Entrevista

Chebi: "Por fomentar el emprendedurismo se cae en el glamour y eso no está bueno"

Dirige ThalesLab, la company builder creada junto a Nicolás Jodal en 2014. Por año recibe 150 propuestas de las que  quedan un máximo de 20. Confiesa que ahora emprender es "más fácil" pero falta capital tras la inversión semilla

Sylvia Chebi, ThalesLab
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Nació en Montevideo, es ingeniera en electrónica por Udelar, cursó un programa de desarrollo directivo del IEEM y a sus 48 años culminó un MBA en la escuela de negocios Adolfo Ibáñez (Miami). Tras ser consultora internacional decidió emprender con Greentizen. En 2014, junto a Nicolás Jodal cofundó la company builder que ayuda a emprendedores y empresas a innovar. Hoy, con 57 años, cree que Uruguay debe imitar el modelo innovador de Israel y que es necesario fomentar el emprendedurismo a nivel escolar. También detecta que falta capital inversor posterior al «semilla» y que la mujer teme más al fracaso que el hombre. Está casada, tiene tres hijos y disfruta practicar karate, leer y viajar.

¿Cómo surge ThalesLab?
Soy ingeniera electrónica y durante años trabajé como consultora en regulación de telecomunicaciones. En 2010 asumí como directora para América Latina de Loc-Aid, una startup de EE.UU. que hacía aplicaciones antes que existiera el iPhone. En ese momento viajaba mucho y veía que la tecnología estaba cambiando el mundo, que gente en cualquier parte con una idea podía hacer algo que impacta a millones. Ahí me vino como una crisis vocacional, me preguntaba ¿voy a estar haciendo esto toda la vida? Leí algo que me cambió, que uno debe buscar su pasión y para eso hay que ver qué lee los fines de semana o en tiempos libres, qué temas le interesan. Y la verdad es que nunca leía nada de telecomunicaciones, sino de innovación, tecnología. Fui a hablar con Pablo Brenner, que además de amigo era vecino, y le dije que no sabía qué hacer, que tenía una sensación de querer hacer otra cosa, cambiar de trabajo. Tenía tres ofertas muy diferentes y le pregunté qué le parecían. Me respondió «ni A, ni B, ni C, yo tengo una idea junto a Nicolás Jodal, Sergio Fogel, Gabriel Colla (luego se sumó Pablo Marqués), y no tenemos quién se ocupe». Era una herramienta para mejorar la eficiencia energética con el uso de las redes sociales. Y me tiré al agua con Greentizen, que terminó siendo una red social ecológica. En 2011 se concretó el proyecto, conseguimos inversión del exterior, pero la cerramos en 2014 porque no logramos que fuera sustentable económicamente. No dimos con el timing. Ese año, Nicolás Jodal me dijo que entre lo que aprendimos y que a él le llegan todo el tiempo ideas para que apoye o invierta, podríamos armar algo y apoyar en forma institucional. También llegaban empresarios que decían que la tecnología les cambiaría su industria y su negocio y que algo tenían que hacer. Así nació ThalesLab, para ayudar a emprendedores y a empresas a innovar.

Facilitador. Unir una buena idea con quien pueda desarrollarla, ese es el papel de ThalesLab, asegura Chebi. (Foto: Leonardo Mainé)
Facilitador. Unir una buena idea con quien pueda desarrollarla, ese es el papel de ThalesLab, asegura Chebi. (Foto: Leonardo Mainé)

Se definen como una company builder, ¿eso qué implica?
Que unimos a quien tiene una buena idea con quien quiera desarrollarla. Se acercan personas que trabajan en una industria y encuentran un problema interesante y lo quieren resolver utilizando tecnología. Lo aceptamos solo si conoce del tema, aunque no sepa de tecnología. Por ejemplo, si viene un ingeniero agrónomo y quiere hacer algo vinculado a la moda no es para nosotros. Tenemos una comunidad GeneXus de 150.000 desarrolladores en todo el mundo y a muchos les gustaría emprender, pero no tienen una buena idea. Entonces hacemos un llamado a ver quién quiere ser cofundador tecnológico de una startup y los unimos. También funciona al revés, si un desarrollador tiene una idea pero no conoce del tema buscamos expertos que lo ayuden.

¿Cuántos proyectos apoyaron en estos cinco años?
Hemos apoyado 51 startups, de las que 26 siguen adelante y 12 están naciendo. Al año llegan unas 150 propuestas y quedan unas 20. Contamos con el apoyo del BID Lab, el laboratorio de innovación del Banco Interamericano de Desarrollo, somos incubadora de ANII con la que tenemos dos convenios de coinversión en vehículos autónomos y blockchain.

Desde su creación, ThalesLab, apoyó a 51 startups, de las cales 26 siguen adelante y 12 están naciendo, detalló Chebi.

¿Qué tipo de proyecto o empresas aceptan?
De todo. Algunos vienen con una idea, hacemos un proceso y de ahí vemos si seguimos adelante o descartamos la propuesta. Seleccionamos ideas que no sean copycat, o sea algo que funciona en otro lado y lo quieran aplicar. Siempre debe tener algo innovador. El proceso de incubación dura unos cinco meses durante el cual nos reunimos una vez por semana. Buscamos que, cuando termine, exista un prototipo o una primera versión de un producto o se descarta. En ese tiempo ayudamos a conseguir inversión en ANII, ANDE o donde sea, los capacitamos con mentores, les conseguimos el hosting, redes de contacto. Si el proyecto funciona, seguimos con ellos, pero con menos intensidad. Como forma de pago, pedimos un porcentaje mínimo de la startup porque el proyecto es del emprendedor y tiene que sentirlo así, nosotros solo estamos para ayudar. Creo que la fórmula del éxito es una multiplicación, donde si alguno de los factores es cero, el resultado final es cero. Y esos factores son: idea, equipo, producto, ejecución y suerte (timing). Muchas veces se puede hacer todo perfecto, pero sale en el momento inadecuado y no funciona.

¿Cuáles destaca?
Muchos, por ejemplo Okaratech, de innovación en agro; Avia, una especie de Netflix para videojuegos donde se puede jugar online sin necesidad de comprar una consola poderosa ni los juegos; TelIoT (un proyecto de Internet de las Cosas); Apdif, una plataforma de aplicaciones para personas con autismo para que puedan valerse por sí mismas; futbol.uy, una app de fútbol que se transformó en la aplicación oficial de la liga mexicana con 8 millones de descargas. Futbol.uy es un ejemplo de cómo se puede emprender desde dentro de una empresa sin tener que abandonar la compañía y dedicarse 100% al proyecto. GeneXus lo apoyó, lo llevó a México. Es un ejemplo de que hay paradigmas que no siempre funcionan, eso de que (el emprendedor) debe estar full time, porque no siempre es posible. Porque si la empresa lo apoya y al emprendimiento le va bien se queda con un proyecto interesante, y si le va mal retiene el talento porque la persona queda agradecida por la opotunidad y suma un aprendizaje diferente. En blockchain, ya invertimos en conjunto con la ANII en PowerLedgers y estamos trabajando en proyectos de vehículos autónomos donde ya tenemos uno avanzado, una carretilla autónoma para usar en el agro. Está casi lista y tengo un cliente esperando para el traslado de cajones.

Vehículo autónomo. Este año estará listo el primero a nivel comercial, aseguró. (Foto: Leonardo Mainé)
Vehículo autónomo. Este año estará listo el primero a nivel comercial, aseguró. (Foto: Leonardo Mainé)

Mencionó que ayuda a empresas a innovar, ¿qué tan avanzado está esto en Uruguay?
Trabajamos para divulgarlo con el Programa de innovación corporativa apoyado por el BID Lab. Es algo que está empezando, estamos enseñando cómo se trabaja con metodologías ágiles, a que experimentar no está mal, a equivocarse y aprender. Primero, hacemos nivelación tecnológica enseñando sobre las últimas tendencias tecnológicas y cómo impactará en sus negocios. Luego, hacemos procesos de creatividad aplicada para generar ideas nuevas en forma transversal en la organización y, utilizando metodologías de emprendedores, lo llevamos adelante para crear una spinoff. Estamos en proceso con un par de empresas y en conversaciones con otras tres. La forma de cobrarlo depende de cada caso. La idea es que la empresa sea la responsable, pero también podemos asociarnos, por ejemplo con Okaratech. Depende del valor que agregamos.

"Las mujeres aportamos diversidad, podemos hacer de todo, tenemos empatía, identificamos mejor los problemas, y para el emprendimiento esto es clave", dijo Sylvia Chebi, directora ejecutiva de ThalesLab

¿Cómo cambió la forma de emprender desde que usted lo hizo con Greentizen?
En que ahora es más fácil. Hay una frase que dice Nicolás (Jodal) muy interesante: «¿para qué discutir si lo podemos probar?». O sea, en vez de discutir si algo funciona o no, se puede probar a bajo costo. También creció el ecosistema de apoyo con organizaciones como la ANII, ANDE, Uruguay XXI, entre otras. Es cierto es que si uno hacía una de las primeras aplicaciones de iPhone tenía muchas más chances de tener éxito que las que surgen ahora, pero la clave es dónde se puede agregar valor verdadero, genuino. En innovación no es necesario inventar algo totalmente nuevo, sino hacer algo que funcione para una industria. Otro tema es que a veces, por querer fomentar una cultura del emprendedurismo, se cae en eso de ponerle un glamour que no está bueno, porque al final parece que el que mejor expone es el que gana todos los concursos, el que va de incubadora en incubadora y nunca trabaja en lo que tiene que trabajar. A nosotros nos interesa la gente que hace, que trabaja en su emprendimiento. Si tiene que presentarse en algún organismo que lo haga, pero no como un fin en sí mismo.

Global Entrepreneurship Monitor (GEM) reveló que en 2015 la tasa emprendedora de hombres duplicaba a la de mujeres, ¿ve una mejora?
Mejoró, pero es así. Hay más programas para apoyar emprendedoras, pero el miedo al fracaso en las mujeres es más pronunciado, entonces muchas veces tienen menos confianza que los hombres. En reuniones de mentorías que hago, si es solo de mujeres se animan a hablar más sin miedo a equivocarse, pero si hay hombres se cuidan, tienen miedo de hablar y equivocarse. También faltan más inversoras mujeres, porque las personas invierten en personas parecidas. Las mujeres aportamos diversidad, podemos hacer de todo, tenemos empatía, identificamos mejor los problemas, y para el emprendimiento esto es clave.

Menciona siempre que Uruguay debe seguir el caso de Israel ¿qué falta para eso?
Falta idiosincracia. Saber sobreponerse al fracaso, no tener miedo y entenderlo como parte del proceso. Acá vienen emprendedores y ante la primera dificultad abandonan. Tiene que doler fracasar, porque hay dinero de otros de por medio, pero hay que saber aprender de eso, reponerse. Y creo que eso hay que inculcarlo desde la escuela. Si enseñan que los problemas tienen una sola solución y no fomentan la creatividad de hacer las cosas de otra manera se está en contra del emprendimiento. Hay que fomentar el ser diferentes, hacer cosas distintas, y hay que enseñarlo desde muy chico. Si miramos Israel, ahí están las grandes empresas, se fomenta el ecosistema, el intercambio entre las universidades y las empresas, existen inversores dispuestos a arriesgar, hay dinero del Estado, pero todo esto en un contexto en el que no hay miedo de experimentar. Además de esto, en Uruguay también falta inversión, porque si bien existe apoyo de capital «semilla», después de ese nivel falta capital para despegar.

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