Artesanías
Pandora dolls y Maururu se dedican a la creación de muñecos artesanales hechos con mucho amor
Paola Pérez dejó su trabajo como contable y se dedicó de lleno a perseguir su sueño:tener una tienda de muñecas. Raquel Bologna y Raquel Rodríguez (madre e hija) buscaron una actividad creativa para realizar juntas y crearon amigurumis. Hoy Pandora Dolls y a Maururu, dos emprendimientos liderados por mujeres, conquistan con muñecos hechos con creatividad y mucho amor.
“Buscábamos algo distinto para ocupar nuestras tardes de invierno. Un día regalamos un amigurumi (muñeco de crochet) y enseguida nos preguntaron por qué no hacíamos más para vender”, recuerda Rodríguez.
“Utilizar materiales nobles y cálidos, compartir una taza de café y crear juntas es una experiencia aconsejable”, agrega.
Maururu se dio a conocer a través de redes sociales y hace dos años se sumó a la Feria de Artesanos del Parque Rodó, donde están todos los domingos. Hoy crecieron en variedad y tamaño. Aunque su fuerte son los animales —jirafas, conejos y gatos son los preferidos de sus clientes— también sumaron muñecas y personajes de películas y animé.
La técnica nació en Japón donde acompaña a niños y adultos porque se considera que un amigurumi es un amigo para toda la vida. Su nombre hace alusión a algo bonito, adorable y muy tierno. Los tejidos por esta dupla honran ese significado.
Boutique de muñecas
Paola Pérez (38) saltó sin red, pero con fe. Dejó su trabajo contable y empezó a fabricar muñecas artesanales. Recordó que crear con sus manos la hacía feliz y descubrió que su sueño era tener una boutique de muñecas.
“La vida te lleva siempre a tu pasión y yo quería esto”, dice con orgullo quien hoy vende sus creaciones en el Paseo de Compras Techitos Verdes, en el puesto que está frente a la DGI, sobre Daniel Fernández Crespo.
“Con Nicolás tenemos dos hijos: Lucía (7) y Facundo (2). Hicimos todos los arreglos para estar siempre con ellos, pero nos dimos cuenta que no nos veíamos casi, la rutina era trabajar y cruzarnos. Con su apoyo me animé a emprender”, cuenta Pérez que fabrica Pandoritas desde hace tres años.
“Comencé viendo tutoriales, luego me inscribí a un curso con una profesora rusa”, dice al recordar la odisea de sortear las barreras idiomáticas gracias a herramientas de traducción.
La máquina de coser a pedal dio paso a una eléctrica y la producción de Pandoritas se perfeccionó. Cada una cuenta con accesorios: desde sombreros a mochilas. Hoy sus clientes se llevan su Pandora, pero no tardan en regresar para adquirir nuevas prendas. En el stand también hay artesanías de otras mujeres. “Una amiga va a casa para que yo pueda crear más, encontré emprendedoras con las que hacemos sinergia, estoy agradecida”, remarca.
“Me encanta conectar con las niñas, ver sus caras con las Pandoritas”, confiesa. A algunas de las muñecas incluso les sumó cabello de sus clientas, como cuando una de ellas se cortó el pelo y la madre lo trajo para que lo usara en el juguete de su hija. “Ver su caras con la Pandorita cuando la vio con su propio pelo fue totalmente mágico”, recuerda.
Sus muñecas tienen rasgos poco definidos para que cada niña o niño pueda desarrollar su imaginación al momento del juego. “No tienen boca, puede estar sonriente o enojada, eso dependerá de las vivencias de cada uno el momento del juego”, señala quien también estudia Psicología y cree fervientemente en la importancia del juego simbólico.
“A futuro sumaremos unos marcadores que se borran fácilmente para que puedan dibujar la boca que quieran. Si está feliz con una sonrisa o si no, no”, adelanta.
“Pandora dolls es un móvil que viene de mi corazón, atesoro el recuero de hacer muñecas de trapo con mi mamá con mi ropita vieja. Siempre le digo a mis clientas que tuve un sueño y fui por el, estoy transitando el camino que no es nada fácil pero vale la pena porque es un aprendizaje constante”, explica. “Mi mayor fan es mi hija, que todos los días pasa por mi taller y dice ¡qué lindas!”.