POR LAURA V. MELÉNDEZ |
El caballo es el animal doméstico que más servicios ha prestado históricamente a la raza humana. Instrumento de trabajo, paseo, complemento deportivo, alimento, o inversión, el equino proporciona alegrías y dolores de cabeza a sus dueños.
La comercialización internacional de equinos en pie engloba desde caballos pura sangre de carrera hasta petisos de polo. Según datos de FAO, a fines de 2003 existían en el mundo unos 56 millones de animales, de los cuales 380.000 estaban en Uruguay. Actualmente, unos 150 establecimientos se dedican a la actividad de cría de caballos. En general, la crianza de los animales que se dedicarán a los deportes se realiza bajo un sistema intensivo, situado en su mayoría en las capitales departamentales cercanas a donde se desarrollan las actividades. La producción se realiza en suelos de fertilidad media alta, ubicados principalmente en Salto, Paysandú y Soriano.
Por el clima, el suelo y las pasturas, la producción de caballos en Uruguay tiene una potencialidad muy grande para la producción de ejemplares destacados. En el caso particular del turf, que nuclea en su entorno unas 60.000 personas, las posibilidades que abren los mercados internacionales son muy bien vistas.
A escala internacional, los petrodólares de los árabes hicieron que el comercio de caballos explotara llegando a cifras superiores a los seis ceros. Por arrastre, el fenómeno llegó a Uruguay, donde reconocen potencial para la crianza de equinos, fundamentalmente para carreras y deportes como el "endurance" (carreras de larga distancia) o el polo.
La reapertura del Hipódromo de Maroñas tuvo mucho que ver -aunque no fue lo único- en el resurgir de la actividad. Los productores se esmeran por mejorar el rendimiento de las crías y la inserción en el ámbito internacional. Los principales mercados para los caballos uruguayos son actualmente Emiratos Árabes Unidos y EE.UU.
Maktoum. Propietarios a gran escala desde hace menos de una década y criadores en Europa a partir del último lustro, la familia Maktoum ("dueños" y gobernantes de Emiratos Árabes Unidos) no sólo han ido cumpliendo exitosamente con su objetivo de transformar a Dubai en el epicentro de la hípica internacional, sino que han contribuido en gran forma al prestigio del sector, en el que han invertido centenares de millones de dólares.
En Uruguay, además de vincularse a la comercialización de caballos, tienen un centro de entrenamiento para endurance, ubicado en la localidad canaria de Soca. El mismo está en manos de uno de los entrenadores del Sheik Mohammed al Maktoum.
El endurance es otro de los deportes que promueve la actividad comercial de equinos en forma creciente en el mundo. Otra vez, a impulso de los árabes que son quienes más compran motivados por el atractivo de este tipo de carreras en sus países.
El ingeniero agrónomo Fernando Fossemale está en el negocio de compra y venta de caballos desde hace más de 25 años. Pero hace apenas tres tomó contacto con la familia Maktoum. "En Uruguay es un negocio que está totalmente subexplotado" explica Fossemale, para quien el país tiene una potencialidad muy grande, en virtud del "tipo de país que somos, su ubicación geográfica, las tierras; son algunos elementos que nos hacen atractivos para la cría de buenos caballos". La actividad de producción de equinos es, como otros, un negocio netamente agropecuario y se maneja como tal. En el haras Don Julio, del que Fossemale forma parte en asociación con los criadores argentinos Menditeguy, "estamos primeros en la venta de productos y en precios", dice. Precisamente en esta última materia, es dónde los árabes han mostrado su poderío. El precio más abultado hasta la fecha fue el que pagaron por Invasor, considerado el mejor caballo de 2006 y ganador del Gran Premio de Dubai, uno de los más prestigiosos del mundo, por el que se pagaron U$S 1,5 millones.
La seguidilla de triunfos de los equinos locales (nacidos en Argentina y forjados en Uruguay), continua este año con Good Report, producido por el haras Don Julio. Se trata de un pura sangre que ganó el Gran Premio Ramírez en enero pasado y acaba de coronarse como mejor Latinoamericano en marzo. Este animal, que "no está a la venta" según sus propietarios, ya tuvo ofertas superiores al millón y medio de dólares.
Según Fossemale, los precios actuales nunca se habían logrado, lo que atribuye a la aparición del negocio en Emiratos Árabes. "Esta gente está pagando precios muy importantes en todo el mundo. En los remates en EE.UU., si no participan los árabes, los precios promedio pueden llegar a bajar hasta un 45%", dijo. Estos jeques, que quieren convertir a Emiratos Árabes Unidos en una gran capital del turismo y el entretenimiento globales, son quienes compran caballos cuyo precio supera el millón de dólares. Pero la realidad indica que el precio promedio de un potrillo con aspiraciones cuesta en el mercado local alrededor de U$S 10.000. La alta cotización de un animal depende de la cantidad y el tipo de carreras que tenga en su haber, además de sus características físicas.
Para Fossemale, el caballo "es un atleta" y tiene que lograr valencias productivas que en Uruguay obtiene espontáneamente sin limitantes desde el punto de vista productivo. En su misma línea se expresa María Eugenia Moreno, licenciada en Negocios Internacionales e Integración y redactora de una memoria de grado sobre "Posibilidades de comercialización internacional de equinos del Uruguay con finalidades deportivas", concluyendo que Uruguay tiene condiciones para el desarrollo de esa actividad. La autora señala que para acceder a los mercados regionales e internacionales, así como promocionar sus caballos, es "vital que los productores uruguayos marquen presencia en donde se desarrollen los deportes de su interés". Observa, asimismo, que Uruguay tiene la peculiaridad de que "no existe techo en los precios" y la venta de los mejores ejemplares se realiza mediante contactos directos, por lo que "estar en el lugar adecuado en el momento adecuado" es fundamental.
Advierte que, si bien la situación de comercialización de Uruguay decayó a comienzos de los 2000 respecto a décadas pasadas, donde el rubro equino era el tercer ítem de exportaciones de productos no tradicionales, el resurgimiento del turf y un creciente interés de productores y del propio Estado, darían impulso al sector.
Los últimos datos elaborados por el Stud Book Uruguayo señalan que en 2006 los nacimientos superarán los 1.700 animales. Las yeguas servidas durante el último año son alrededor de 3.200, en tanto que los reproductores machos (padrillos) rondan los 350. A estos hay que agregarles los servicios extranjeros, es decir yeguas que quedan preñadas en Argentina, Brasil, EE.UU. u otros países, que son importadas y sus hijos nacen en nuestro país. El porcentaje de nacimientos respecto de los servicios oscila entre el 52% y el 56%.
Según se estima, actualmente hay en todo el país alrededor de 2.500 equinos en situación de competencia (entre 2 y 12 años, que es el lapso durante el cual pueden estar activos), la mayoría de ellos está por debajo de los 8 años.
Exportaciones. Uruguay mantiene un flujo más o menos constante de exportaciones de equinos en pie. En su gran mayoría se destinan al turf y al endurance, una modalidad de carrera de resistencia de creciente auge en los países árabes. La plaza de EE.UU. para los productos uruguayos actualmente es "más marginal" que Emiratos Árabes.
Polo. Tanto el polo como el salto son dos deportes que tienen proyección y se encuentran a la espera de incentivos. El precio promedio de un petiso de polo con unos seis años de edad y al menos un año de experiencia ronda los U$S 2.000. Y si bien se advierte cierto nivel de comercialización a escala regional e internacional, la cría en Uruguay se encuentra en una fase primaria. Esto sucede porque no existen haras específicos para este tipo de animales.
En tanto, el precio de un caballo de salto de cuatro años, sin mayor performance a nivel de competencias, ronda los U$S 2.000, mientras que un ejemplar con lauros cotiza unos U$S 8.000.