regreso al alunizador, Neil Armstrong quedó abajo para alcanzarle los dos cofres negros y bolsas con muestras y otros experimentos que se llevan de su visita a la Luna, la primera de un ser humano a un cuerpo celestial.

Después que el Centro de Control les ordenó regresar a la cápsula, Armstrong pareció insistir en recoger todavía algunos pedruscos más y volvió a alejarse de ella. Aldrin lo siguió.

“Vayan hacia la escalerilla”, repitió el Centro de Control. Finalmente, Aldrin regresó al alunizador a eso de la medianoche.

Portada de El País el día que el hombre llegó a la Luna.
Portada de El País el día que el hombre llegó a la Luna.

Se informó que el experimento de reflejo rayos láser en la pantalla especial colocada en la Luna por Armstrong y Aldrin había comenzado ya a funcionar.

Armstrong regresó finalmente a la cápsula. Los dos ya están dentro. Cerraron la puerta unos minutos después de la medianoche.

Una vez que los astronautas estuvieron dentro de su nave surgieron ciertos problemas en la comunicación, aparentemente debidos a la antena terrestre, y momentáneamente el centro no logró contacto con los dos astronautas. La imagen fija lunar seguía viéndose.

El despegue

El retorno a la Tierra en la portada de El País.
El retorno a la Tierra en la portada de El País.

Se restablecieron las comunicaciones con el “Eagle” y el Centro de Control informó que “todo parece estar perfectamente”.

Informó también que los astronautas habían vuelto a dar presión a su nave y que la situación en el interior era ya normal.

La interrupción en las comunicaciones, que no había sido anunciada de antemano, provocó cierta expectación, especialmente cuando las llamadas de Control a la Base Mar de la Tranquilidad no eran respondidas.

Sin embargo, ni Control ni los técnicos parecieron considerar la interrupción anormal.

Se informó que la cámara de televisión no funcionará lo suficiente para transmitir el despegue de “Eagle” desde la Luna, dentro de unas doce horas, o sea después de la medianoche.

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