JORGE CAUMONT
En 1948 un Nobel de Economía, Paul Samuelson, escribió sobre la igualación de los precios de los factores de producción. Despuntó una teoría que se basa en que los precios relativos de dos factores de producción idénticos, como por ejemplo el trabajo de dos personas, en el mismo mercado, pueden llegar a igualarse si existe competencia entre ellos. Samuelson aseguraba además, que un país con un precio más bajo de un factor productivo, al integrarse comercialmente con otro país con igual factor pero más caro, asistiría a una suba de precio de su factor productivo y a una baja en el precio del factor relativamente más caro hasta que se produciría una igualación en cuanto a rendimiento salarial.
Más adelante, dos economistas suecos, Eli Heckscher y Bertil Ohlin, sobre la base de la teoría de David Ricardo de las ventajas comparativas, extrajeron conclusiones adicionales. Para ellos, los países deben exportar productos que usan de manera intensiva los factores de producción que tienen en abundancia relativa y que tienen, por ello, que ser los más baratos. Y también señalaban que esos países deben importar los productos que usan los factores de producción relativamente más escasos para ellos. La evidencia empírica les ha dado la razón.
UN EJEMPLO. Para Hecksher-Ohlin, un país en el que la tierra y los servicios del trabajo son abundantes sus precios serán relativamente bajos, y tendrá ventajas comparativas en la producción y exportación de bienes que requieren mucha tierra y mucha mano de obra y poco capital. Los bienes intensivos en el uso de capital serían, por otro lado, muy caros para producir y su precio alto. Por lo tanto el país estará mejor importando ese tipo de bienes.
A fines de los años setenta, Anne Kruegger llevó adelante para el Banco Mundial un estudio de varias naciones, entre las que estuvo Uruguay, con el objetivo de probar el teorema de las ventajas comparativas a partir de las dotaciones de factores de producción. Y comprobó que, en ese momento, se cumplía plenamente para nuestro país y para la mayoría de las restantes naciones para las que se investigó la realidad.
AJUSTE DINÁMICO. Desde comienzos de los años ochenta, el comercio internacional comenzó a ser relativamente más libre. Menos restricciones arancelarias y cuasi arancelarias se han sucedido en países más desarrollados, como en países emergentes pues se comenzó a reconocer que un comercio internacional más libre trae consecuencias beneficiosas para los países en general. Sobre este punto no hay duda pues la evidencia empírica ha sido, en ese sentido, demoledora de la postura, nunca probada, que el proteccionismo mejora el bienestar general. Pese a la oposición que aún existe, la globalización ha provocado significativos avances económicos a las naciones y ha permitido acelerar el crecimiento y el desarrollo de las que menos la han resistido.
Pero la globalización ha provocado lo que Samuelson adelantara en su teoría de la igualación de los precios de los factores productivos. Ya se había visto funcionar en Japón, cuando en los sesenta perdiera la ventaja comparativa que tuvo en algún momento por su mano de obra relativamente barata y ante el crecimiento económico y el de los salarios debió ceder determinadas producciones intensivas en mano de obra a Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong. El crecimiento y expansión económica de estos cuatro países también con el tiempo, les encareció relativamente a su mano de obra y debieron ceder muchas producciones intensivas en ella a otras cuatro naciones: Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas. Estas, en su momento, han estado compartiendo producciones de similar naturaleza con la creciente China y hasta con países como Viet Nam en Asia y El Salvador y México en América.
Como lo establece el modelo de Heckscher-Ohlin, los países se especializan en la producción de los productos para los que su dotación de factores de producción es relativamente más abundante, por ser los factores relativamente más baratos. Pero como lo estableciera Samuelson, la apertura comercial de las naciones, a la larga, provoca la igualación de los costos de los factores de producción y en ese sentido la mano de obra, abundante en su momento en los países mencionados, pasó a ser cara en términos de relación productividad-salario en cierto momento. Ello ha desplazado las producciones intensivas de mano de obra entre los países indicados.
CHINA Y ESTADOS UNIDOS. En los últimos 25 años China ha crecido a gran ritmo y es uno de los protagonistas del comercio internacional. La inversión extranjera directa la ha tenido como la estrella, desplazando hace ya más de década y media a la hasta entonces nación más favorecida: Brasil. La numerosa población hacía de China una nación con una ventaja comparativa para la producción de bienes intensivos en el uso del trabajo. Pero, como ocurriera con los países mencionados anteriormente, que debieron pasar de la producción intensiva en mano de obra a la intensiva en otros factores, como el capital y el tecnológico, también China se ve amenazada por una situación similar. Aunque por ahora no se ha manifestado con intensidad, hay al menos cinco sectores productivos de Estados Unidos que no es improbable que dejen de tercerizar su producción en China y regresen a producir en la nación norteamericana. Esos sectores, a los que pertenecen empresas que han emprendido la retirada de China para volver a Estados Unidos, son: muebles, computadoras y electrónicos, equipos y aparatos eléctricos, productos plásticos y de goma y productos metalmecánicos.
Varias razones explican el fenómeno de su retorno a Estados Unidos. Si bien tiene que ver la crisis internacional y la de la nación norteamericana en particular, que ha llevado a un descenso muy importante del dólar en el mundo y frente al yuan, son importantes otros motivos. Los costos salariales en aumento pronunciado en China, por encima de la productividad, que han reducido su ventaja absoluta sobre el costo salarial norteamericano ajustado por mayor productividad y la mayor flexibilidad en las posturas de varios sindicatos norteamericanos por la crisis, que han resultado también en menores costos laborales y el dilatado período que lleva el recibir los productos desde el momento que se han planteado las órdenes de producción y los costos de transporte, son las razones adicionales para la reversión que tienen las ventajas comparativas.
El comercio internacional ha provocado la igualación en Estados Unidos de los costos salariales o el precio por unidad de servicio prestado por el trabajador ajustado por su productividad, en varios sectores productivos. No es improbable que la tendencia continúe y que, tras China otros países como se insinúa en México con algunas de sus maquilas, comiencen a sufrir una reversión en la afluencia de inversiones extranjeras directas para la producción industrial. Y entre los que pueden sufrirla no debemos descartar a nuestro propio país.