"La sociedad ya no repele a los empresarios"

ANDREW RIAL / DIRECTOR DE SPY

 20110804 800x567

Nació en Montevideo hace 62 años en el seno de una familia vinculada al negocio de la madera. Trabajó de joven en el interior, en el aserradero y la forestación; campos suyos terminaron en manos de Botnia. Está en la industria de la moda desde hace más de 30 años y hoy dirige la red de locales Spy. Fue vicepresidente de la Cámara de Comercio y fundó, junto con otros comerciantes, el Grupo Centro, también en razón de ser parte de la sociedad propietaria de Galería Yaguarón. Quiere reglas claras para el sector y que el empresariado uruguayo se preocupe más por generar valor. Está divorciado y tres de sus cuatro hijos trabajan con él. Le gusta leer, correr e ir al gimnasio, amén de la filatelia que reserva para cuando se jubile.

POR Stella Maris Pusino / spusino@elpais.com.uy

¿Cómo fue su pasaje desde el diseño gráfico a la industria textil?

Mi hermano es el diseñador gráfico, yo sólo sé firmar. Cuando empezamos, a comienzos de la década de 1970, aplicábamos sus diseños en serigrafía, hacíamos calcomanías para Motociclo, tarjetas para las boutiques del Centro... Un día nos pidieron estampar una camiseta y lo hicimos pero con la técnica que sabíamos y, obviamente, quedó horrible. Así que tuvimos que aprender. Mi hermano luego siguió con lo suyo y yo empecé a meterme más en lo textil. Con otro socio comencé a hacer remeras y uniformes. Íbamos a la Bodega Mendizábal, en donde ahora está Portones Shopping, a trabajar de madrugada allí, usando las instalaciones cuando quedaban ociosas. Con otro gran amigo que era confeccionista en esa época, fundamos el 1º de julio de 1974 en la Galería Yaguarón un local, María Castaña, donde vendíamos lo que mandábamos a hacer a facon.

¿Qué marcas comercializan hoy?

Sólo Spy. Tuvimos muchos locales con distintos nombres: Guagua, Maquiabella, Doña Flor, Biba. Nos habíamos ido extendiendo, pero algunos los dejamos morir porque aunque la ropa siempre fue Spy, los distintos nombres daban lugar a confusión. Desde hace unos años todo es Spy.

Y, ¿por qué Spy?

En realidad era Spy & Crook, que en lunfardo londinense quiere decir "espía y ladrón". Es una confesión, una autocrítica. Nosotros espiamos en el mundo de la moda y robamos los modelos. Luego los traemos a hacer acá. La moda viene del hemisferio Norte. Hacemos espionaje benigno. Nos apropiamos de la moda. Es una cosa que hace todo el mundo.

¿Nada es creación propia?

Hay magia propia. Porque trasladar la calidad europea a Latinoamérica, a precios accesibles, supone magia. No se puede trasladar todo, no se trata de hacer fotocopias. No hay forma de ponerse una prenda que llega de Estados Unidos. Las americanas deben ser superdotadas, comer mucho o no trabajar. El talle dos de allá es un triple XL para acá. Adaptamos todo, porque la moda no tiene patrón. A los auténticos creadores hay que buscarlos con lupa.

¿Quién es el consumidor de la marca?

La familia uruguaya. Hombres, mujeres, niños y adolescentes y los que no adolescen también. Apuntamos al medio con los precios. Cuando lanzamos la temporada, al medio hacia arriba, pero simultáneamente, al medio y hacia abajo con liquidaciones, ofertas y descuentos. Nos dirigimos a todo el público en todo momento.

Fotografiemos la dimensión de la empresa hoy: ¿Qué cantidad de locales tiene, cuántas prendas vende y cuál es su facturación?

Tenemos media docena de locales en Montevideo, tres en los shopping, uno en Galería Yaguarón, otro en Convención y volvimos después de unos años a Punta Shopping. Somos en total unas 50 personas, todos en planilla. Trabajamos con unas cuantas docenas de talleres, generamos varias centenas de puestos indirectos. Y fabricamos y vendemos unas 250.000 prendas al año.

¿Compran alguna materia prima en el país o toda la tela es importada?

Compramos a las dos fábricas testimoniales que quedan. Hacen paño, tartán, y algodón poliéster para remeras. Son los honrosos sobrevivientes de la ex poderosa industria textil uruguaya. Los apoyo con el corazón. Ponemos en nuestros catálogos "orgullosamente hecho en Uruguay". Todo lo que podamos, lo compramos acá. Lo otro se compra en el exterior, Europa y Brasil, o a mayoristas en plaza, que cada vez son más.

No respondió sobre la facturación...

Hay tres temas de los que no hablo. De religión, por que ya ve, andan a los tiros por eso desde hace 3.000 años. De política, porque le tengo que vender a todo el mundo. Y de plata. Si le digo una cifra, a unos les va a parecer poco y, a otros, mucho. Como decía Hugo Bagnulo, el entrenador de Peñarol: "M`hijito, la plata no se muestra".

¿Nunca intentó exportar?

No. Argentina está cerrada a cal y canto. Aspiraría algún día a trabajar en Porto Alegre, Rio Grande do Sul, en donde no existe demasiado desarrollo textil. Pero los brasileños en general son muy rigurosos, extremadamente exigentes. Y no se entra así nomás. Además, es muy difícil controlar un negocio a 1.300 kilómetros.

¿Estableció franquicias en el interior?

No. Vendo, pero no pido exclusividad. No tenemos distribución. Vienen, compran y se van, o les mandamos. Toda la venta del interior recauda como un local de Montevideo.

¿Cómo son los resultados de un local en el Centro frente a uno ubicado en algún shopping?

Son complementarios. Los que estamos en los shoppings nacimos en 18 de Julio. El que no fue a una gran superficie, quedó ahí o murió. El Centro es un gran shopping al aire libre. Cada locación tiene sus ventajas. Seguridad, calefacción, estacionamiento, la inmediatez de todo, en aquellos. Pero 18 de Julio tiene un público cautivo fantástico: 300.000 personas por día y 2.300 comercios, una oferta fuertísima. La facturación durante la semana es similar en ambos lugares. En feriados y fines de semana, los shopping juegan solos.

Hablemos del sector de la vestimenta. ¿Qué fortalezas y debilidades observa?

China quiere ser la única fábrica del mundo. Importamos todo baratísimo, y no solamente ropa, juguetes, calzados, sino también autos y camionetas. ¿Y nosotros qué exportamos? Soja, trigo, carne, cuero, arroz... Lo arrancamos del arbolito sin agregarle ningún valor. Mire lo que pasa en la Argentina, no entra nada. Argentina defiende su mano de obra y su trabajo: licencia previa o cupo. Y en Brasil también la tienen cortita a la importación. Cuando se corte el tsunami de dólares que vienen desde Estados Unidos vamos a tener que conseguirlos trabajando. Dejaremos de mandarnos alegremente a China a comprar y vamos a tener que trabajar. Generar valor no es comprar. Yo podría comprar todo esto hecho y semi hecho, pero no. Porque llevo 37 años aprendiendo el negocio y aprendiendo a hacerlo bien. Si le muestro la prenda que hacíamos hace 35 años tendría que ir preso. Nos fuimos superando. Pero no sólo aprendimos a hacer ropa sino a hacer rentable el negocio y aún con los impuestos que tengo que pagar, no sólo a la industria y al comercio, sino al trabajo.

¿Lo suyo es pura terquedad?

Yo no puedo decirle a la señora del tallercito en donde trabajan 15 personas del pueblo desde hace 30 años para mí que voy a prescindir de sus servicios. Hoy no se consiguen talleres capacitados, cuesta formar a la gente y lograr el nivel que alcanzamos. El sector está ahora con pleno empleo. Lograr formar a la gente en el arte de hacer ropa lleva muchos años.

Pero, ¿qué hizo usted de distinto respecto del resto que tuvo que cerrar?

El negocio del que importa es mucho más rentable que el mío. Pero vengo invicto, jamás importé una prenda. Acá se importa ropa a US$ 3 el kilo. Una remera pesa 100 gramos. Saque la cuenta. A mí, coserla, me cuesta $ 30.

¿Y por qué sigue entonces?

Tengo la satisfacción de trabajar con mis amigos y mis hijos, eso no tiene precio. Y no me va mal. Esto es como una maratón. La vida es una maratón. Recién estamos en la mitad. Vamos a ver cómo sigue. El partido todavía no terminó. Y acá no es cuestión de plata, de hacer plata, sino de cómo se hace. No es cuánto sino cómo. Hay que ser rentable, hay que ser eficiente, hay que guardar para cuando llueva, y ofrecer calidad a buenos precios. Fundamentalmente se enseña eso a la próxima generación, sin clases magistrales, respetando ciertos principios, cierta ética. Los empresarios hasta hace poco éramos mal vistos. Nos tildaban de avaros. Y corrupción hay en todos lados. Pero después de la última crisis, que derribó muchos mitos, el empresario uruguayo se quedó, invirtió, bancó y pagó, como hizo el país. Y seguimos laburando. No somos artistas de televisión, pero tampoco nos repelen.

¿Crece Spy año tras año?

El que no crece se muere. Hacer la plancha en el comercio es suicida. Hay que crecer, innovar, estudiar, viajar, siempre hay que hacer espionaje y hurto. Porque hay genios en el mundo, hacedores de cambios fantásticos, y uno humildemente tiene que imitarlos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar