Conferencistas top llegan a ganar US$ 50.000

Expresidentes y sobrevivientes de Los Andes son los uruguayos más requeridos para dar conferencias; las empresas los contratan tanto para motivar a su personal como para entender la coyuntura

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POR Diego Ferreira / dferreira@elpais.com.uy

Luego de ocho años al frente de la Casa Blanca, el expresidente de EE.UU., Bill Clinton, decidió salir al mundo una vez más, ya no como estadista, sino para contar su experiencia en conferencias ante empresarios y líderes políticos. Desde aquel 2001, pasaron 10 años en los que Clinton se reinventó a sí mismo como un expositor efectivo, convirtiéndose en el exmandatario mejor pago del mundo por dar conferencias. Sus presentaciones se cotizan por encima de los US$ 200.000, lo que le ha permitido ganar más de US$ 65 millones en estos años.

Como todo fenómeno global, la presencia del expositor top uruguayo (o que viene a Uruguay) gana cada vez más terreno ante la avidez de las empresas por estimular a su personal y conocer más sobre la coyuntura actual para prepararse para los tiempos que vienen.

Es así que los expresidentes uruguayos también se dedican a dar conferencias ante auditorios locales y extranjeros, donde perciben un cachet que ronda los US$ 10.000, una cifra menor que la recibida por sus pares de la región que cobran entre US$ 30.000 y US$ 100.000. Entre las excepciones está Lula Da Silva, cuyo precio es de US$ 125.000.

El brasileño Fernando Henrique Cardoso, el colombiano César Gaviria y el chileno Ricardo Lagos, son los exmandatarios más solicitados, señaló a El Empresario Santiago Zapata, director de Hi-Cue Speakers, una compañía que representa a conferencistas de primera línea en toda América Latina.

Otros disertantes con un reconocido perfil técnico e innovador y aquellos especialistas en historias de superación como la que narran los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes, también se cotizan bien en el mercado de la oratoria. El relato sobre los 72 días de supervivencia en la Cordillera Andina puede ameritar un desembolso de US$ 5.000 a nivel local o uno de hasta US$ 50.000 en el exterior.

Con cifras tan onerosas resulta lógico preguntarse por qué las empresas le pagan a un orador por una exposición de una hora y media. La respuesta consiste básicamente en la búsqueda de una fuente de conocimiento e inspiración. Con más frecuencia, los empresarios entienden que es vital recibir información de primera mano sobre lo que está pasando en el mundo y, mejor aún, sobre lo que vendrá.

El expresidente Julio María Sanguinetti y el secretario general iberoamericano Enrique Iglesias, son muy solicitados para que den su visión en temas políticos, económicos y sociales.

Tabaré Vázquez también participa en foros internacionales brindando conferencias médicas en su rol de destacado oncólogo, o comentando los resultados del Plan Ceibal. Vázquez es uno de los expositores más atractivos para el público: su presencia en el almuerzo de trabajo organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) el 19 de octubre pasado hizo que las más de 600 entradas al evento del Hotel Riviera se agotaran en apenas 48 horas.

Pero no sólo los políticos concitan gran interés. Carlos Páez y Fernando Parrado son de los conferencistas que más trabajan. Páez da unas 100 conferencias al año -de las cuales sólo tres o cuatro son en Uruguay-, narrando la historia de supervivencia en la Cordillera chilena a empresarios de las más importantes multinacionales -como Cartier, Merrill Lynch, Coca-Cola, McDonald`s, Movistar- y compañías situadas en México, Chile, Argentina, Colombia, entre otros países de América Latina y Europa.

El objetivo de las firmas que contratan a Páez es siempre el mismo: fortalecer al personal en aspectos clave para el desarrollo empresarial como la toma de decisiones, la tolerancia a la frustración, el trabajo en equipo, la capacidad de liderazgo, y la adaptación al cambio.

No sólo los empleados son el público objetivo de las charlas de motivación; las empresas también comienzan a organizar conferencias para sus clientes, afirmó Páez a El Empresario.

Para el expositor, "no alcanza con tener una gran historia, hay que saberla contar".

De hecho, políticos, gurúes de la innovación, técnicos y motivadores deben tener mucho más que un discurso esclarecedor o inspirador para calificar como expositores top; necesitan una cuota de histrionismo y un prestigio por el que "a la gente sólo por el nombre de la persona le resulte interesante" escucharla, coincidieron varios organizadores de eventos.

Los mismos atributos definen la elección de un conferencista de perfil técnico para seminarios de management, como los que organiza Alta Gerencia. La empresa realizó nueve eventos en Uruguay este año, en los que contó con la presencia de varios de los principales profesores de las más importantes escuelas de negocios de América y España así como los socios de las principales consultoras del mundo, señaló Carlos Garbuyo, director de la empresa.

La amistad abarata

Entidades como ADM, la Unión de Exportadores (UEU), y la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (Acde) necesitan de al menos tres meses para acordar la llegada de un conferencista de primera línea; a veces, con personajes muy requeridos, las gestiones pueden abarcar un año entero de trabajo. Del mismo modo, la ida de un conferencista uruguayo al extranjero insume una planificación mínima de tres meses, dijo Zapata.

En cambio, en los seminarios de entre casa con conferencistas locales, los plazos son algo más benévolos. Si se trata de ministros, representantes de gobierno o técnicos de los partidos políticos basta con hacer los contactos entre 15 días y un par de meses antes.

En muchos de estos casos, la amistad entre organizadores y expositores les evita a los primeros tener que pagar un cachet. En otros, los conferencistas no cobran porque van en calidad de invitados. "ADM no invita personas, invita cargos", explicaron en la gremial sobre la llegada de conferencistas de relieve a sus actividades. Así, ADM ofreció un almuerzo de trabajo el 19 de octubre que tuvo al presidente de Chile Sebastián Piñera, como orador aprovechando su visita oficial a Uruguay.

Como si se tratara de grandes artistas, contratar a un conferencista de renombre implica no sólo un cachet sino también cubrir otros costos como los pasajes de avión y, eventualmente, el hotel para su estadía. En noviembre, la UEU trajo especialmente de Miami y por un día al periodista argentino Andrés Oppenheimer. La visita, gestionada a principios de año, costó algunas decenas de miles de dólares, se informó.

Otras personalidades son inaccesibles para el medio local. Una gremial empresarial había pensado en contratar al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, cuyo cachet ronda los US$ 100.000. "Son personalidades que implican mucho dinero y que generan la incertidumbre de si después se pueden cubrir los costos, más allá de que se cobre entrada a estos eventos", admitió una fuente. Al final, Stiglitz fue descartado.

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