Se dedicó los últimos seis años a reestructurar Villa Lima y a apostar a su crecimiento regional. Asegura que no estudió una carrera universitaria porque esa no es la única forma de aprender. Se dedica a disfrutar de la vida y no vive para trabajar, pero se considera uno de los afortunados que disfruta de lo que hace. Cree que la eficiencia en la producción sólo se logra con compromiso y que la conflictividad laboral se reduce si se da un crecimiento con equidad dentro de la empresa. Es fanático de los deportes, actualmente está aprendiendo a volar en parapente, al tiempo que en 2008 se quedó con el tercer puesto en el mundial de jiu-jitsu en Brasil. Está casado, tiene 37 años, una hija de dos años y el segundo viene en camino.
por Mariana Goday / mgoday@elpais.com.uy
¿Cómo llegó a dirigir Villa Lima, fabricante de vinagres José G Gamberoni?
Era una fábrica que estaba abandonada, que se reactivó en 2003. Está en el mismo lugar donde se encontraba una antigua planta que tenía mi abuelo, que hacía ácido acético a partir de la destilación del vinagre hecho a partir de la melaza de caña de azúcar. Estuvo abandonada 20 años. Villa Lima, como sociedad, arranca cuando mi padre se juntó con un amigo. Él era el dueño de la fábrica y su socio de la marca José G Gamberoni. Yo me hice cargo en 2005, año en el que compramos la marca y la reestructuramos un poco.
¿Qué produce la empresa ahora?
Todavía estamos con un plan de desarrollo importante, por lo cual no estamos fabricando todas los productos que tenemos en mente. Tenemos la idea de ensanchar la marca, por ejemplo, con salsa de soja y jugo de limón. La idea es fabricar otros productos que contengan vinagre en sus ingredientes. En el mercado local vendemos pura y exclusivamente vinagre por ahora. Exportamos algunas otras cosas como biotecnología, bacterias y conocimiento; elementos que apuntan a la industria del vinagre y no al consumo. Vendemos a Chile, Brasil, Argentina, Panamá y también a Portugal, pero eso ya es una triangulación con EE.UU. Estamos en pleno desarrollo de nuestra propia fábrica para producir nutrientes para las bacterias que producen vinagre, eso hoy lo triangulamos de una empresa americana, que se llama Nutrientsinc, de la cual somos representantes en toda Sudamérica.
¿Existe alguna otra firma que produzca vinagre en Uruguay?
No, ahora no. Competimos con el producto extranjero en realidad. Hoy por hoy el comercio es más regional que otra cosa, vemos productos importados, que es gracioso verlos porque no los hacemos nosotros pero asesoramos y trabajamos con todas esas fábricas. Tenemos una consultora que está radicada en Panamá que se llama GT Global, a través de la cual hacemos el asesoramiento.
Es asesorar a la competencia…
No creemos mucho en la competencia como la vieja historia de la competencia. Nosotros aprendemos de la competencia, colaboramos con ellos. Es un trabajo en red.
¿Cuánto se consume de vinagre en el país?
Algo así como un millón de litros de vinagre concentrado por año; en Argentina son casi 40 y en Brasil casi unos 200 millones. La producción es medio estática, porque por más que Uruguay esté mejor o peor, consume básicamente lo mismo de ese producto.
¿Qué porción del mercado tiene su marca?
Cerca de 90% es nuestro. Lo que más se vende es el vinagre de alcohol, casi un 80% del total. Eso pasa en toda Sudamérica y EE.UU.; cambia en países como Francia, España e Italia.
La marca gourmet de la empresa es Dileto...
Dileto es más bien un testeo de productos que vamos a lanzar próximamente, más elaborados si se quiere. Nosotros en realidad estamos preparando nuestra industria para vender en el exterior. Hemos certificado 9001, 18001, 14001, ahora estamos en plan de certificar GMP y próximamente 22.000. Estamos haciendo todo lo necesario para poder competir de igual a igual en calidad, no en cantidad, en el mercado regional.
¿Esto es porque en Uruguay no queda lugar para crecer?
No, no, es por un tema de consumo. Siempre los productos más elaborados tienden a consumirse menos, el nicho de mercado es más pequeño. Pretendemos exportar casi dos veces lo que producimos para el mercado nacional y hoy por hoy exportamos 5%. El vinagre de alcohol tiene un problema, como es un producto de bajo costo, el traslado lo encarece, entonces un muy difícil competir.
¿Qué implica en la práctica esa preparación?
Tuvimos que reestructurar todo. Lo que nosotros hemos hecho fue buscar eficiencia en la producción y mejorar todos los procesos. Pensábamos que con un buen producto, porque la calidad del vinagre es la misma, salías afuera a golpear puertas y que un día te iban a comprar; pero nos aburrimos de dar vueltas por todos lados. Nuestro producto podía ser bueno pero todo el servicio en general era malo, exportábamos poco y los costos eran grandes. Ahora hemos cambiado botellas, tapas, etiquetas y seguimos en un proceso de cambio y de mejora.
¿Qué inversión requirió este cambio?
Es una inversión grande, es dos veces el patrimonio de la fábrica. Hoy por hoy nuestro proyecto supera el millón de dólares a corto y mediano plazo. El proyecto de la fábrica de nutrientes va a estar pronto a fin de año, esperamos que a principios del año que viene podamos estar sustituyendo u ofreciendo nuestro propio producto. Va a estar todo en el mismo lugar, como un polo. Esos nutrientes son pura y exclusivamente para fabricantes de vinagre en la región.
¿Cuánto factura la compañía?
Cerca del millón y medio de dólares de facturación, no de ganancia. Estamos invirtiendo mucho más de lo que ganamos.
¿Cuántas personas trabajan en ella?
Directas hay 16 e indirectas hay otras 16, que trabajan como asesores externos, cosa que me gusta mucho porque creo mucho en ese tipo de trabajo, porque alguien que es externo tiene una visión mucho más global, hacemos un mix entre todos.
¿Le preocupa el alcance que puede tener la conflictividad laboral?
Yo escucho a muchos empresarios que piensan que la competitividad de lo que hagan tiene que ver con los costos de los empleados, pero nunca atienden la eficiencia. Si yo quiero exportar, tengo que generar valor, toda la gente que trabaja tiene que mejorar en lo que hace. La solución no es solamente bajar el costo, sino vamos a terminar como China. Las empresas ya no son sólo de los empresarios, son de todos. Rescatamos las cosas buenas que pueden haber tenido las cooperativas sin ser una, porque tenían cosas malas, entonces estamos diseñando un sistema de gestión más abierto, más participativo, más integrador donde tiene que estar claro por parte de todos los integrantes de la organización que la historia está en hacer las cosas mejor para que alguien las quiera comprar.
¿Cómo se da en la práctica esa integración?
Creamos un espacio que no es ni la oficina nuestra ni ninguna parte de la dirección y tampoco es en la planta. Es un espacio para la construcción de ideas donde nos involucramos todos para ver cómo podemos mejorar y nos hemos vuelto tan eficientes en la producción de vinagre que asesoramos a otras fábricas mucho más grandes. De hecho la empresa más chica que asesoramos es 10 veces más grande que la nuestra en producción de vinagre y hacen mucho más productos que nosotros.
Hay funcionarios de la firma que pasaron a ser empresarios...
Sí, Milvil es una empresa que surge de dos empleados de Villa Lima. Nosotros los impulsamos para que compraran su camión y nos hicieran los fletes a nosotros, y eso significa crecimiento con equidad. Podríamos haber comprado el camión nosotros. Esto tiene un doble beneficio, ya que ellos tienen su camión trabajando para nosotros, eso les permite tener una masa crítica de trabajo y, a su vez, tienen el camión con disponibilidad para hacer fletes a terceros. La torta hay que hacerla más grande y repartirla entre todos. La única manera de que esa brecha se acorte es esta, que todos tengan un beneficio. Yo no les pago el sueldo a los empleados, los que pagan son los que compran el producto. Si gastamos la energía peleándonos y no generando cosas nuevas y mejorando, la gente un día va a dejar de comprar.
¿Por qué cree que una empresas grande busca asesoramiento en una Pyme?
En el mundo entero no hay tantas empresas o tanta gente que haga esto. Hay una empresa que siempre fue líder que es alemana pero en realidad están hoy por hoy mirando casi exclusivamente a China y no le interesa demasiado Sudamérica; nosotros proponemos algo que está bueno. No ofrecemos un servicio, formamos especies de alianzas estratégicas con la competencia.
¿Antes de 2005, cuando se involucró con Villa Lima, sabía algo de vinagre?
Nada, sabía lo que sabía cualquier persona normal. Tuve que salir al exterior a buscar personas que me ayudaran y nos volvimos medio obsesivos para ver cómo hacíamos para que nuestra industria, que era chiquitita, fuera eficiente, porque tendía a desaparecer y, de hecho, todas las anteriores desaparecieron. Mi opinión es que desaparecieron en gran parte por ineficientes.