Decidir sin ver: el nuevo deporte olímpico que practican las pymes

La inteligencia artificial obliga a pequeñas y medianas empresas a repensar cómo deciden sus inversiones. La tecnología provoca que decisiones que hoy lucen sólidas, puedan volverse obsoletas antes de tiempo

Person uses laptop interacting with AI virtual assistant. AI head graphic overlay laptop keyboard. Concept of AI prompt engineering, LLM. Person types on keyboard to communicate with virtual
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Vadym - stock.adobe.com

Durante décadas, planificar en una pyme fue incómodo pero manejable. La inflación, el tipo de cambio, aquel cliente que paga tarde: variables conocidas y con margen para anticiparse. La incertidumbre era parte del escenario, pero el paisaje seguía siendo reconocible.

La inteligencia artificial cambió algo más profundo que las herramientas disponibles: cambió la visibilidad. Y eso tiene consecuencias concretas en cómo se toman decisiones de inversión que hoy se ven sólidas, pero pueden volverse obsoletas antes de que terminen de pagarse.

Vale la pena distinguir dos conceptos que solemos usar como sinónimos pero no lo son. El riesgo es cuantificable - puedo asignarle una probabilidad, modelarlo, cubrirme-. La incertidumbre, en cambio, describe situaciones donde ni siquiera se conocen los posibles resultados. No es que el futuro sea difícil de ver. Es que el mapa cambió y todavía no hay uno nuevo. Para una pyme que está evaluando abrir un local, ampliar su flota o incorporar personal, ignorar esa distinción puede ser caro.

La IA instaló una «niebla» sobre el futuro que afecta la lógica con la que se toman decisiones de largo plazo. Inversiones en contratación, en infraestructura, en modelos de negocios que asumen que lo que hoy funciona seguirá funcionando mañana. Lo que antes era posible calcular hoy se escurre entre los dedos. No porque los números fallen, sino porque el piso sobre el que se apoyan se está moviendo sin que nadie lo haya puesto en el presupuesto.

IA
Inteligencia artificial.
Foto: Canva.

El problema no es que la IA vaya a destruir negocios de un día para otro, es seguir decidiendo como si no existiera. Una empresa de distribución que amplía su flota porque tiene más pedidos puede estar resolviendo un cuello de botella que hoy existe, pero no existirá en dos años, cuando la optimización de rutas deje de ser una ventaja de las grandes empresas y se convierta en un commodity accesible. El camión nuevo no resuelve el problema, lo financia. Lo mismo aplica para quien contrata cinco personas para crecer cuando parte de ese trabajo puede ser asistido o ejecutado por herramientas que cuestan una fracción del costo laboral mensual. No es que la decisión sea necesariamente mala: es que requiere una pregunta adicional que antes no era obligatoria.

El costo de la rigidez

Del capital de riesgo a las pymes. Hay una lógica que el capital de riesgo conoce muy bien y que las pymes raramente practican: reemplazar la pregunta «¿cuál es el retorno a diez años?» por «¿cuál es la apuesta más pequeña que me permite aprender antes de comprometerme demasiado?». Probar antes de escalar. Diseñar salidas antes de que sean necesarias. Negociar contratos con opciones de revisión en lugar de compromisos a largo plazo. No porque el futuro vaya a ser necesariamente malo, sino porque la rigidez cuesta más cuando el contexto se mueve rápido y la visibilidad es corta.

La pregunta que vale hacerse antes de la próxima decisión importante no es si los números cierran. Es si esos números siguen cerrando si algo cambia en el medio.

Alan Cohn
Mentor de pymes

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