EN MADAGASCAR

Una de cada dos personas considera que es normal que un hombre maltrate a su esposa

La conclusión es del Fondo de Población de la ONU (UNFPA) que —informe mediante— señala que el peso de la tradición aplasta los derechos de las mujeres en Madagascar

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"Mi marido se la agarra conmigo cuando está nervioso", dice Maharo Soarolahy. El caso de esta mujer de 34 años no es el único en Madagascar, donde un tercio de las mujeres declaran haber sido víctimas de violencia al menos una vez en la vida.

La mitad de estos actos violentos se producen en el ámbito familiar, según una investigación nacional sobre el seguimiento de los objetivos de desarrollo del milenio de la ONU, publicados en 2012.

En Madagascar una de cada dos personas, independientemente de su sexo, considera normal que un hombre maltrate a su esposa, según el Fondo de Población de la ONU (UNFPA).

"A menudo consigo satisfacerle sexualmente, pero hay momentos en que yo también estoy cansada después de todo el día y entonces los golpes se multiplican", continúa Maharo Soarolahy, que se encarga de preparar la comida, limpiar e ir a buscar el agua para su familia de seis personas.

Simon Ravelojaona, coordinador de un centro de orientación jurídica especializado en la ayuda a las mujeres en Ambovombe, al sur del país, considera que el peso de la tradición es fatal para las mujeres. Hasta tal punto que "hay mujeres que se sienten abandonadas si su marido no las golpea", lamenta.

Pagar para denunciar

"La gente no considera a las mujeres parte integrante de la sociedad", añade Ravelojaona, enumerando las humillaciones que sufren las mujeres durante toda su vida.

"La mujer no tiene derecho a expresarse. Si se divorcia, no recibe nada de parte de su marido. No hereda nada tampoco. Así es su vida".
Sólo un 5% de las agresiones contra mujeres llega a la justicia, según Ravelojaona. Por resignación, vergüenza, presión social, desconocimiento de sus derechos o falta de medios, la mayoría de las mujeres no denuncia las violencias.

"En la comisaría, tienes que pagar si quieres llevar ante la justicia a alguien", dice Sourayah Banou Vololomihaingo, responsable de este organismo de consejo jurídico.

A finales de 2019 y después de intensos debates, Madagascar adoptó una ley sobre violencia de género, centrada en la "violencia física, sexual, psicológica y económica, en el seno de la familia, incluyendo las prácticas tradicionales perjudiciales para los dos sexos".

La ley prevé penas de entre seis meses y cinco años de cárcel y multas de unos 250 euros. La nueva normativa es loable, según el representante de la UNFPA en Madagascar, Constant-Serge Bounda. "No solamente va a permitir prevenir de forma más eficaz la violencia gracias a su efectivo disuasivo sino que va a permitir reparar el daño".

Sin planificación familiar

La cultura patriarcal tiene también repercusiones en el control de la natalidad. En la región de Ambovombe, con ayuda de Japón y de la ONU, "la planificación familiar está al alcance de todos pero la oposición de los hombres la bloquea", lamenta el doctor Robena Mampionindray Razafindratovonimanana. Así, no es raro encontrar familias que tienen hasta 15 hijos.

"Mi marido me golpeó cuando le dije si podía acudir a los servicios de planificación familiar", recuerda Juliette Vahinala, de 45 años y con ocho hijos. "Pensó que quería engañarle con otro sin miedo de quedarme embarazada".

Además del maltrato en el hogar hay muchas violaciones, explica el responsable de la policía en Tsihombe, cerca de Ambovombe, Clovis Rakotoninaina.

En muchos casos es imposible identificar al violador o la familia resuelve el problema "de forma amistosa" con el agresor, dice el responsable.
"Hay incluso familias que vienen a reprocharme que haya llevado el caso de la violación de su hija ante el fiscal", lamenta Clovis Rakotoninaina.

Algunos responsables comunitarios obligan a los hombres violentos a poner por escrito que jamás volverán a golpear a su víctima, pero por ahora esta medida no ha surtido demasiado efecto.

La única solución, según el comandante Rakotoninaina, es el diálogo: "Es importante hablar con la gente sobre el efecto nefasto de algunas tradiciones".

La vigilancia de las autoridades aumenta en este período de confinamiento, que se aplica en las tres principales ciudades de Madagascar, debido a la pandemia del nuevo coronavirus.

"Las parejas se van a encontrar frente a frente en casa, sin dinero y sin trabajo. La violencia va a aumentar rápidamente", prevé Nathalie Razafindehibe, presidenta de la comisión nacional de lucha contra la violencia de género.

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