La idea de pagar US$ 50 por una botella de Clos Apalta le pareció rara a un cliente de la chilena Viña Casa Lapostolle. En el mercado formal, cada una de ellas cuesta entre US$ 160 y US$ 190 y, difícilmente, puede bajar tanto de precio. El cliente se contactó con la viña, pero aunque intentaron seguir la pista y se pusieron en contacto con el vendedor, nunca lograron concretar la compra.
Este año la Viña sólo ha encontrado botellas falsificadas en dos oportunidades, pero el tema preocupa al rubro en general porque en Europa se habla de que 30% de los vinos que se venden son falsificaciones. Los viñateros chilenos temen que en poco tiempo esto llegue con fuerza. "Es un tema que está recién partiendo. Hace 10 años no había vinos que valieran más de US$ 20 y hoy hay productos de lujo", explican desde Viña Casa Lapostolle.
La piratería en Chile es aún muy burda, según cuentan los propios viñateros. Se trata de una adulteración básica, en la que lavan botellas y las rellenan con vino a granel. Se reconocen fácilmente porque la cápsula de sellado casi nunca corresponde a la original y están tapados con corchos de muy mala calidad. Sin embargo, en los mercados internacionales existen botellas casi idénticas a las originales.
"El mundo del fraude no se detiene ante nada. Lógicamente los productos de mayor nombre son de mayor atracción. Pero también hay vinos que no son de primera línea y que, sin embargo, están bastante falsificados", explica Mariano Rubio, especialista en tintas y sistemas de seguridad.
"Cuando el consumidor encuentre una gran ganga, que se olvide. Eso es una estafa", explica el presidente de Vinos de Chile. EL MERCURIO, GDA