Se enfrió el mercado local de helados

| Después de profundos cambios la competencia en helados industriales se centra entre Conaprole y Crufi

Los operadores aseguran que el nivel del consumo está directamente ligado a las dificultades económicas de la población, estimándose que actualmente los uruguayos consumen 3.5 litros per cápita, cifra que está muy por debajo de los 25 litros y 20 litros que registran Estados Unidos y los países escandinavos respectivamente. El consumidor medio de nuestro país considera al helado como un postre y quienes lo ingieren tienen ciertas reservas en relación con el aumento de peso.

El producto se segmenta por su forma de elaboración en industriales y artesanales. Los primeros son de un consumo masivo debido a la mayor cantidad de bocas de venta y su líder es Conaprole, seguido por Helados Crufi, marca nacional que en solo dos años logró consolidarse en un negocio muy competitivo. Respecto a los helados elaborados en forma artesanal, La Cigale y Parmalat son los referentes más fuertes para nuestro mercado.

LIDER. Hace un año Conaprole sacudió la escena al llegar a un novedoso acuerdo con Sudy-Lever, filial local de la multinacional anglo-holandesa Unilever para potenciar su participación en el mercado local de helados. A partir de ese momento Conaprole comenzó a fabricar las marcas Kibon (ex Bresler) y Gebetto —sus principales competidores en lo referido a helados de carácter industrial— que pasaron a ser distribuidas por Cemesa, la compañía que se encarga de trabajar con los productos congelados de la cooperativa láctea uruguaya.

En una primera etapa Conaprole adquirió el stock de helados de Sudy-Lever, además de sus freezers, quedando como líder solitario y sin competencia a la vista. Estos cambios ya habían comenzado a mediados de la década de los años noventa, cuando Unilever acercó hasta el entonces quieto mercado nacional de helados el producto Bresler. La multinacional desarrolló una agresiva y recordada campaña publicitaria, al tiempo que imponía el uso de los freezers a lo largo y ancho del país. El impacto producido por esa irrupción provocó, además de dinamizar su comercialización, un profundo cambio en los patrones culturales de los uruguayos, aumentando el consumo de helados en forma significativa y desconocida hasta entonces. Posteriormente, Unilever adquirió la empresa local Gebetto, cuya marca quedó sólo para los envases familiares. En el año 1997 la multinacional adquirió en Brasil la marca Kibón, nombre que sustituyó a Bresler en nuestro país como forma de unificar su trademark en la región. Para el año 2000 el consumo de helados en Uruguay se incrementó de un promedio de dos litros anuales per cápita a cinco litros. ECONOMIA & MERCADO intentó profundizar en la información, pero los directivos de Conaprole declinaron hacer manifestaciones en ese sentido.

NUEVO ACTOR. Al mismo tiempo que Sudy-Lever se retiraba de escena, los helados fabricados en nuestro país comenzaran a ganar terreno. En ese marco, las empresas locales que sobrevivieron fueron aquellas que se encontraban preparadas para brindar determinados estándares de calidad. Tal es el caso de un nuevo emprendimiento, Helados Crufi, que está conformada enteramente por capitales nacionales y que ha recibido importante apoyo financiero por parte de entidades bancarias como el Banco Sudameris y el BROU. La compañía instaló casi 6.000 freezers en todo el país en tan solo dos años de funcionamiento.

"Salimos al cruce con un producto de buena calidad y de precio accesible", sostuvo su director Leonardo Cruz. Agregó que en momentos de incertidumbre financiera como los actuales, no se debe permanecer estático sino que hay que intentar movimientos que tiendan a la expansión. "Creo que nos fue bien porque hicimos una inversión fuera de lo común para lo que se estaba viviendo", afirmó.

La empresa surgió en 1993 como distribuidora de helados Smak —antigua y reconocida empresa que no pudo superar la actual coyuntura— y en 1995 pasó a fabricar su propio producto con la marca Oso, que hoy ha desaparecido del mercado. Leonardo Cruz sostiene que "quien se mantenga firme tiene posibilidades de quedarse, pero quien tambalea lo más probable es que no se pueda levantar", en el entendido de que se debe salir a la caza de nuevos clientes y realizar nuevas inversiones como forma de vehiculizar una salida. Junto a la evolución comercial de la firma se encuentra el hecho de que Crufi registra una fuerte presencia a nivel de las más importantes cadenas de supermercados. Sobre el punto, su responsable asegura que "es como jugar en primera división y no resultó nada sencillo, para eso tuvimos que invertir". La presencia en las grandes superficies amplificó el crecimiento de la empresa y su exposición ante los consumidores, sin necesidad de realizar una gran apuesta en el área publicitaria, acentuando el enfoque en la relación calidad-precio como forma de generar crecimiento en momentos en que quienes se paran frente a una góndola lo hacen cuidando sus bolsillos.

La línea de productos de Crufi incluye los llamados "impulsivos" (sándwich, bombón, casata y palito), además de una línea familiar con barras de uno y dos litros, sin olvidar el segmento gastronómico, atendido con postres helados y tortas. Durante la temporada alta, la compañía ocupa a 120 funcionarios. En los meses de frío el consumo de helados puede caer hasta 80%, pero se considera que este invierno el crecimiento ha sido superior en un 30% respecto a temporadas anteriores.

El nicho del producto artesanal

Los helados artesanales cuentan con una ventaja respecto a los industriales que está basada en la calidad y diversidad del producto. La Cigale es dentro de esa área una de las firmas que ha logrado una mayor consideración por parte de los consumidores, acompañada por las gelatterías de la multinacional italiana Parmalat. El gerente de marketing de esta última, Mariano Gutman, informó que la venta de helados es un negocio mediante el cual la compañía fomenta su imagen. "Se pretende transferir a un producto artesanal toda la tradicional cultura heladera italiana", sin intentar ser un producto de consumo masivo. En ese sentido es que existen los dos locales —fueron tres en otros momentos— en donde trabajan cuarenta personas desde hace cinco años. El empresario sostuvo que "no escapamos al hecho de que todo el comercio está golpeado por la caída del consumo, pero creo que podremos revertir la situación a corto plazo", sin olvidar que el consumo de helados en los locales cae no bien termina el verano. Según Gutman, los consumidores de helados artesanales en nuestro país se han vuelto más exigentes, aunque todavía se está lejos de los niveles internacionales. De todas formas, el mercado "se ha ido solidificando". Reconoció que "tomar un helado en nuestros locales no es prohibitivo", pero la competencia, la difusión y el crecimiento del helado industrial se hace sentir, para lo cual "lo importante ahora es mantenerse y ser cuidadosos con los equilibrios". "Podemos convivir con el helado industrial porque hay lugar para ambos", remarcó Gutman.

La Cigale, que ha forjado su prestigio desde 1959, es el referente más importante en helados de elaboración artesanal en el medio local. La empresa cuenta con quince locales —que llegan a veinte durante el verano— con los que genera 160 puestos de trabajo, que se transforman en 220 durante la temporada estival.

Para su director, el Cr. Carlos Lorenzo, el mercado se está comportando de forma "rara" tras las diferentes movidas realizadas a escala industrial, al punto de concentrarse la competencia entre sólo dos compañías. "El problema es que si el líder pierde dinero, ¿qué pueden esperar los demás?", se preguntó. En lo que respecta al sector artesanal, el empresario destacó que "está pasando por un momento particularmente difícil ya que hay más casas cerradas que las que aún continúan trabajando" debido a la recesión.

Por una razón de poder adquisitivo, los locales de la cadena que funcionan mejor son los que están ubicados en las zonas costeras de Montevideo, como Pocitos, aunque la caída en el volumen comercial del Centro de la ciudad no ha afectado a La Cigale tanto como podría suponerse. "Sin embargo, no estamos bien en el local de Ejido", sostuvo Carlos Lorenzo, ya que transita menos gente por la explanada de la IMM debido a la descentralización operada por la administración comunal.

El empresario reconoció que el consumo promedio de nuestro país se encuentra muy lejos de los estándares internacionales, incluso de los regionales.

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