Ejecutivos

El banquero que dio un brusco giro a su vida

En 2013, Eduardo Della Maggiora renunció a su trabajo y se instaló en África para dar clases de matemáticas; luego junto a otros socios creó una app que dona alimentos cuando alguien adelgaza

Della Marriora. En Hawai se convirtió en subcampeón mundial de Ironman.
Della Marriora. En Hawai se convirtió en subcampeón mundial de Ironman.

Hace siete años estaba en Nueva York trabajando en JP Morgan cuando se enteró que a su madre le diagnosticaron una leucemia terminal. Empezó a pensar cómo mediría su vida si se terminara al otro día y decidió tomarse seis meses para hacer algo «totalmente opuesto».

Se fue a Tanzania (África) a enseñarles a chicos de una aldea. Allí —mirando videos— se apasionó por la competencia Ironman y, después, entrenando diseñó una aplicación en la que quemando calorías se regala comida a los más necesitados.

En 2013 renunció a su trabajo y se instaló en África para dar clases de matemáticas e inglés.

Nació «Burn to give» (quemar para dar).El chileno Eduardo Della Maggiora, hoy 38 años, no reniega de haber trabajado intensamente de lunes a domingo, pero agradece el cambio. «Cuando pensé como me gustaría medir mi vida, si en éxito profesional, en dinero, en el éxito de una carrera académica me incliné porque sería bueno hacerlo por cómo usaba mi talento para ayudar a otros. Fue un choque», dice.

En 2013 renunció a su trabajo y se instaló en África para dar clases de matemáticas e inglés.

«Una noche estaba mirando videos de Ironman y las historias me parecieron inspiradoras. Decidí empezar a entrenar; hasta entonces solo me movía un poco. Además, ver la cara de la desnutrición en África (no porque no haya en Chile), me impulsó a armar una ONG para entregar microcréditos».

Con otros ex JP Morgan diseñaron Tyndall Group, una empresa de servicios de asesoría financiera. Se instaló en Colorado (EE.UU.), «un centro de innovación social y deportiva» que lo terminó de inspirar para el desarrollo de un «modelo de impacto social».

En un primer proyecto, en cuatro meses se quemaron 75 millones de calorías que se convirtieron en 150.000 raciones de comidas para mil niños

El tiempo de entrenamiento fue aumentando y, mientras perdía kilos, se le cruzaba «la idea romántica, medio poética, de regalárselos a los chicos que los necesitan». En Hawai se convirtió en subcampeón mundial de Ironman.

En marzo pusieron en marcha la web (el paso previo a la aplicación que ahora existe) de «Burn to give». Describe que necesitaban probar que funcionaban dos partes claves, la de los usuarios (con acceso gratuito) y la de las empresas dispuestas a pagar.

El dinero iría a niños con problemas de alimentación. «En 30 días quemamos 30 millones de calorías y sumamos 55.000 usuarios sin usar un peso en marketing; fue una posibilidad de chequeo gigantesco. Con los datos empezamos a visitar a las empresas más grandes de Chile, multinacionales a las que la propuesta les hizo sentido», cuenta.

«Burn to give» se baja de manera gratuita en los teléfonos móviles; tiene una comunidad de 100.000 usuarios que van quemando calorías de todas las maneras posibles, corriendo, caminando o subiendo por escalera en vez de por ascensor.

Las empresas no hacen donaciones, pagan por servicio de publicidad Premium: «Cobramos por la interacción con la marca; tenemos una métrica exacta y, ahora, un incentivo adicional: quien comparte en las redes su entrenamiento multiplica por dos las calorías quemadas; se convierten en embajadores de la marca», dijo Maggiora.

La aplicación vincula a los «quemadores» con las empresas que pagan por ese contacto con «deportistas, con un público socialmente consciente». El primer desafío fue para Haití. «Es el país del continente con mayor desnutrición severa; nos asociamos con una fundación a la que le entregamos alimentos y los distribuyeron».

Se quemaron 75 millones de calorías que se convirtieron en 150.000 raciones de comidas para mil niños en cuatro meses. Della Maggiora pasó por Córdoba porque en la ciudad está el equipo de desarrollo de la aplicación y el fondo de inversión Alaya, que invierte en emprendimientos tecnológicos de alto impacto con proyección global, como el del chileno.

EL ENFOQUE

La segunda campaña, que terminó el 30 de octubre, alcanzó a 1.000 chicos chilenos con problemas de exceso de peso y mal nutrición; entregaron 12.000 raciones. 

«Con el dinero compramos los alimentos, pedimos y entregamos reportes y métricas. Es una manera de evitar la corrupción; avanzaremos hasta poder hacer una trazabilidad de las calorías que permita, a quien las quemó, recibir la foto del niño que se beneficia».

Della Maggiora subraya que las empresas no hacen donaciones, sino que pagan por servicio de publicidad Premium: «Cobramos por la interacción con la marca; tenemos una métrica exacta y, ahora, un incentivo adicional: quien comparte en las redes su entrenamiento multiplica por dos las calorías quemadas; se convierten en embajadores de la marca».

El foco de los desafíos, por el momento, se concentra en los problemas de alimentación de los niños por su tangibilidad, pero no descartan —más adelante— flexibilizarlo. Ya hay un segundo modelo en marcha que es la organización de «desafíos internos» en las empresas. En esos casos, la compañía elige a quién destina el dinero en alimentos.

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