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Para crecer en Uruguay, el Sistema B "necesita de empresarios osados"

Este es el desafío a futuro según Natalia Hughes y Mercedes Viola, quienes asumieron el coliderazgo de la organización en reemplazo de Virginia Suárez, exgerenta general de HSBC

Natalia Hughes y Mercedes Viola Sistema B
Hughes y Viola. El Sistema B es una «nueva genética empresarial», definen. (Foto: Francisco Flores)

En el mundo existen 125 millones de empresas, lo que equivale a 125 millones de oportunidades de aportar soluciones a los problemas que preocupan y afectan a la humanidad, especialmente aquellos relacionados a la desigualdad social y el medio ambiente. Esa es la mirada de Sistema B, un movimiento global que propone poner en el corazón de las empresas —y en un mismo plano de igualdad— su impacto económico, social y ambiental. En esa filosofía, los productos y servicios son el medio para que las empresas den respuesta a problemas colectivos, por lo que la prioridad está en ser las mejores «para el mundo» y no simplemente las «mejores del mundo».

En Uruguay, Sistema B nuclea a 10 empresas de un total de 3.000 que existen alrededor del mundo. Y el movimiento va por más, enfatizando la idea de evolucionar de compañías con «buenos productos y procesos a empresas que sean creadoras de valor integral», explicó Natalia Hughes, presidenta de Sistema B en Uruguay, rol que ejerce en conjunto con Mercedes Viola.

Ambas acaban de asumir esta posición en reemplazo de Virginia Suárez, exgerenta general de HSBC, tras hacer un acercamiento gradual al Sistema B. Madre de dos varones y abogada, a Hughes le desvelaba encontrar el «equilibrio» entre ambas facetas, y fue gracias a una de sus socias en el cowork Youhub que descubrió el Sistema B. Al principio visualizaba este movimiento con la causa medioambiental, sin embargo, se fue informando y participando cada vez más «al punto que nuestra empresa es el primer fideicomiso con certificación B del mundo», resaltó. «Es un camino de ida», valora hoy.

Las empresas B facturan US$ 60.000 millones y algunas de ellas, como la compañía de cosméticos brasileña Natura, cotizan en Bolsa.

El centro 4D Content English, la firma de Viola, cumplía sin saberlo con los requisitos de las empresas B. Su propósito incluye a personas con discapacidad para ayudarlas a desarrollarse. Viola certificó su empresa y luego decidió involucrarse más.

Metas

Desde su nuevo rol, ambas se proponen «liderar desde la cocreación», es decir, dando participación a diferentes voces: académicos, abogados, multiplicadores (agentes que acompañan a las empresas en el camino a ser B), y el Sistema B internacional.

Tejer alianzas con otras organizaciones con una visión sustentable de las empresas, inyectar esta nueva conciencia en el ámbito académico, certificar más empresas, y expandir la comunidad B en Uruguay, aparecen entre los objetivos trazados. Hughes sumó también la posibilidad de que se apruebe la ley de Sociedades BIC (beneficio de interés colectivo) como ya ocurrió en Colombia, Italia y estados de EE.UU., donde se reconoce a las empresas que generan un «impacto positivo social y ambiental» desde el punto de vista legal.

Hughes sumó también la posibilidad de que se apruebe la ley de Sociedades BIC (beneficio de interés colectivo) como ya ocurrió en Colombia, Italia y estados de EE.UU.

Como parte de esta apuesta, se proponen consolidar el consejo empresarial, un grupo donde participan líderes corporativos que promueven la misión y visión «B» y guían a otros para ser parte de la iniciativa. Un paso clave en esa trayectoria es la evaluación de la empresa para saber dónde está parada en su compromiso con los clientes (internos y externos), la comunidad y el medio ambiente y la generación de soluciones. «Lo que te asegurás es que tu empresa haya generado un impacto positivo neto. Es parte de tu ADN. No es que la empresa está en la sociedad, sino que es parte de las soluciones que todos buscamos y necesitamos. Y tiene lucro», recalcó Hughes. Las empresas B facturan US$ 60.000 millones y algunas de ellas, como la compañía de cosméticos brasileña Natura, cotizan en Bolsa.

Las firmas de triple impacto proponen un enfoque superador de la empresa, que se apoya en el «propósito», un concepto central hoy para los consumidores a la hora de elegir una marca, para los trabajadores al comprometerse con una organización, y también para los inversores.

El propósito llevado a la acción permite al Sistema B unificar las dimensiones de la ONG y la empresa privada. «Ahí aparece la empresa B como una nueva genética empresarial. Y la nueva identidad de mercado está en el propósito, que guía y da sentido a tu empresa», explicó.

"Hay comunidades B en Paysandú y en Punta del Este se está generando otra", indicó Viola.

Si bien el vuelco hacia el Sistema B lo iniciaron pequeños emprendimientos, ahora se están sumando «grandes empresas que cotizan en bolsa», incluso a través de la compra de compañías B, dijo Viola. La adhesión de Business Roundtable, una organización que reúne a los CEO de 181 de las principales empresas de EE.UU. es significativa, sumó.

Desde su perspectiva, «Uruguay tiene una oportunidad muy buena» para impulsar el Sistema B, por sus características como el tamaño pequeño del mercado. Así, el esfuerzo trasciende Montevideo. «Hay comunidades B en Paysandú y en Punta del Este se está generando otra», detalló.

Hughes acotó que esta iniciativa es una «oportunidad para generar algo mejor, más sustentable, equitativo y amigable para todos», ya no como un esfuerzo aislado sino que común a toda la empresa. «Seamos el cambio que queremos ver en el mundo y usemos la fuerza del mercado para generar esos cambios», alentó. «Para eso se necesitan -estoy convencida y en Uruguay más- empresarios osados».

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