Estados Unidos no está listo para elegir como presidente a un multimillonario bajo y judío. Eso es lo que Michael Bloomberg les sigue diciendo a los reporteros, pero él no lo cree. El alcalde de Nueva York ha pasado la mayor parte del año cruzando el país y hablando del control de armas, la inmigración, el cuidado de la salud y el cambio climático, todos temas nacionales.
El 19 de julio él anunció que estaba dejando la alcaldía para ser independiente. La última vez que él cambió de partido, desde el Demócrata hacia el Republicano, fue para postular a alcalde. Esta vez, sólo puede ser porque tiene sus ojos en la Casa Blanca. Él lo niega, con un brillo: el 20 de junio dijo que correría por ese puesto si todo el resto de las personas en el mundo estuvieran muertas.
Las apuestas del tercer partido siempre pierden, dice la sabiduría popular. Pero a Bloomberg hay que tomarlo en serio. Primero, él es muy rico -algunas estimaciones cifran su patrimonio en US$ 5 mil millones, con lo que podría superar los gastos de ambos partidos sin necesidad de recoger fondos. Segundo, es un centrista pragmático, pro choice, pro gay y antidéficit, en un momento en que los norteamericanos están cansados de ideologías y partidos.
Su estrategia, de acuerdo con abundantes declaraciones, deberá esperar hasta que se conozca a los nominados por los republicanos y demócratas, que será sólo en febrero.
Si los nominados son suficientemente divisivos para dejar una brecha en el centro, lo que parece muy probable, él entonces entrará a la competencia. "Unity08", un movimiento en busca de un candidato no partidario, gozaría apoyándolo.
El registro de Bloomberg es impresionante. Él ganó una fortuna al fundar una empresa, Bloomberg LP, que entrega datos financieros a los bancos a través de terminales que él modestamente llama "Bloombergs". Gastó U$S 115 millones en la carrera que lo llevó a ganar dos veces como alcalde, y ha hecho un trabajo bastante bueno: el desempleo ha caído, el crimen bajó en 27%, el turismo está próspero y el déficit de la ciudad se ha convertido en un glorioso excedente. Ha sacado a los fumadores y a las grasas trans prácticamente de todos los restaurantes.
Ha hecho un llamado a rebajar en 30% los gases del efecto invernadero para el 2030, una tarifa de congestión para los que manejan en Manhattan y transferencias de efectivo para bajar la pobreza.
la herencia de Rudy. Sus detractores argumentan que fue su antecesor, Rudy Giuliani, el que cambió la ciudad, y que Bloomberg lo único que ha hecho ha sido mantener el buen trabajo como una niñera. Dado que Giuliani es el principal contendor por la nominación republicana, aun cuando está indeciso, el tema sí importa. Los que apoyan a Bloomberg señalan que ha manejado las cosas bien sin enfurecer a la otra mitad de la ciudad, como sí lo hizo su cáustico antecesor. Sus detractores dicen que es más fácil tener a los principales grupos de interés de Nueva York plácidos si, como Bloomberg, haces grandes donativos a casi todos ellos con recursos de tus propios bolsillos.
¿Podría ganar él? Larry Sabato, un profesor de política en la Universidad de Virginia, no cree que sea imposible. "Eventualmente Estados Unidos va a tener un presidente independiente", dice. "Es sólo una cuestión de cuándo va a ser".
Ross Perot, un millonario independiente que compitió por las presidenciales de 1992, casi llegó al 40% en las encuestas de opinión antes de que la gente sospechara que se estaba volviendo loco, señala Charlie Cook, un analista político. Bloomberg está obviamente sano y competente, aunque no es un orador inspirador. En una carrera de tres participantes, con oponentes dañados, él ganaría. Lo menos que va a hacer es afectar el resultado. Pero nadie sabe cómo.
¿Será él capaz de atraer a los moderados demócratas a los que no les gusta Hillary Clinton?, ¿o a los republicanos más relajados que están cansados de religiosidad e incompetencia? El candidato que pierda menos gente debido a Bloomberg será el que probablemente gane.
Los asesores de Bloomberg insisten en que él no quiere correr para quitarle votos a alguien. O va a competir para ganar o va a usar su tiempo como alcalde (debe dejar el cargo el 2009) y después pasar sus años de plata entregando su dinero. (The Economist)