El colado de la fiesta recauda US$ 10 anuales

Agadu no es sólo el pincha globo que llega a fiscalizar eventos: pinturas, obras de teatro, guiones e incluso cuadros coreográficos forman parte de las creaciones que protege

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POR Diego Ferreira |

dferreira@elpais.com.uy

Los artistas nacionales más reconocidos y otros a los que pocas veces se los escuchó nombrar se amparan en el derecho de autor para recibir ingresos por el uso de sus creaciones en los medios de comunicación, los espectáculos en estadios y teatros, y hasta en fiestas privadas. Y, pese a que la piratería ha mermado los ingresos por este concepto, Agadu -Asociación General de Autores del Uruguay- recauda por año unos US$ 10 millones.

Por esta razón cuando alguien organiza una fiesta o un baile debe pagarle a Agadu para tener la autorización de los autores y poder reproducir legalmente las obras. De lo contrario, el infractor puede recibir una multa de entre 10 y 1.500 Unidades Reajustables (UR), es decir entre $ 5.360 y $ 804.000. Quienes cometen este ilícito con "ánimo de lucro" se exponen a una pena de entre tres meses de prisión y tres años de penitenciaría, según la ley vigente.

Agadu es una organización sin fines de lucro nacida en 1929 que en 2010 (último registro disponible) reunió $ 177.265.085 (unos US$ 8.800.000) por derechos de autor. Incluso, mediante contratos de "reciprocidad" con entidades de más 180 países, Agadu también representa y gestiona derechos de autores extranjeros.

Los ingresos resultan de la utilización de pinturas, obras teatrales, guiones e incluso cuadros coreográficos; de todos modos más del 90% de las creaciones protegidas son de origen musical, informó a El Empresario el presidente de Agadu, Alexis Buenseñor. En esa categoría aparecen obras de Eduardo Fabini, Rubén Rada y Jaime Roos, entre otros músicos. Pero, ninguna de sus obras, sino la canción Mayonesa del grupo tropical Chocolate, es la que figura como el tema "que más recaudó en la historia de Agadu", al generar ganancias netas cercanas al US$ 1 millón.

De la utilización de sus obras, los creadores nacionales se llevan el 56% del total producido. Previamente, se les deduce un 30% que queda para Agadu, un 7% para "altos fines sociales" -con el que la gremial financia servicios médicos, odontológicos y el pago de una prima anual a los afiliados desempleados, entre otros beneficios-.

El último descuento es de un 7% por la aplicación del IRPF. A los artistas extranjeros se les descuenta el 12%. Agadu, a su vez, realiza el cobro para los representados por otras entidades colectivas como la Cámara Uruguaya del Disco (CUD) y la Sociedad Uruguaya de Ejecutantes e Interpretes (Sudei).

Actualmente, unos 9.000 creadores artísticos están registrados en Agadu. Del padrón total, sólo 1.300 figuran como socios activos. Estos afiliados deben cumplir requisitos como acumular una antigüedad de cinco años en la gremial y haber generado un mínimo de $ 100.000 por derechos de autor; con ello, acceden a beneficios sociales y pueden postularse para cargos de dirección en Agadu.

El resto de los afiliados suma a los aspirantes a socios, los artistas fallecidos cuyas obras están protegidas por la gremial y aquellos cuyas creaciones pasaron a ser de dominio público, es decir del Estado. Los derechos quedan en manos del autor durante toda su vida y al fallecer pasan a sus herederos por un período de 50 años. Cumplido ese plazo, los derechos pasan a ser de dominio público.

Cortame la música

La defensa de la autoría de las obras lleva a Agadu a fiscalizar el uso del repertorio musical que pasan las radios, los canales de televisión y que los disc jockeys (o DJ) utilizan para animar las cumpleaños, casamientos y fiestas privadas.

En el caso de las radios, algunas emisoras envían voluntariamente un muestreo con el repertorio utilizado; en los demás casos es Agadu la que selecciona los horarios y los programas -especialmente aquellos que reciben pedidos de temas de los oyentes- que sirven para hacer las liquidaciones.

La organización evalúa pasar en breve a un monitoreo digital que contraponga los temas que pasan las emisoras a la base de datos con el repertorio de la gremial.

El repertorio que usan los DJ es revisado por los funcionarios de Agadu, cada tres o seis meses. Entretanto, todos los fines de semana se realizan "operativos" para monitorear que la cantidad de invitados en las fiestas sea el que los organizadores declararon efectivamente. En fechas especiales como la Noche de la Nostalgia -el día de mayor recaudación de Agadu-, la gremial contrata más personal.

En caso de comprobarse que el número de personas que asistan a la fiesta es superior al total autorizado por Agadu en el permiso correspondiente, se aplicará una multa de hasta diez veces del valor de la licencia, según establece la ley de derechos de autor.

La reiteración de infracciones y el incumplimiento de las reliquidaciones por parte del dueño de un local puede ameritar que el funcionario de Agadu o el propio artista solicite a la Justicia el "corte del repertorio". Esa posibilidad, de ser necesaria, está sujeta a la disponibilidad de la Policía. "Si pedimos eso y hay un robo, no van a ir a cortar el repertorio" en la fiesta, matizó Buenseñor.

Contra los piratas

Los ingresos de los artistas y los productores discográficos serían mayores a los que reciben hoy si la piratería y la descarga de música online no les birlara buena parte de las ventas.

Así, las ganancias de los creadores artísticos proviene cada vez más de la realización de espectáculos en vivo, y menos de la venta de discos originales. Además, las radios no pagan grandes sumas por difundir las canciones de los artistas, explicó Buenseñor.

Como paliativo a la competencia informal, desde el gobierno se han lanzado algunos incentivos impositivos que apuntan a abaratar los costos de los discos. Así se eliminó el IVA en la industria musical y se rebajó el IRPF que aportan los artistas nacionales, del 12% al 7%. "Igual con eso no se puede competir contra la piratería", se quejó Buenseñor.

Mientras los melómanos y los coleccionistas prefieren comprar originales, los menos exigentes se inclinan por conseguir una copia en un puesto callejero o simplemente hacer un par de clicks en un sitio de descargas y bajar el disco a su computadora.

Sin "Color esperanza"

Los derechos de autor no sólo hacen al cobro por el uso de las obras, también incluyen otras reivindicaciones como el pedido de los artistas de que sus creaciones no sean utilizadas con ciertos fines. Por ejemplo, "hay autores que no quieren que sus temas sean utilizados políticamente", dice Buenseñor. Así pasó con el cantante Diego Torres, que prohibió a un partido político uruguayo utilizar su tema "Color Esperanza" durante la última campaña electoral. Torres hizo el reclamo a Agadu al enterarse que el sector político utilizaba su canción para musicalizar sus actos. Al final, el tema fue retirado.

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