Llegó la primavera a Stuttgart. Los cafés están llenos y la gente joven camina del brazo a lo largo de las atestadas aceras de la ciudad. La estación central de trenes está sumamente pulcra al igual que los parques de la ciudad. El Motown alemán sin duda no es ningún Detroit.
Alemania ha sido criticada por muchos estadounidenses por no hacer más para estimular su economía, y sus políticas están lejos de ser perfectas. Su inclinación hacia las regulaciones puede trabar el crecimiento en las buenas épocas. Aun con los subsidios estatales, la tasa de desempleo podría subir este año si el producto bruto de Alemania cayera entre 4% y 5%, como se ha pronosticado.
Si ese es el peor de los casos, Stuttgart seguirá siendo un oasis industrial comparado con Detroit, razón para que los funcionarios de Washington aprendan de los legisladores de Berlín.
La recesión global ha castigado a las empresas automovilísticas alemanas. Las ventas del primer trimestre han disminuido entre un 15% y un 25% en las distintas empresas.
Las automovilísticas alemanas dan pocas señas de ser más inteligentes que los titanes corporativos de General Motors Corp. y Chrysler LLC que el Equipo Obama está rescatando con subsidios multimillonarios en dólares.
En lugar de ello, resulta crecientemente claro que el corporativismo del Estado alemán, la maldición de los capitalistas anglosajones de pensamiento correcto, merece gran parte del crédito por el bienestar relativo de los ciudadanos de Stuttgart, así como de la mayor parte de Alemania. El corporativismo estatal es diferente de la planificación estatal. Se abstiene de nacionalizar industrias y de aplicarles planes quinquenales oficiales.
ASOCIACIÓN CONSTRUCTIVA. Subsidios estatales y una plétora de regulaciones son distintivos de la idiosincrasia alemana, en la que patronal y sindicatos se han visto obligados a mantener una asociación constructiva que cada parte frecuentemente encuentra desagradable. Es el papel fuerte del gobierno en regular el comercio lo que ha salvado a la industria automovilística alemana de sí misma. El capitalismo con sordina está vivo y relativamente bien.
Durante años, los estadounidenses criticaron a Alemania y el resto de la "vieja Europa" por su política impositiva y la adicción a los subsidios gubernamentales, que ahora parecen leves en comparación con el rescate federal de Detroit. El desempleo alemán, que se halla en 8,1%, si bien casi iguala al de Estados Unidos, está de hecho más bajo de lo que estuvo hace muchos años. Un sistema elaborado de pensiones, seguridad social y servicios de salud nacionales mantiene fuera de los balances de las automovilísticas alemanas una mayor proporción de los costos vinculados con jubilados, desempleados y trabajadores enfermos que en el caso de Detroit.
Considere las implicancias para Daimler. Aunque la empresa amenazó con una primera ronda de recortes de empleos en su reunión anual de la semana pasada, la gerencia no puede llevarlo a cabo antes de fines del 2011 debido a los acuerdos sindicales. En lugar de ello, alrededor de la mitad de los 140.000 trabajadores alemanes de la compañía acordaron reducir la semana de trabajo y el resto podría estar sujeto a recortes salariales del orden del 14%, dijo recientemente Guenther Fleig, miembro de la junta de administración de Daimler para recursos humanos. Es posible que se ahorren otros 280 millones de euros mediante la demora de los desembolsos por participación en las ganancias.
LAS LEYES DE MERKEL. El gobierno también interviene en el mercado en formas que pueden ayudar al medio ambiente, incentivar la innovación e influir en el diseño y la venta de automóviles. Más recientemente, el gobierno de coalición de la canciller Angela Merkel acordó triplicar los fondos disponibles para pagar a los compradores de los nuevos vehículos de baja emisión de dióxido de carbono se deshagan de sus viejos automóviles.
Según este plan, los dueños de los vehículos pueden solicitar un subsidio de 2.500 euros cuando canjeen un automóvil que tenga por lo menos nueve años, considerando que el nuevo vehículo cumpla con estrictos estándares antipolución. El gobierno dice que espera que 2 millones de compradores soliciten los subsidios, lo que le costaría 5.000 millones de euros este año.
Como el programa ofrece un mismo subsidio no importa el precio del automóvil nuevo, favorece a los fabricantes de autos más pequeños y más baratos, muchos de ellos importados, a expensas de BM, Audi y Mercedes. Pero pone en las carreteras automóviles más baratos y que rinden más el combustible.
SALUD FINANCIERA. Comparadas con las de Detroit, las empresas automovilísticas alemanas están bien capitalizadas. Dieter Zetsche, máximo responsable de Daimler, dijo hace dos semanas en la asamblea anual de accionistas que el financiamiento de la empresa está "garantizado", en parte porque recientemente recibió una inversión de 2.000 millones de euros del fondo de riqueza soberana de Abu Dhabi a cambio del 9,1% de sus acciones. BMW dijo que seguirá siendo independiente y que no necesita alianzas globales para sobrevivir.
Los fabricantes de automóviles alemanes tienen un largo camino por delante antes de tomar la senda de Detroit. BLOOMBERG