JAVIER DE HAEDO
En los finales de trimestre se ha vuelto obligatoria una cita con la coyuntura, tanto por la divulgación de indicadores con periodicidad trimestral, como por la difusión de los comunicados de los comités de Coordinación Macroeconómica, conjunto entre el MEF y el BCU, y de Política Monetaria, interno del BCU. Y si bien la coyuntura ha estado dominada por la vigencia de la reforma tributaria y por la discusión interna al gobierno sobre los famosos "30 millones para la educación", me resulta inevitable dar un repaso a los indicadores más recientes y a los referidos comunicados.
A la reforma tributaria dediqué mi última columna, y en cuanto a los 30 millones, de la muy pobre discusión a que dio lugar, sólo rescato dos cosas. Primero, los inobjetables argumentos ("neoliberales", dirían algunos) que según Búsqueda dio el presidente Vázquez a los legisladores rebeldes, de acuerdo con la crónica que consta en la contratapa de su edición del jueves 18 de junio. Segundo, una suerte de autocrítica que se conoció por El País, en su edición del sábado 7 de julio, por parte de importantes figuras del gobierno, con relación a los reclamos de aumentos de gasto público que hacían en el pasado. Quizá este sea el comienzo de una etapa de "consistencia intertemporal" de nuestras figuras políticas. Tras haber pasado todos los partidos por el otro lado del mostrador, en el ejercicio del gobierno, quizá termine la inconsistencia que a lo largo del tiempo se observaba, con discursos cambiados entre circunstanciales gobiernos y oposiciones. De todos modos no hay que ser muy optimistas en la medida en que aún quedan, dentro del gobierno, sectores numerosos que siguen actuando como si estuvieran en la oposición, y fuera del gobierno, quienes de vez en cuando plantean reclamos sin fundamento que no harían si estuvieran en el gobierno, como recientemente ocurrió tanto con el gasto en educación, como con un pedido de ajuste semestral para los pasivos.
Entrando en la coyuntura, la balanza de pagos volvió a mostrar un resultado de 7,0% del PIB en el caso de la inversión extranjera directa, en el año terminado en marzo. Por otro lado, el saldo de la cuenta corriente mostró un déficit de 1,8% del producto, inferior al 2,2% registrado en todo 2006, y que, ajustado por las importaciones de maquinaria y equipo para Botnia, ha de estar seguramente por debajo de la mitad de aquel valor. Es decir, una cuenta corriente que no denota en absoluto desequilibrios entre oferta y demanda domésticas. En particular, con el resultado del sector público en torno al equilibrio, muestra al sector privado consumiendo e invirtiendo apenas por encima de su ingreso.
En cuanto a la deuda pública, más de lo mismo: en el primer trimestre aumentó en términos brutos casi en la misma medida en que subieron los activos externos del sector público, por lo que fue casi insignificante su aumento neto de dichos activos. De este modo se mantiene trimestre a trimestre la tendencia descendente en la deuda relevante como porcentaje del PIB, habiéndose ubicado en 51% al final de marzo.
También se conocieron nuevos datos de empleo y desempleo, al mes de mayo. La oferta de trabajo sigue en ascenso, consistentemente con el buen momento de la economía, y vuelve difícil la reducción del desempleo, aún cuando también sube la demanda por trabajo. Comparando, para el país urbano (localidades de 5.000 y más habitantes) los resultados de los meses de mayo de 2006 y 2007, se observa que la oferta de trabajo pasó del 61,3 al 63,7 mientras que la demanda pasó de 54,5 a 56,6. Es decir que el empleo subió en forma considerable. Tanto, que si no hubiera aumentado simultáneamente la tasa de actividad, el desempleo hubiera bajado al 7,7 en vez de mantenerse casi incambiado (bajó de 11,2 a 11,1).
En el frente fiscal, lo más importante es la mejoría que vienen mostrando UTE y Ancap, que en 2006 vieron bajar considerablemente sus excedentes financieros. En los primeros cinco meses los números de UTE mejoraron en 0,4% del producto con relación a 2006. En el caso de Ancap, ajustando por la diferencia en el stock de crudo, la mejoría es de 0,2% del PIB. Es claro que ambas situaciones pueden volver a cambiar, por falta de lluvias en el primer caso y por los niveles de precios en el segundo, pero los progresos con relación a 2006 son notorios.
Por último, en materia de datos, salieron los del IPC de junio, con una variación de 0,13%. Un buen dato, especialmente si se considera que el rubro frutas y verduras aún no comenzó el aterrizaje hacia precios normales. Si en junio los precios de frutas y verduras, relativos al IPC, hubieran estado en el promedio de los meses de junio de los últimos diez años, el IPC habría subido 7,1% en los últimos doce meses, un punto porcentual menos que lo que varió. Seguimos algo arriba del rango objetivo, pero no tanto como parece si uno se atiene al IPC sin más consideraciones. Pero en la realidad, y especialmente en el muy corto plazo, la relación inobjetable que en el largo plazo tienen precios y dinero, se ve superada por shocks de oferta que afectan y dan volatilidad a un índice con ponderaciones fijas.
También se conocieron las conclusiones de los comités de Coordinación Macroeconómica y de Política Monetaria. Lo más destacado del primero, en materia conceptual, fue el reconocimiento de la elevada inflación internacional relevante que se enfrenta, lo que tiene diversos orígenes: los precios de los commodities que exportamos y del petróleo que importamos, y el encarecimiento en dólares de nuestros vecinos, más visible en Brasil por la revaluación del real, que en Argentina donde se sigue agravando la brecha entre la inflación y lo que varía el IPC oficial. También, pero menos significativo en lo que va de 2007, el debilitamiento del dólar frente a las restantes monedas fuertes.
Ese diagnóstico es clave para explicar el desvío de la inflación con relación a las metas. Y, en ese contexto, es razonable pensar en que también aquí tengamos más inflación en términos de dólares. En la medida en que no se quiere una mayor inflación en pesos, la ecuación cierra con un menor tipo de cambio. Esto fue, en los hechos, lo único que pasó entre los dos últimos comités de Política Monetaria de fines de marzo e inicios de julio: el dólar bajó 1,45% entre ambas instancias lo que, en términos anualizados significa aproximadamente 5,5%. Porque en materia monetaria, de comportamiento restrictivo hubo poco y nada: la base monetaria, que entre los promedios de los primeros trimestres de 2006 y 2007 había crecido al 16,5%, entre los segundos trimestres creció al 15,3%. En el caso de los medios de pago, las tasas de crecimiento interanual son aún mayores, y más que duplican a la anunciada hace tres meses y ratificada ahora, del 9%.
En los informes de los comités mencionados no sólo se habla de la alta y creciente inflación internacional relevante para explicar los riesgos en materia de inflación. También se alude a que "la mejora de ingresos derivada del aumento del empleo y de los salarios reales dinamiza la demanda interna, lo que podría presionar sobre los precios". Pero esto no puede ser una sorpresa para las autoridades, ya que está en línea con lo programado y en particular el comportamiento de los salarios es resultado de políticas activas del gobierno (consejos de salarios, indexación y recuperación). En cambio, no se alude al aumento del gasto primario del sector público no financiero que, por primera vez en este período gubernativo, supera en términos reales a la tasa de crecimiento de la economía y que está programado que la siga superando, hasta 2009, cuando habrá acumulado un crecimiento de 10% por encima del producto en todo el quinquenio.
Esa omisión resulta curiosa, porque el presidente Vázquez explicó fundadamente a parte de sus legisladores la inconveniencia de subir el gasto en otros US$ 30 millones y la inflación fue central a esa explicación.
Dicho sea de paso, idéntico argumento se podría haber opuesto el año pasado al aumento dispuesto en la Rendición de Cuentas vigente este año. También, ante el aumento presupuestal que el Ejecutivo le propuso al Parlamento en la actual Rendición de Cuentas, que regirá en 2008. En ambos casos se aumentó el gasto con relación al establecido en 2005 en el presupuesto, que ya preveía escalones anuales. Imagino que a los legisladores les costará entender por qué todo aquel gasto no era inflacionario, y sí lo serían 30 millones más.