Riesgo, incertidumbre e inversión

JORGE CAUMONT

A nivel académico no se plantean dudas: para que un país crezca sostenidamente y no solamente en el corto plazo, es necesaria la inversión. Obviamente a un ritmo mayor al que se deprecia anualmente el stock de capital. Desde el otro extremo, el del vulgo —aunque desde otro punto de vista— se acepta lo mismo. Por eso, un reconocido comediante argentino hacía decir a uno de sus recordados personajes de la década de los ochenta, que para ganar hay que invertir. El Ministerio de Economía y el Banco Central han expresado al FMI el objetivo del gobierno de mejorar las condiciones de vida de la población. Se proponen cumplir esa meta sobre la base, entre otras cosas, de un "complexivo programa económico que apunta al aumento de la inversión, a estimular el empleo y a alcanzar el crecimiento y la estabilidad macroeconómica".

Es cierto que la inversión es fundamental para el crecimiento económico. Cualquier país produce de acuerdo con el empleo de la dotación de capital que posee en todas sus formas y de trabajo, también en todas sus formas. Si el stock de capital es creciente, porque la inversión es superior al capital que se deprecia en el proceso productivo, entonces es altamente probable que el empleo suba, que la productividad de la mano de obra aumente, que los salarios tiendan a crecer y que se concrete lo deseado. Aunque debe alertarse que, aun incrementándose la inversión, en algunos casos puede ocurrir que las oportunidades de trabajo disminuyan, al menos temporalmente. Es la situación que se plantea, por ejemplo, cuando la inversión es para sustituir determinadas formas de empleo humano o de determinadas formas de capital humano, pues su costo es alto y sus sustitutos —capital en todas sus expresiones— pueden ser relativamente más económicos.

OBJETO DE INVERTIR. Quien invierte distrae recursos de una determinada asignación hacia otra, pues estima que la probabilidad de obtener ganancias —y hacerlas propias— será mayor en la nueva actividad que la ganancia que logra en la aplicación actual de sus recursos o en otras alternativas que considere en su análisis. Es esta la razón fundamental de la inversión privada, local o extranjera, doméstica o externa. Es, en definitiva, uno de los principios fundamentales del capitalismo. Nadie, voluntariamente, decidirá invertir si no tiene la esperanza de lograr beneficios que le compensen su decisión. Nadie del sector privado, voluntariamente, invertirá por solidaridad, para perder lo que ya está ganando por retorno del capital que ha asignado a cierta actividad. Este es un principio que está en la base de las decisiones de los inversores al tiempo que es, además, una característica de la naturaleza humana.

El proceso que lleva a la decisión final de invertir considera la rentabilidad probable de la inversión y la probabilidad de apropiarse de los frutos de la misma. Considera los ingresos que estima obtener durante la vida útil de la inversión y los compara con los probables costos y gastos en los que deberá incurrir. Si los excedentes que le quedan a lo largo del plazo de la inversión son satisfactorios y le cubren el monto invertido más la rentabilidad deseada, entonces procederá a volcar a ella los recursos necesarios. Evalúa siempre, como es obvio intuir, los riesgos de su emprendimiento, así como la incertidumbre que puede surgir para la apropiación de los retornos de dicha inversión. Si los riesgos son altos pero salvables y tiene la certeza que las reglas de juego de la economía no se modificarán, entonces la inversión será realizada. Si, por el contrario, no obstante ser los riesgos del negocio salvables, no hay certeza que los frutos de su inversión sean apropiables por el inversor, la inversión no se realizará.

RIESGOS. El retorno de la inversión en Uruguay está hoy altamente condicionado por numerosos factores. Muchos constituyen fuertes riesgos para el inversor por las modificaciones que reiteradamente se producen en ellos. El mercado interno es pequeño y volátil en su demanda, el tratamiento fiscal que soportan los productos que se venden achica al mercado aún más, la carga fiscal sobre los ingresos netos de los productores es muy alta, la que grava el empleo de trabajadores es volátil y discriminatoria entre actividades productivas, al tiempo que la flexibilidad para escoger la mejor alternativa laboral está limitada por los montos a pagar para prescindir de algún trabajador y contratar a otro. También es alta la presión fiscal sobre los activos de las firmas, los insumos monopólicos provistos por las empresas del Estado son caros por los componentes fiscal y cuasi fiscal que contienen, el tipo de cambio es una variable difícil de estimar para todo momento del lapso de vida de la inversión por recurrentes crisis, los salarios tienden a fijarse al margen de las condiciones de mercado de las empresas y la ausencia de un mercado de capitales le impone problemas de continuidad de soporte financiero bancario.

Los riesgos para una inversión son, en consecuencia, altos y previenen asignaciones importantes de recursos a actividades productivas del país. En los últimos tiempos, las mayores inversiones han sido en empresas de sectores que soportan baja presión fiscal: agro, algunas industrias con exoneraciones o exportadoras, y alguna más. En gran medida, la inversión ha sido para mantener la actividad antes que para crecer a partir de ella.

En definitiva, o los riesgos son salvables de antemano o sencillamente se decide no enfrentarlos, desechando la inversión. El efecto es considerable: el desempleo es alto y las remuneraciones bajas en relación con lo que esas variables serían con una inversión mayor.

INCERTIDUMBRE. Pero si los riesgos de invertir en Uruguay son altos, la incertidumbre a la que se enfrentan los inversores no es menos significativa. Hechos recientes les han llevado a repensar eventuales emprendimientos en el país. Los ejemplos son numerosos. Las consultas populares han sido frecuentes y sus campañas sucias, por el tenor de las justificaciones para votos a favor o en contra de una determinada ley o iniciativa. El rechazo de la población a las inversiones privadas en el sector de abastecimiento de agua y saneamiento o el episodio del voto negativo a la posibilidad de asociación de Ancap con empresas privadas, son ejemplos concluyentes. El episodio laboral en Gaseba, la norma que prohibe a la fuerza pública la desocupación de trabajadores que hayan ocupado empresas, algunos artículos del anteproyecto de ley a estudio de Senadores sobre el fuero sindical, y otras cosas por el estilo, acentúan la negativa —por incertidumbre exógena sobre el marco para emprendimientos— de los inversores a redoblar esfuerzos y asignar recursos a distintos sectores productivos.

BENEFICIOS. Riesgo e incertidumbre afectan a los beneficios esperados de las empresas al momento de invertir. Riesgo en la consecución de beneficios, incertidumbre en la continuidad de la actividad y en la captación de los beneficios que se podrían obtener una vez en marcha. Con esas dos condiciones de la inversión jugando en contra, que desde hace mucho tiempo lo hace la primera, y con la posición conocida del partido de la nueva administración cuando estuvo en la oposición en el caso de la segunda, es difícil considerar al marco actual como favorable para que se concrete lo que el gobierno desea de la inversión.

Para agravar la situación se pueden mencionar otros aspectos que han jugado en contra en los últimos tiempos, y que han afectado y afectan el estado de ánimo de los inversores. No es desconocido para nadie que aparecen posturas diferentes de sectores muy importantes del gobierno contrarias a las intenciones del Ministerio de Economía. Algunos de estos grupos han proclamado al socialismo como destino final del proceso que se ha iniciado en marzo. Se crea o no en esta posibilidad, lo cierto es que despierta, aunque más no sea marginalmente, la duda de los inversores y la incertidumbre afecta sus proyectos, haciendo que sean pospuestos o definitivamente abandonados. Como también afecta a quienes desean invertir, las posiciones antagónicas a las del Ministro de Economía y las dudas sistemáticas sobre la bondad de los inversores, de sectores que ideológicamente están distantes del capitalismo. Se desaprovechan en forma injustificada oportunidades que otras naciones buscan desesperadamente para crecer y se concentran en acuerdos de dudoso retorno para el país, básicamente por razones ideológicas que aceptan al imperialismo petrolero.

El inversor tiene muchas dudas para lanzarse al mercado. Riesgos existen pero, peor aún, la incertidumbre es sumamente alta y lo detiene.

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