Las vacaciones son una de las pruebas difíciles para las parejas, especialmente para las que han resuelto divorciarse. La libertad que les da la ley para acordar la situación de los hijos tras la separación es una oportunidad para actuar considerando su bienestar.
¿Quién abrazó a sus hijos mientras se escuchaban los fuegos artificiales a las doce de la noche el 31 de diciembre? ¿Fue la madre o se quedaron con el padre? Y en verano hay que compatibilizar los períodos de licencia para ver con quién se quedan los chicos, dónde y durante cuántos días. Los hijos también viven aprendizajes imprevistos cuando los padres se separan. Y, para esa fase del proceso, la ley le otorga una gran libertad a los padres que se separan para acordar cómo vivirán sus hijos. Y suelen hacerlo pensando en lo más conveniente y necesario para los menores; convienen cuál de ellos va a pasar más tiempo con los niños, cómo será el régimen de visitas para el padre que convive menos con ellos, cuántos días de vacaciones con los chicos le corresponden a uno y otro, con quién van a pasar cada festividad y así…es el cronograma de una paternidad diferente.
CHICOS CON DOS MOCHILA
Al llegar la instancia del divorcio, la ley exige que previamente se haya resuelto la situación de los menores, pero como en los hechos el divorcio no es inmediato, a esa altura de los acontecimientos es habitual que los padres ya hayan convenido un régimen mutuamente aceptable.
En principio, la tenencia de los hijos, como se acostumbra a llamarle,puede ser ejercida por ambos padres. Eso significa que cada padre pasa el mismo lapso con sus hijos, como cuando los padres se intercalan los fines de semana y durante los díashábiles los niños pasan indistintamente en la casa del padre o de la madre. En otras ocasiones, cuando el niño pasa más tiempo con uno de sus padres, el otro ejerce lo que se llama el derecho de "visitas" y se acuerda, por ejemplo, que el padre o la madre está con el niño dos fines de semana al mes y un día a la semana o incluso menos. En una involuntaria metáfora que los padres deben atender, los chiquilines cargan el doble: la mochila de los útiles y la de la ropa que viene y va.
También existe un amplio margen de libertad para convenir cómo disfrutar las vacaciones con los hijos, es posible alternar un régimen de una o dos semanas para cada padre en verano e invierno, pero también es posible tomarse más tiempo con ellos. Incluso es común que se pacte intercalar algún fin de semana con el otro padre para que no se haga tan largo el tiempo sin verlos. El único límite es la posibilidad de acuerdo entre los progenitores. Nada más ni nada menos.
LA INTERVENCIÓN DE LA LEY
En caso de que los padres no acuerden, cualquiera de ellos puede pedir a la justicia la fijación del régimen de tenencia y visitas de sus hijos.
El juez debe considerar varios aspectos, atendiendo siempre al interés del menor y a la preservación del vínculo con sus padres y sus familiares. Además, en la medida de lo posible, según su edad y madurez, los propios niños deben ser escuchados, y su opinión tenida en cuenta.
La ley fija determinadas recomendaciones que el juez debe seguir al momento de fijar la tenencia, en caso de desacuerdo el niño deberá permanecer con el padre o la madre con quien convivió el mayor tiempo, siempre que ello lo favorezca. Se debe preferir a la madre cuando el niño sea menor de dos años, siempre que eso no lo dañe; el Juez deberá oír y considerar la opinión del niño o adolescente y, salvo que sea perjudicial, evaluará como preferible mantener los vínculos del niño con sus padres, abuelos, tíos y primos.
LÍMITES Y FRONTERAS
Una vez fijado el régimen de tenencia y visita los padres deben respetarlo. Muchas veces los incumplimientos suceden en las visitas de los fines de semana o en período de vacaciones, en este caso siempre es posible recurrir a los juzgados de familia de urgencia, los cuales a través del auxilio de la policía, permiten la comparecencia del padre incumplidor ante el juez en forma inmediata para solucionar el diferendo.
Para la ley uruguaya, finalmente, los menores que tienen pasaporte puedenviajar al exterior sin necesidad de permiso especial de sus padres y esto se debe a que cuando se gestiona el pasaporte uruguayo, es requisito imprescindible asentar allí la autorización de ambos padres para que el menor pueda viajar. Si un chico no cuenta con su pasaporte, se requerirá siempre la autorización de ambos padres o del padre que no viaja con él. Cuando los padres no logran ponerse de acuerdo, se puede recurrir a la justicia que decidirá las condiciones del viaje.