Ser empresario tienta poco en un país que mayoritariamente los mira de reojo, castiga su éxito, es averso al riesgo y sigue volcándose en masa a la obtención de un empleo, público o privado, que asegure estabilidad e ingresos decorosos.
Tras cartón, la enseñanza superior uruguaya largó muy tarde en su intento por conseguir un cambio cultural enfocado a no desperdiciar las potencialidades.
La enseñanza de negocios no existió en el país hasta la década de los `80 mientras otros países llevaban más de un siglo acompañando la formación del empresariado. No es fácil saber a qué se debió el retraso, explica Jorge Grünberg, rector de la Universidad ORT, aunque recuerda que durante décadas Uruguay tuvo una economía protegida donde el Estado tenía el rol predominante y el éxito de las empresas dependía del contacto que tenían con este. Esta lógica provocó creación de pocas empresas, falta de innovación y de mercado de capitales, así como acarreó problemas de sucesiones familiares, concluyó.
Por su parte, Santiago Pérez del Castillo, rector de la Universidad de Montevideo, asegura que en Uruguay falta mentalidad creadora, cultura de iniciativa e innovación y enfatiza que no sólo es esencial generar más y mejores empresas, sino que éstas colaboren con el desarrollo económico y social del país.
A su juicio, la crisis financiera mundial enseña que hay que hacer empresa dándole importancia a la historia de la firma, a su gente y no tanto al dinero
"Porque, si el mundo financiero hubiera tenido en los años pasados más presente la formación filosófica de lo que es la empresa, se hubiera ahorrado buena parte de las consecuencias que se viven en este momento", aseguró.
Por su parte, Rodrigo Arocena, rector de la Universidad de la República, afirmó que si bien la herencia de una empresa familiar puede ser un lastre, si las nuevas generaciones se dedican a vivir de lo que crearon los pioneros, como suele pasar en algunos casos, también puede ser una fuente de dinamismo.
Ampliar formación
Las nuevas generaciones son quienes más aprovechan la formación académica. Un par de décadas atrás alcanzaba con la formación de bachillerato; sin embargo, si no se tiene nivel terciario, hoy la persona queda relegada, explica Roberto Horta, decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica
En esta línea, Grünberg, percibe que existe un vacío en la enseñanza preuniversitaria en materia de negocios que impide a jóvenes "pensarse a sí mismos como empresarios y sacudir esa inclinación tan perniciosa de que se vean como empleados o como funcionarios públicos".