Y ya van cuatro años al hilo. Incae, la escuela de negocios centroamericana con base en San José, lidera por cuarta vez consecutiva el ranking de América Economía de Las Mejores Escuelas Para Hacer Negocios en América Latina. El centro académico fundado en 1964 como una iniciativa compartida entre la comunidad empresarial del istmo y sus gobiernos, y siguiendo el modelo de la Universidad de Harvard, ha conseguido mantenerse en el lugar de privilegio pese a lo intensa que se ha transformado la competencia entre las escuelas y al nivel cada vez más parejo que presentan las escuelas que ocupan los primeros lugares de la tabla.
Para eso ha sido fundamental la inversión constante que ha realizado en su faculty o cuerpo académico: a pesar de tener un faculty pequeño, es de lejos la escuela que tiene la mayor cantidad de profesores de jornada completa con grados de Ph.D. en las 40 universidades de más alto nivel del mundo.
Para conseguirlo, han usado una fórmula simple. "Pagamos salarios competitivos con las escuelas globales, ofrecemos tiempo para la investigación y eliminamos que el saber español fuese un requisito para incorporarse al equipo", dice Esteban Brenes, decano de Innovación y Desarrollo Institucional del Incae en San José. La parte salarial es la más fácil de entender: un profesor con grado de doctor cobra unos U$S 100.000 al año, con variaciones dependiendo de los impuestos del país y de la especialidad.
El ofrecer tiempo para la investigación ha significado también una fuente de las ventajas más sostenibles del Incae. Para ello, carga a los profesores con un promedio de 125 horas de clase al año, mientras que el promedio de la industria está en torno a las 140-150 horas. Y los profesores que recién llegan de terminar su doctorado, sólo se les carga con 100 horas de clases, de manera que tengan más tiempo libre para investigar y escribir papers académicos. Sin olvidar que las publicaciones son parte importante de la evaluación anual que se les hace a los profesores.
VIENTOS DE CAMBIO. Esta política ha trasformado al cuerpo docente del Incae en uno de los más prolíficos en términos de publicaciones académicas de nivel internacional, uno de los componentes principales de la dimensión creación del conocimiento.
Esto junto a su buena política de inserción internacional y excelente poder de marca, permitieron al Incae repetir el buen lugar en el ranking.
Pero si en el primer lugar no hubo movimientos, sí los hubo en el segundo lugar, posición conseguida por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, el ITAM. La emergente escuela basada en Ciudad de México ha conformado uno de los planteles académicos más grandes y de más alta calidad de América Latina, en el que cerca de un 90% de sus 124 profesores cuentan con un Ph.D. de alguna universidad de Estados Unidos o de Europa y es por lejos la escuela con más publicaciones ISI de América Latina en el área de negocios.
El tercer lugar obtenido por la Fundación Getúlio Vargas-Eaesp de San Pablo, no debiera sorprender a nadie. El enorme edificio de la Fundación alberga a la más grande escuela de negocios de la región y la más importante de un país que reúne cerca de 1.200 escuelas de negocios distintas. Su extenso y capacitado plantel, así como el compromiso cada vez mayor con la creación de conocimiento, han levantado a la escuela dirigida por Fernando Meirelles hasta el tercer lugar del ranking.
Mientras, un poco más atrás están las chilenas Universidad Adolfo Ibáñez y la escuela de administración de la Universidad Católica de Chile. Esta última, acostumbrada desde hace unos años a rozar siempre el primer lugar, ha tenido un relativo estancamiento en algunas variables clave como en publicaciones de calidad internacional, investigación en ciencias aplicadas y compromiso institucional con la innovación. No obstante, su poder de marca y de redes sigue siendo uno de los tres mejores de la región. (america economia)
De libros y headhunters
Para los latinos, a diferencia de los estudiantes del primer mundo, el costo alternativo de dejar de trabajar por uno o dos años y sólo dedicarse a los libros es demasiado grande. Mientras que un egresado de una escuela top en Estados Unidos apuesta a obtener un empleo que por lo menos doblará el ingreso que tenía antes de estudiar una vez que se gradúe, la rentabilidad a la que pueden aspirar los latinos es mucho menor. "En la mayoría de los casos los incrementos no superan el 30%, si es que lo hay", dice un director de programa.
La principal explicación del fenómeno radica en que al momento de contratar, los headhunters prestan más atención a la experiencia profesional que a la formación, castigándose a quien suspendió algunos años de experiencia por ponerse a estudiar. Para otros, las razones están en el networking: "Es distinto tomar clases con ejecutivos que son trabajadores activos de empresas importantes, que hacerlo con un grupo de alumnos que en el mejor de los casos son cesantes", dice un estudiante.