AMÉRICA ECONOMÍA
- Un mexicano bebe 410 botellas de refrescos de 8 onzas (235 centímetros cúbicos) al año, según datos de Femsa Coca-Cola. Y México es el segundo país que más consume bebidas carbonatadas en el mundo, después de Estados Unidos. Estas cifras no sólo avalan los crecientes grados de obesidad en México, sino también la contaminación en grandes ciudades producto de la enorme cantidad de desechos, entre los que no es extraño encontrar envases de plástico.
Para disminuir esta basura y aportar a la sustentabilidad ambiental, el embotellador Femsa Coca-Cola y el proveedor de refrescos Alpla hicieron un joint venture para crear la planta IMER (Industria Mexicana de Reciclaje) a través de la cual se recicla el PET -material de los envases de refrescos- para ser reutilizado en nuevas botellas. Además, crearon un diseño de envases que reduce el material ocupado para su producción. "Estás quitando como gramo y medio de PET por botella", dice Juan Pablo González, gerente de empaque sustentable. Si a esto se suman las 25.000 toneladas de PET que puede llegar a reciclar al año la planta IMER, las botellas sin fin son un aporte al medio ambiente. "La idea es recuperar todos los materiales que estamos poniendo en el mercado", dice Vivian Alegre, directora de Fundación Coca-Cola.
Con este reciclaje se disminuye el uso del PET y su materia prima, que en gran parte viene del petróleo, lo que a su vez reduce la emisión de contaminantes. "Es una de las opciones que hoy tenemos para darles un mejor manejo a los residuos que se generan, pero todavía hay mucho por hacer", dice Rubén Muñoz, de la Asociación Nacional de la Industria Química, para quien es fundamental la educación de la población. Y aunque por ahora Coca-Cola dice que el reciclaje no disminuye sus costos, con el tiempo espera que la planta recupere la inversión de US$ 20 millones.
EL PROCESO
A grandes rasgos, el proceso del reciclaje del PET es el siguiente: los envases aplastados de botellas llegan a la planta IMER incluso con sus tapas y etiquetas. Éstas placas son clasificadas, eliminando las de PET de colores o con material ferroso para luego ser convertidas en hojuelas. Así, son lavadas, se les quita el polvo, las etiquetas y tapas, y todos los metales que puedan traer, para luego pasar por un proceso de descontaminación, purificación, y neutralización del pH. Finalmente, se dejan todas las hojuelas con igual tamaño, se vuelven a purificar y se mide su calidad en un laboratorio para verificar que puedan ser usadas como envases para productos de consumo.
Luego, las hojuelas son transportadas a las fábricas de botellas de Alpla, donde la hojuela y la resina virgen se funden para producir el PET que dará origen a otra botella. Con todo esto se obtienen envases que contienen entre un 10% y 25% de material reciclado. "Hay otros que poseen hasta un 100% de material reciclado, pero son muy opacas", dice Alegre. AMÉRICA ECONOMÍA
Más que envases
- En IMER de a poco comienzan a desarrollar un negocio alternativo con la venta de los subproductos que se generan del reciclaje del PET, como el polipropileno de las taparroscas, vendido para hacer macetas, sillas y mesas, entre otros.
El polipropileno es un polímero versátil que cumple una doble tarea, como plástico y como fibra. Como plástico se utiliza para hacer cosas como envases para alimentos y como fibra se utiliza para hacer alfombras de interior y exterior.