El imperio de productos "MAGA" que genera US$ 300 millones anuales bajo la marca de Donald Trump

La imagen del presidente de EE.UU. ilustra una amplia lista de artículos, desde camisetas hasta relojes de lujo y zapatillas doradas. Un fenómeno donde cada gorra roja funciona como una valla viviante

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Zapatillas doradas de Donald Trump.

Los productos de MAGA («Make America Great Again», «Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) constituyen un universo en sí mismo dentro del retail.

Existen relojes oficiales de oro con incrustaciones de diamantes que cuestan US$ 100.000, promocionados por el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

El mandatario ha creado un imperio comercial sin parangón entre los políticos estadounidenses. La vasta economía de baratijas se ha convertido en un reflejo palpable de la energía que impulsa su movimiento político, donde los productos funcionan como vallas publicitarias para captar la atención de sus seguidores.

Trump y su familia han ganado millones con los productos: más de US$ 1 millón por las guitarras y al menos US$ 2 millones por los relojes, según las declaraciones anuales del presidente. Y no pierde oportunidad de promocionarlos. Exhibe gorras y camisetas en sus mítines, anuncia sus monedas y colonias, y regala a dignatarios visitantes sus gemelos y dulces en una sala contigua al Salón Oval.

Pero la mayor parte del negocio de la mercancía opera al margen de la familia Trump. Un extenso mercado de vendedores ambulantes ofrece productos no oficiales de MAGA en mesas plegables durante los desfiles y en ferias de armas. En cierto momento, más de 40 tiendas dedicadas exclusivamente al presidente salpicaban las carreteras y los centros comerciales del país. Vendían de todo, desde café con la temática de Trump hasta delantales con el rostro del presidente.

A través de decenas de entrevistas y numerosos documentos financieros, The New York Times trazó los contornos de un ecosistema que genera más de US$ 300 millones anuales, según estimó una empresa de investigación de mercado. Un mundo antes marginal de recuerdos de campaña se ha convertido en un mercado de gran alcance que, a la vez que se nutre del poder de Trump, lo refuerza.

«Cada vez que alguien compra una gorra y se la pone, es como un cartel publicitario. Eso le genera votos», señaló Ronald Solomon, presidente de MAGA Mall, una empresa minorista y mayorista con sede en Florida que vende productos de MAGA.

Los productos oficiales de Trump no solo benefician a su campaña, sino que a menudo enriquecen personalmente al presidente y a su familia.

En tanto, David Warrington, asesor legal de la Casa Blanca, dijo que el mandatario «no participa en acuerdos comerciales que puedan comprometer sus responsabilidades constitucionales».

Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, sostuvo que Trump estaba «motivado únicamente por lo que es mejor para el pueblo estadounidense».

Rápida demanda

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Tienda de productos de Donald Trump.

Poco después de que Trump iniciara su primera campaña presidencial, algunos emprendedores -no todos ellos partidarios- vieron una oportunidad.

En 2016, Richard Kligman vendía únicamente cometas y artículos de playa en su tienda de Myrtle Beach, Carolina del Sur, cuando empezó a ocurrir algo inusual: los clientes entraban en su tienda preguntando por productos relacionados con el entonces candidato republicano.

Kligman, quien se describe como apolítico, contactó a un proveedor y le pidió banderas de Trump. Las exigencias de los clientes no terminaron ahí.

«Cada vez era más y más», comentó Kligman. Cuando parecía probable que Trump ganara la noche de las elecciones de noviembre, corrió a su computadora. «Enseguida le envié un e-mail a mi proveedor», recordó. «Le dije: ‘Necesito 500 gorras rojas’».

Ahora, la mitad de su tienda, Klig’s Kites, está dedicada a MAGA. Abrió un segundo local aunque cerró un tercero a finales del año pasado. Muchos otros vendedores ambulantes comenzaron a vender pancartas y botones falsificados de Trump casi al mismo tiempo que Klig’s Kites, en sitios como Etsy y eBay, ferias y centros comerciales. Comenzaron a producir en cuestión de horas, imprimiendo eslóganes recién pronunciados por el presidente en montones de camisetas.

Esos esfuerzos se intensificaron en 2020. Empresarios afines a MAGA, algunos de los cuales habían cerrado sus negocios debido a la pandemia, vieron una oportunidad cuando la campaña de reelección del republicano movilizó a sus seguidores.

El año pasado, había al menos 48 tiendas de Trump en 22 estados, que vendían de todo, desde saleros con forma de bala hasta aromatizadores para coches con la imagen del rostro de Trump.

El presidente ha adoptado una gama cada vez mayor de productos. Los ingresos por ítems con su foto, como camisetas, tazas y posters, aportaron US$ 1,7 millones a su última campaña de reelección. En 2024, presentó unas zapatillas deportivas doradas con el lema «Never Surrender» («Nunca rendirse») en una convención de calzado. Costaban US$ 399.

MAGA: Donald Trump y su clásica visera.
Zapatillas doradas inspiradas en Trump.
Foto: AFP

Incluso se ha aventurado en el mercado de activos digitales, con un token no fungible. El proyecto le reportó US$ 1,16 millones.

No compre imitaciones

Según varias organizaciones de control ético, ningún otro presidente en ejercicio ha intentado lucrarse con su cargo como lo ha hecho Trump. Para los miembros del Congreso y muchos empleados federales, esa práctica está explícitamente prohibida.

Sin embargo, según los expertos en ética, al impulsar la economía del consumo, Trump ha creado nuevos conflictos de intereses e incentivos para aprovechar su plataforma pública para fortalecer su propia marca.

El presidente parece imperturbable ante las preocupaciones éticas. En un evento en la Oficina Oval a inicios del año pasado, alzó un sombrero y lo contempló con admiración.

«¿Ven eso?», preguntó a los presentes, explicando que lo había enviado un fan.

En mayúsculas, decía: «TRUMP TENÍA RAZÓN EN TODO».

«Creo que deberíamos hacer algunos, ¿no?», dijo.

No siempre es tan elogioso. Su equipo envió cartas de cese y desista a comerciantes en línea en 2015 y a varios comités republicanos en 2021 por vender productos no oficiales de Trump. En 2024, su campaña exigió que un grupo republicano en Virginia dejara de vender productos con la imagen del entonces candidato tras el intento de asesinato ocurrido en Butler, Pensilvania.

El año pasado, la Organización Trump demandó a vendedores anónimos con sede en Asia por usar la palabra «Trump» en sus artículos, acusándolos de infringir la marca registrada al ofrecer «imitaciones de baja calidad».

Este año, un juez falló a favor del equipo de Trump luego de que ninguna de las empresas respondiera a la demanda, ordenando a los 132 vendedores a pagar US$ 100.000 cada uno en concepto de daños y perjuicios, lo que supone un total de US$ 13,2 millones. Se desconoce si la Organización Trump cobrará la indemnización.

Pero para un presidente que se nutre de la atención, la existencia de cualquier producto con su nombre beneficia a la marca, afirmó Raji Srinivasan, profesor de marketing de la Universidad de Texas en Austin. «Los productos falsificados, los no autorizados, las licencias, los de la Organización Trump, todos son vehículos para la marca Trump», dijo. «Están protegidos contra la corrosión, y esto simplemente les da más visibilidad».

El origen del icónico eslogan

Prendedor de la campaña de Ronald Reagan con la frase Make America Great Again.jpg
Prendedor de la campaña de Ronald Reagan con la frase Make America Great Again.

El presidente ha explotado su popularidad casi toda su vida adulta. A principios de los años 80, colocó el nombre «Trump» en letras gigantescas en edificios; en 1989, lo utilizó para bautizar un juego de mesa y una aerolínea que adquirió por US$ 365 millones. Durante unos meses de 2007, Sharper Image vendió la colección de filetes Trump Steaks Connoisseur Collection, con un precio de US$ 999, prometiendo «la carne de res más sabrosa y exquisita que jamás probarás». No se vendieron bien.

El magnate continuó desempeñando su papel de director de marketing cuando entró en política. En los dos meses previos al anuncio de su primera candidatura presidencial en junio de 2015, su equipo gastó casi US$ 18.000 en la impresión de camisetas para medir su popularidad.

Trump lució por primera vez una gorra de MAGA en julio de 2015, aunque la idea de «Make America Great Again» no fue suya. Ronald Reagan ya había impreso el eslogan en botones y carteles durante su campaña presidencial de 1980, y Bill Clinton lo utilizó cuando se postuló a la presidencia en 1991 y 1992. Trump fue el primero en registrarlo como marca y en obtener beneficios económicos de ese concepto.

Su campaña acabó gastando al menos US$ 2,9 millones en gorras antes de las elecciones. Para 2016, había inaugurado una tienda insignia oficial de Trump en la Torre Trump de Nueva York.

Tiffany Hsu y Stuart A. Thompson
The New York Times

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