Comenzó una marca de moda vendiendo casa por casa y la convirtió en un negocio conocido en Uruguay y el exterior

Victoria Damiani lleva adelante su empresa, VDAMIANI, junto a su hermana Florencia, con quien diseña prendas y accesorios inspirados en las necesidades de las mujeres. "No vendemos ropa, vendemos talento", afirma

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Victoria Damiani, fundadora y directora de VDamiani.
Ignacio Sánchez

Victoria Damiani nació en Montevideo y tiene 40 años. Es una de siete hermanos y madre de Baltazar (12), León (9) e Indiana (6). En 2009, creó su propia marca de moda, que hoy dirige junto a una de sus hermanas, con quien -según destaca- forma «un tremendo equipo». Sus diseños se venden en Uruguay y el exterior, e incluyen prendas casuales y de fiesta. La inspiración, asegura, nace de pensar cuáles son las necesidades de las mujeres y qué las hace sentir bien. Aunque admite que producir en Uruguay es desafiante, promueve el talento local y la industria nacional. Cuando está en familia no habla de trabajo, y en su tiempo libre disfruta de salir con amigas, compartir con sus afectos y entrenar.

—VDAMIANI surge en 2009, ¿cómo decidió crear una marca de moda?
—Este fue mi primer proyecto empresarial. Al principio iba con mis diseños y collares de piedra en una valija a las casas de mis amigas, hacíamos un té y mostraba lo que tenía. Siempre, al final del día, volvía a casa con la valija vacía. Era chica, no manejaba, iba con la valija en el ómnibus o en un remise si el viaje era muy lejos, pero sentía mucha seguridad en el proyecto. También iba a ferias y con colegas armábamos ventas. Eran movimientos que se hacían por el diseño: éramos todas jóvenes a las que nos encantaba crear, presentábamos nuestros percheros, nos uníamos y se armaban fines de semana de moda. Fueron varios años entre ferias, la venta casa por casa y el boca a boca.

—¿Cuándo abrió su primera tienda?, ¿qué la llevó a dar ese paso?
Un día le dije a mi papá que quería tener mi propio local. Iba al Centro a comprar las telas, iba a las modistas; era mucho esfuerzo pero lo disfrutaba. Y empecé a necesitar un lugar donde quedarme quieta y empezar a proyectar esa empresa que ya estaba en movimiento. Fuimos a la Galería Roma (en Carrasco), que en ese entonces estaba poco solicitada y no pedían tanto por el alquiler y era muy accesible para mí poder empezar mi proyecto ahí. Papá me acompañó a la inmobiliaria y con los pocos ahorros que tenía —que había hecho de otros trabajos—, alquilé un local chiquito. Firmamos el contrato, llamé a un tío que restaura muebles y le pregunté: «¿Tenés una cómoda patinada y un biombo para usar como probador?». Me dijo que sí, le mandé un flete y empezamos a armar el local. Contacté a algunas marcas de Carrasco y les ofrecí un espacio. Así se formó un local muy encantador. Entrabas en la Galería Roma y la luz venía de ahí. Lo primero que la gente de Carrasco empezó a visualizar fue que había vestidos con onda, sandalias y accesorios que antes no había.

—Primero vendía ropa y accesorios, ¿cuándo sumó el calzado?
—Los zapatos se sumaron a partir de que las clientas empezaron a pedirlos. Les vendía el vestido, las caravanas y el collar, y nos preguntaban «¿dónde compro las sandalias?». Empecé a buscar zapateros y a averiguar dónde se hacían zapatos. Al principio todo eran negativas. Pero terminé encontrando a un fabricante e hicimos una sandalia de corcho que fue súper conocida, la hicimos como en 10 colores y fue un boom: la llamamos La Charlotte. Al año de abrir el local sumamos los calzados. Durante los primeros meses en los que me instalé y empecé a ver esa demanda, me moví y al año estábamos recibiendo nuestros primeros pares. Fue un furor: vendíamos vestidos de fiesta, sandalias, zapatos y accesorios, todo para salidas.

¿Cambió la marca desde que se amplió el catálogo?
Se dio un gran cambio. Con el tiempo fuimos añadiendo jeans, polleras y tejidos, por la necesidad de vestirnos bien en el día a día también. Queríamos que las clientas pudieran encontrar la solución completa, de los pies a la cabeza. Muchas cosas fueron un éxito, y empezamos a abrir más el abanico de diseños, con variantes y colores. Nos metimos en un mundo que nos encantó y hoy VDAMIANI es una de las marcas que más jeans vende en Uruguay. El catálogo tiene cerca de 300 artículos e incluye sastrería, jeans, cuero, zapatos, camisería, accesorios y tejidos.

—Hoy dirige la empresa junto a su hermana Florencia, ¿en qué momento se sumó al proyecto?
—Cuando estaba abriendo la primera tienda, Popi (Florencia) estudiaba diseño y estaba trabajando en la casa de diseño de mi tía, donde trabajaban con cuero. Le pedí que se uniera a mí en la marca porque estaba siendo un éxito y la necesitaba. Ella tenía ganas de sumarse, pero a la vez miedo de compartir algo laboral con su hermana, con quien a la vez vivía. Popi iba a la facultad, trabajaba en la tienda de mi tía, llegaba a casa y se ponía a diseñar para VDAMIANI; hacía los vestidos y yo se los compraba. Teníamos todas las telas en el cuarto, y como los vestidos eran únicos, a veces había que hacer 100 y yo le pedía: «Encargate de hacer 20». Lo pensó y repensó, y pasaron dos años hasta que se unió por completo. Ahí dimos el salto a la calle Rostand, salimos a la luz en un local de unos 30 metros cuadrados.

Victoria y Florencia Damiani lideran la marca de moda uruguaya.
Victoria y Florencia Damiani lideran la marca de moda uruguaya.
Ignacio Sánchez

—¿Cada diseño era único?
—Ningún vestido se repetía, como máximo podíamos hacer dos o tres iguales. Si alguno se repetía porque tenía mucha demanda, se averiguaba dónde lo iban a usar, para que nadie se encontrara en un evento con el mismo vestido. Había un cuaderno específicamente para eso y la clienta confiaba 100% en que tenía exclusividad. Hoy tratamos de mantener eso cuando lanzamos diseños de fiesta, que son más llamativos. Somos muy cuidadosas. En ese momento era mucho más controlable; ahora pasaron 16 años y muchos diseños, y puede pasar que alguien agarre un vestido de hace tres años y repita, pero por lo menos por temporadas evitamos que suceda.

—¿En qué se inspiran al diseñar?
—Nos inspiramos en nuestras necesidades como mujeres, somos nuestra propia inspiración. Al momento de crear, cada año y cada temporada son un desafío, pero cada vez apuntamos más a tener menos variedad, mejor calidad y diseños que nunca vas a dejar de usar. En reuniones con amigas intentamos escuchar cuál es la necesidad de la mujer, qué busca y cómo se siente. Cuando creamos diseños, tratamos de pensar cuáles son nuestras necesidades como mujeres, madres y empresarias, qué queremos y cómo queremos sentirnos en el día a día y qué prenda nos hace sentir bien. Al diseñar, pensamos en diferentes situaciones y buscamos que sean prendas atemporales.

—¿Cuántas tiendas tiene la marca actualmente?
—De la primera tienda en la galería pasamos a tener tres locales: uno en Rostand, otro en Punta Carretas y uno en Pocitos. Al mismo tiempo abrimos el e-commerce, algo que nos jugó muy a favor durante la pandemia, porque en nuestro segmento éramos las únicas que lo teníamos operativo. En plena pandemia tuvimos un aumento del 25% en las ventas de toda la historia de la marca. Al principio fue una situación de mucho temor: tener la mercadería y no saber si se vendería. Pero pudimos salir adelante. Todos estábamos muy asustados y sensibles, y quisimos sostener a las mujeres, que en ese momento estábamos saturadas entre colegios cerrados, Zoom y el encierro en casa. Creamos diseños para ese contexto, como un buzo polar para estar en casa, e invitamos a las clientas a sacarse el pijama y ponerse lindas. Íbamos a la tienda y mostrábamos los diseños por redes, y la respuesta de las clientas fue de agradecimiento, por mostrar buena onda en una situación como esa. Ya teníamos el e-shop desde antes de la pandemia y fuimos visionarias en eso. Hoy el canal online vende como un local más, aunque no lo supera, y eso está bueno porque la gente se sigue arrimando a la tienda física. Luego de la pandemia, en 2023, estábamos muy cansadas y con muchas responsabilidades, y juntas y muy seguras tomamos la decisión de cerrar los locales de Pocitos y Punta Carretas y centramos todo en Carrasco, donde arrancó la marca. Eso fue un antes y un después: desde afuera podía verse como que nos achicábamos, pero no era así. Las ventas se mantuvieron y quisimos volver a la esencia de VDAMIANI.

—¿Fue esa la decisión empresarial más difícil que tomó?
—Si, pero sabíamos que nos iba a dar mucho desde otro lado, principalmente paz mental. Hubo mucho miedo antes de tomar la decisión, pero algo bueno que pasó es que algunas de las chicas del equipo cambiaron de trabajo, fuimos manteniendo a las que estaban, y cuando centramos todo en una sola tienda no tuvimos que despedir a nadie porque todo se dio solo. Cuando uno se anima a arriesgarse, las cosas naturalmente se dan. Reformamos el local de Carrasco y además abrimos uno en José Ignacio. Ahora apostamos a una temporada más y la marca ha sido muy bien aceptada.

Victoria Damiani
Victoria Damiani, creadora de la marca VDAMIANI.
Ignacio Sánchez

—José Ignacio es una vidriera al exterior, ¿han pensado en llevar la marca a mercados internacionales?
—Desde hace dos años vendemos en una tienda francesa en Menorca, que todos los veranos europeos tiene diseños VDAMIANI en exclusividad. Su curaduría de decoración y moda es espectacular y para nosotras estar ahí es lo máximo. Hay ambición de seguir creciendo, pero hoy estamos bien con la empresa. Hay proyectos, porque siempre tenemos ideas, pero siento que nos van a venir a buscar —puede sonar como una locura— para llevar la marca para afuera. Nos han mostrado interés en franquiciar la marca y no descartamos escuchar propuestas. Nuestros diseños, uruguayos, destacan en todas partes del mundo.

—¿Qué desafíos afronta por el hecho de producir en el país?
—Es mucho trabajo producir acá, el proceso de creación de cada producto lleva más o menos un año. Lo que nos ha llevado a mantenernos tanto tiempo en el mercado es la constancia y ver las barreras como una oportunidad para evolucionar nosotras y la marca. Nada es fácil: esto lleva mucho trabajo, todo el tiempo hay que invertir y Uruguay no es barato, pero nosotras no vendemos ropa, vendemos talento. Lo nuestro no es la moda rápida, son cosas con buen gusto, onda y trabajo artesanal. Me gusta compartir el mensaje de que no dejen de apostar por la industria uruguaya, porque estamos contribuyendo al país y haciendo prendas que van a durar toda la vida.

Moda y tendencias para todos los gustos y edades

—¿Fue cambiando el perfil de las clientas con los años?
Al principio, cuando nosotras éramos súper jóvenes -antes de casarnos y tener hijos-, la marca inició con clientas de 15 a 23 años. Hoy el perfil no tiene edad. La marca fue creciendo mucho en detalles, diseño y calidad, y también fuimos creciendo nosotras. Ahí empecé a ver a la madre inquieta que decía: «Lo quiero, pero si mi hija se lo compró no puedo», y empecé a hablar con ellas y a decirles: «Claro que podés, se puede compartir». Empezar a romper con esas ideas estuvo bueno, porque la moda es para todas. Hoy las uruguayas, con el tema de que en las redes vemos mucha moda, el mundo y nuevos diseños, tienen más información y más seguridad, y eso está bueno. Con Popi sabemos que algo que nos gusta va a ser tendencia. Hoy con las redes tenemos un poco más de respaldo para que las clientas confíen en que eso va a funcionar. Pero también el tiempo les ha dado mucha confianza en la marca. La moda se instaló en Uruguay hace años, pero todavía cuesta un poco probar lo diferente: cuando hay una tendencia muchas personas buscan lo mismo. Sin dudas, hay diseños que son un boom; eso pasa todas las temporadas.

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