Nació en Montevideo, en diciembre de 1984. Cursó sus estudios en el colegio Jesús María, en el Juan XXIII y su carrera terciaria en Economía la dividió entre la Universidad de la República primero y la Universidad Católica después.
A los 18 años ingresó a la banca privada, a Wachovia Securities, pero tras siete años en el ámbito financiero dejó todo atrás y se fue a Europa. Durante el viaje se dio cuenta que en Uruguay «había mucho por hacer» y decidió volver. Trabajó como moza y terminó su carrera hasta que conoció a sus actuales socios, con quienes creó Sinergia Cowork. Considera que su proyecto democratizó al emprendedor pero «aún falta concientizar a los jóvenes» a que se animen a hacer sus proyectos. Vive sola, le gusta viajar, tiene dos hermanos y asegura que Sinergia es su hijo.
viene del ámbito corporativo, ¿qué la llevó a emprender?
Todo tiene que ver con el background de mi vida. Trabajé desde los 18 años en banca privada, en Wachovia Securities (banca de inversión del grupo estadounidense Wachovia) y estudiaba Economía. Elegí esa carrera porque considero que es muy amplia, es una buena herramienta. Pero con el tiempo comencé a evaluar cómo me presentaba como mujer en esa industria y sentí que no me proyectaba en esa carrera. No me gustaba depender de la Bolsa de Nueva York. Si subía o bajaba tenía que estar en la oficina. Sentí que no estaba agregando nada de valor y quería aprender en otras áreas. Entonces, por instinto, en 2011 renuncié y me fui de viaje.
¿Tenía claro que quería emprender?
Cuando renuncié no pensé en emprender sino en cambiar de área. Con el dinero me fui de viaje a Europa para tratar de descubrir qué quería hacer en el futuro. Fue un viaje muy disruptivo, me sirvió para darme cuenta que en Uruguay está todo por hacerse.
Cuando volví, comencé a trabajar como moza en un restaurante (La Pe, en la Pedrera) donde trabaja mucha gente joven. Me fui a vivir a La Pedrera cuatro meses. Volví a Montevideo, terminé la facultad, y volví a trabajar en la próxima temporada con ellos. En ese interín, desde lo informal comencé a ayudar a amigos con diferentes proyectos en el área gastronómica. Fue entonces que me empecé a enamorar de la gente que quiere cambiar algo. Precisamente en la Pedrera, en una tarde de febrero conozco a Federico (Lavagna) uno de los actuales socios de Sinergia. Me cuenta que había estado en un cowork en Madrid y comenzamos a hablar. Le dije que me interesaba, busqué información y me enamoré del proyecto. Días más tarde, en Montevideo volvimos la idea en un proyecto más concreto. En el medio trabajé cuatro meses en Endeavor donde coseché redes de contactos. Ahí se sumó Maxi (Pérez) el otro socio. Y un día vine a este espacio que estaba en construcción como un business center y al compararlo con otro en Madrid vi que había encontrado el lugar. Los convencí a Maxi y a Federico, y hablamos con los desarrolladores, con quienes terminamos asociándonos.
¿En qué ayudó ese pasado?
Desde haber trabajado en la banca privada hasta lo que hice de moza, animar cumpleaños infantiles de adolescente, trabajar en Endeavor, todo me ayudó a construir Sinergia. Animar cumpleaños me ayudó a ser más «cara dura», perder la vergüenza cuando hay que decirle a un cliente algo duro; ser moza y manejar mesas me permitió ganar experiencia con trabajo en equipo, porque en Sinergia no hago nada sola, sino que cada uno sabe cosas que yo no sé.
Es su primer emprendimiento y resultó ser exitoso...
Tenemos fracasos todos los días. Lo que hace la diferencia en Sinergia es que la actitud de colaboración es un hecho. Tiene que ver mucho con la entrega y el amor. Yo siempre digo que tengo un hijo de 1.500 metros cuadrados y creo que liderar es trabajar el doble que tu equipo, ser proactivo, solucionar problemas.
Siempre dice que en Sinergia la comunidad es clave, ¿por qué?
Porque es romper con el paradigma de que en Montevideo no pasa nada. En Sinergia siempre pasa algo, se comparte un evento, un almuerzo, alguien se gana un premio, hay ideas nuevas o alguien necesita ayuda. Es una comunidad donde todos están contenidos y nos retroalimentamos. Otro ya pasó por lo que vos pasaste, o tomando un café te encontrás con alguien del área de comunicación que te ayuda en un área de tu negocio que no habías pensado. Acá hay un 30% de freelancers y sus principales problemas son fijar precios, cómo se formalizan (ya sea una SRL o una unipersonal), etcetéra. Acá, esa información la podés encontrar. También surgen proyectos nuevos, porque alguien tiene una idea que no anda y debe virar o dejar atrás su proyecto y dar el paso adelante. Hay un tema de actitud. Estamos haciendo una encuesta de clima y lo que la mayoría rescata es la «buena onda». Por eso les proponemos a quienes quieren venir que antes prueben un día para ver si es el ambiente al que quieren pertenecer.
¿Cómo manejan los ruidos en un espacio abierto y con tanta gente?
Al inicio se nos planteó el «problema» de cómo manejar las normas de convivencia en una apuesta tan grande, donde 250 personas pasan por acá todos los días. Pero la cultura que se está generando hace que no haya problemas de ruidos. Además hay espacios que están pensados para más ruido y otros no. Pero todo tiene que ver con las personas. Generamos un espacio para una cultura y los que están adentro se suman y la respetan.
Al inicio eran el único espacio de cowork, ¿cómo los impacta que ahora haya dos más?
Lo lindo de esto es que demuestra que la cultura de espacios de cowork funciona. Cada uno puede ir al que más le guste y se ajuste a su proyecto. Y al existir más espacios, se construye la cultura del cowork, el adolescente que viene a escuchar nuestras charlas sobre esta cultura sabe que existen y pueden elegir según la identidad que quiere generar. Nos pasó con gente más del ámbito corporativo que venía porque pensaban que era «cool», pero no tenemos nada de eso. Entonces se van. También hemos conquistado a personas que llegan a colaborar, a respetar las reglas de la comunidad. Somos muy flexibles. Venís un mes y al otro te podés ir. Se cobra por lo que se usa y te podés ir cuando quieras.
¿Trabajan en conjunto con los otros cowork?
Les planteé concretar una reunión en algún momento para hacer algo en conjunto, pero por las distintas dinámicas de cada uno no se ha concretado. Igual, sí hemos conversado para ver qué problemas tenemos en conjunto. Incluso, antes de abrir Sinergia nos juntamos con Mario Sánchez, que estaba por abrir CoWork y hablamos de cómo resolver algunas cosas.
Es que si no colaboro con mis colegas es una paradoja gigante. Creo que se debe dar ese intercambio, porque el gran desafío en los espacios de cowork es generar una comunidad, para que no sea solo una moda que una vez que pase se termine.
¿Cuántos proyectos han pasado por Sinergia?
Por lo menos han pasado en el espacio de cowork unos 300.
A un año, ¿considera que ya es un negocio consolidado?
Sí, hemos logrado los objetivos planteados. Se llegó rápido al punto de equilibro, a mitad de 2014. Pero no abrimos Sinergia con la cabeza de retorno económico, no es un emprendimiento súper rentable. Los jóvenes tenemos una visión de éxito que no solamente es ganar dinero, sino generar cambios cualitativos en nuestro entorno. Este un espacio multiplicador en la zona. Al kiosko y a la pizzería le va mejor. Antes que lugares como éste existieran, el emprendedurismo era muy de élite, solo si tenías algunos contactos o habías estudiado determinadas cosas. Creo que lo que logramos fue democratizar el emprededurismo; cualquier persona que tuviera una idea en Uruguay puede venir a Sinergia a desarrollarlo.
¿Cuáles son las unidades de negocio?
Tenemos renta del espacio de cowork, sala de eventos, alquiler de oficinas, Sinergia Garage (asesoría de consultorías), Sinergia Tech, la incubadora (una parte es con un subsidio). La principal en ingresos es el cowork. Tenemos una sala de eventos que mueve un volumen importante de gente. Acá se han hecho eventos de AGESIC, de Unilever, hasta actividades de la Embajada de EE.UU. y la Universidad de Columbia.
¿Piensan seguir expandiendo la propuesta?
Si bien al inicio teníamos un plan de crecimiento más ambicioso, después, por la experiencia decidimos bajar un poco las metas y pensar mejor en cómo queremos crecer. Tuvimos un intento de crecer en Punta del Este que fracasó, aunque el espacio sigue funcionando muy bien. Esa decisión nos ayudó a pensar mejor qué es Sinergia, qué nos identifica, pensar mejor cómo y dónde crecer.
Ahora estamos proyectando la expansión con objetivos más claros. El síntoma más exponencial se va a dar más a largo plazo, porque el gran valor de este negocio surge si se genera una red y se derrama en otros locales, en otros países, porque seremos más eficientes en gastos e inversión.
¿Considera que ya maduró el sector emprendedor?
Este año estuve en Chile en un evento donde concurren más de 17 países de América Latina para hablar sobre emprendedurismo y me quedó la sensación que el ecosistema uruguayo es muy joven. Evoluciona bien y rápido; de hecho, las incubadoras y los cowork lo dinamizaron y generaron canales. Creo que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) fue un cambio importante. Igual hay mucho trabajo para hacer; el debe más grande es explicarle a la gente joven que emprender es una alternativa. Aún seguimos educando jóvenes que quieren ser empleados públicos o trabajar en una empresa.
En la academia se debe ofrecer más contenido de «emprendendor», como nociones de user experience, de liderazgo, de ventas, finanzas, legales, contables, entre otras. Otra de las falencias que detectamos es que las grandes empresas de Uruguay deben seguir apostando a esto. En EE.UU. las firmas más importantes entienden el valor que generan los emprendimientos en el desarrollo económico de su país y los apoyan y facilitan. Es la manera rápida de modernizarse. También faltan inversores idóneos para el área, no solo que sean personas que tengan dinero sino que sepan... es el denominado «smart money». Ahora hay iniciativas como Piso 40, pero hay que sacarle más el miedo y pensarlo como algo más mundano, qué jóvenes exitosos pueden ser inversores.
«muchas veces las barreras las ponemos nosotras»
Fue seleccionada para participar del programa We Americas en EE.UU., ¿qué le dejó esa experiencia?
Del viaje, que duró tres semanas, volví con ganas de hacer algo para empoderar mujeres. Estoy en contra de la discriminación positiva, sin embargo, en el viaje 17 mujeres de América, empresarias y de la academia, me convencieron de que empoderar a una mujer tiene un impacto súper positivo para la comunidad. Porque es madre, se involucra más en la comunidad y si lidera tiene una visión macro y más capacidad de empatía. En ese país las grandes corporaciones apoyan iniciativas de la mujer, por ejemplo The Club en San Francisco (lo esponsorean Google y Facebook) para que las mujeres se desarrollen. Volví con la sensación de que muchas veces las barreras las ponemos nosotras: nos da miedo sentarnos a negociar con un hombre, nos exigimos un montón. También debemos pensar en empoderar mujeres de cualquier ámbito. Hay que decirles a las niñas que no solo tienen que ser madres, que pueden ser otra cosa y que ellas elijan. Ya hay un camino que en Uruguay comenzó con Más Emprendedoras y la Organización de Mujeres Empresarias (OMEU).
APUNTES DE CARRERA.
2011
En agosto, a sus 26 años y tras estar siete en la banca privada, decide renunciar y con sus ahorros hacer un viaje por Europa a buscar «un camino».
2014
En febrero renuncia a su puesto en Endeavor, donde estuvo cerca de cuatro meses realizando mentorías, y se focalizó totalmente en su proyecto de Sinergia Cowork.
2014
En abril inauguró, junto a sus socios, Sinergia Cowork. A la fiesta de lanzamiento asistieron más de 1.000 personas, una concurrencia mayor a la esperada.
2015
En septiembre se embarcó en el programa We Americas, impulsado por el presidente Barak Obama. La experiencia cambió su concepción de las mujeres en la comunidad.
CIFRAS DEL NEGOCIO.
250
Son las personas que trabajan diariamente en diferentes emprendimientos en Sinergia Cowork.
1.500.
Son los metros cuadrados que ocupa, ubicado en Gonzalo Ramírez entre Minas y Magallanes. En sus dos plantas conviven espacios de cowork, oficinas cerradas, sala de eventos, comedor y espacios comunes.

Entrevista | Macarena Botta - Cofundadora de Sinergia CoworkPor Antonio Larronda | alarronda@elpais.com.uy