Por The New York Times
A principios de marzo, los fabricantes de automóviles y los operadores de empresas de limusinas se reunieron en el MGM Grand de Las Vegas para una convención anual, donde asistieron a paneles y fiestas y admiraron los nuevos y relucientes autobuses, furgonetas y vehículos utilitarios deportivos negros para fiestas.
Pero faltaba algo.
«No había ni una sola limusina en el piso de exhibición», dijo Robert Alexander, presidente de la Asociación Nacional de Limusinas, un grupo comercial. «Ni una», insistió.
Hace décadas, las limusinas eran un símbolo de riqueza, utilizadas casi exclusivamente por los ricos y famosos. Con el tiempo, se convirtieron en un lujo más común, reservado para fiestas de cumpleaños de niños o para adolescentes que se dirigían al baile de graduación.
Hoy parece que casi nadie viaja en limusina. La demanda se ha desplazado a los servicios de chófer en casi todo menos en las limusinas largas reales, que han sido suplantadas por los SUV, autobuses y camionetas.
Actualmente, la limusina larga representa menos del 1% de los servicios ofrecidos por las empresas de limusinas, frente al 10% de hace una década, según la asociación.
«La limusina es como el pájaro dodo. Se extinguió», graficó Alexander.
Los operadores de compañías de limusinas y los líderes de la industria dicen que la desaparición de las limusinas largas se puede atribuir al efecto acumulativo de una serie de golpes durante varios años.
La primera, dijeron, fue la Gran Recesión. Luego vino el auge de los servicios de transporte compartido como Uber y Lyft, y un par de accidentes mortales de limusinas que marcaron el comienzo de nuevas regulaciones en el estado de Nueva York, uno de los mercados más importantes de la industria.
Auge y caída
Se cree que el lugar de nacimiento de la limusina fue Fort Smith, Arkansas. A Armbruster Stageway, un constructor de autocares que comenzó restaurando vagones tirados por caballos hace más de 100 años, se le atribuye la creación de la primera limusina con motor de combustión en los años 20. En 1985, la empresa era uno de los principales fabricantes del vehículo en EE.UU., con una producción cercana a las 1.000 al año.
Pero en esa época, muchas compañías de automóviles dejaron de fabricar limusinas. Los carroceros especializados llenaron el vacío adoptando un enfoque diferente: cortando un sedán por la mitad, insertando una sección media y soldando todo junto. Por unos US$ 50.000, los fabricantes personalizados prometieron resultados de lujo que podrían incluir un televisor e incluso una cama además de una barra bien surtida.
Armbruster Stageway, un constructor de autocares que comenzó restaurando vagones tirados por caballos hace más de 100 años, es señalado como el creador de la primera limusina con motor de combustión en los años 20. En 1985, la empresa era uno de los principales fabricantes del vehículo en EE.UU., con una producción cercana a las 1.000 al año.
A medida que se produjeron más limusinas, se volvieron más accesibles y comenzaron a atraer a una clientela más allá de celebridades y millonarios.
Los operadores de limusinas como Scott Woodruff, presidente y CEO de Majestic Limo & Coach en Des Moines, Iowa, hicieron ajustes a la creciente demanda. A principios de los años 2000, cuando apareció por primera vez la limusina Hummer y los autobuses de fiesta se equiparon con asientos tipo banco, televisores y minibares, las limusinas estiradas constituían aproximadamente una cuarta parte de los vehículos de su flota.
«Cada año, veías que las limusinas se hacían más y más grandes», destacó Woodruff.
Chuck Cotton, dueño de VIP Limo en Oklahoma, quien ha estado en el negocio por más de 30 años, contó que su flota alcanzó un máximo de 35 limusinas, seis autobuses de fiesta y cuatro camionetas Mercedes-Benz Sprinter, que transportan a una docena de personas.
Luego, el mercado de la vivienda se derrumbó en 2008, poniendo en marcha la recesión económica más larga y aguda desde la Gran Depresión, y el principio del fin de la limusina.
La recesión llevó a las empresas a recortar gastos y despedir personal. La demanda de viajes en limusina se derrumbó, ya que el desempleo y los precios del combustible se dispararon.
«El mercado implosionó», explicó Alexander.
El presente
Si bien la demanda no es igual a la de los años 80 o principios de los 2000, la industria de las limusinas está prosperando. Simplemente se ve diferente ahora.
Además del cambio a sedanes y SUV, el sector está adoptando camionetas Sprinter y autobuses de fiesta. Barbara White, copropietaria y directora financiera de VIP Transportation Group en Orlando, Florida, comentó que su empresa vendió dos de sus limusinas en los últimos años y reemplazó una con una camioneta Sprinter. Con una flota que también incluye autobuses, sedanes y SUV, la firma ofrece más de 1.000 viajes al año, principalmente para bodas.
Matthew Daus, abogado y excomisionado y presidente de la Comisión de Taxis y Limusinas de la Ciudad de Nueva York, señaló que los autobuses y las camionetas parecían ser el futuro de la industria de las limusinas.
«Serán más elegantes por dentro, pero probablemente se mantendrán agradables y discretos por fuera», opinó Daus. «La industria de las limusinas es muy resistente. Se recuperaron de la pandemia y se están metiendo en el autocar y la industria de los vuelos chárter».
Cambios de preferencia
EE.UU. aún estaba en recesión cuando se fundó Uber en 2009. Su principal rival, Lyft, llegó en 2012, y juntos sacudieron el sector de los taxis y también hicieron que los autos negros con chofer fueran más accesibles.
Los gustos cambiantes de los clientes también causaron la caída de la demanda de limusinas, según Jeff Rose, presidente de Attitude, un servicio de transporte con chofer en Queens. «Cuando una limusina larga se detiene, todos se dan la vuelta para ver quién sube o baja», dijo. Hoy sus clientes prefieren la discreción de un sedán o SUV.