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Reducción de la jornada laboral: una propuesta que afecta al empleo

Si no se modifican otras variables que determinan el costo de producción de las empresas, una disminución de las horas de trabajo manteniendo la misma remuneración es un aumento de salarios que, fácilmente es inferir, llevará a una menor cantidad demandada de horas de trabajo y de ocupación de trabajadores.

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La teoría microeconómica nos ayuda a anticipar lo que puede suceder cuando hay cambios en los determinantes de la oferta y de la demanda por un bien o por un servicio en un mercado, sea el mercado competitivo, monopólico, oligopólico, monopsónico o de otra naturaleza.

La demanda por un bien, por ejemplo, depende del precio del bien en cuestión, del precio de los sustitutivos y de los complementarios de ese bien, del ingreso de los demandantes y de otras cosas como las variables de entorno, edad, sexo, lugar y otras por el estilo. La oferta de ese bien depende también de su precio en el mercado y asimismo, de la tecnología de quienes lo producen, del precio de los insumos que se usan —sean los de las materias primas o los de insumos intermedios— y de los precios de los servicios que se emplean en la producción, sean los de los trabajadores según sus calificaciones, los de los bienes de capital y los de cualquier otra naturaleza. Es por estas aclaraciones que se puede afirmar que la teoría microeconómica —también conocida como teoría de precios— es tan importante para que, con un breve análisis, se pueda llegar a conclusiones que anticipen los efectos de los cambios que se den en las variables —determinantes— que influyen sobre esas dos fuerzas. Cambios que al operar en el mercado del bien o del servicio del que se trate, modifican a la cantidad demandada y ofrecida y, en consecuencia, a su precio.

Ejemplo

Esas aclaraciones previas las hago antes de aplicar la teoría microeconómica para señalar las consecuencias que, de acuerdo con ella, tendría en el mercado laboral, lo que se viene proponiendo con singular insistencia desde junio de este año por representantes de una fuerza política y que el pasado 1º. de Mayo, el presidente del PIT-CNT proclamara como “la necesidad de la reducción de la jornada de trabajo sin reducción del salario”. En otras palabras, la propuesta es trabajar menos y ganar lo mismo, lo que implica un salto del salario, que es la retribución que surge de la oferta y de la demanda por los servicios que prestan los trabajadores. Varias son las razones de muy dudosa validez que se mencionan justificando la propuesta. Entre ellas se sostiene que ha habido aumento de la productividad del trabajo, la necesidad de mayor ocio para los trabajadores, la tendencia mundial y regional a la reducción de las horas semanales de trabajo, la necesidad de trasladar ingresos de los que contratan a los trabajadores —que son quienes tienen ganancias— hacia quienes contribuyen a generarla, y otros argumentos supuestamente válidos para proceder a la disminución planteada.

Las posiciones en torno al tema son, obviamente, dos. Por un lado está la de quienes proponen esa solución por las razones señaladas y, por otra parte, están quienes son los que contratan a los trabajadores —empresarios y dueños de empresas privadas— que son quienes deberán enfrentar al mercado comprador de sus productos con el costo de producción más alto que implica la propuesta.

La reducción de las horas de trabajo semanal sin variar la retribución salarial, es decir, que las empresas alcanzadas por una medida de ese tipo sigan pagando lo mismo por menor horas de trabajo, no se constituye en un “almuerzo gratis” para la empresa ni, en el corto plazo —aun cuando la reducción de las horas se produzca en etapas—, para los propios trabajadores o, al menos, para muchos de ellos.

El análisis

Volviendo a la teoría microeconómica, si no se modifican otras variables que determinan el costo de producción de las empresas, una disminución de las horas de trabajo manteniendo la misma remuneración es un aumento de salarios que, fácilmente es inferir, llevará a una menor cantidad demandada de horas de trabajo y de ocupación de trabajadores. La explicación es sencilla: el aumento del costo de producción debido a la reducción de las horas de trabajo pagándose lo mismo que antes de la disminución, no podrá ser compensado por un aumento del precio del bien que se produce y se ofrece en el mercado. El precio solo podría subir y compensar el aumento de costos manteniendo la misma utilidad para la empresa, si la demanda por el producto fuera perfectamente rígida, absolutamente inelástica —es decir que a cualquier precio el mercado compra siempre la misma cantidad—, lo cual es excepcional tanto en el mercado local del producto como en mercados del exterior.

Ante la alta probabilidad de perder mercado por suba de precios debido al aumento del costo de producción y, además, ante la baja de la rentabilidad de la empresa, una vana e inútil primera reacción sería que aumente la competitividad medida de manera ingenieril, es decir que la relación insumo producto de los trabajadores sea mayor. Eso es imposible lograr en empresas en las que existen distintas productividades individuales, varios turnos que serán alterados en cuanto al cambio de personal en cada uno de ellos y otros problemas de medición por el estilo, considerando además las interrupciones por paros, huelgas, días feriados, etc.

La segunda reacción es la más probable: sustitución de trabajadores por inversiones con mayor productividad, sustitución de trabajadores de baja productividad por otros con mayor contribución por unidad de tiempo y por otras alternativas que, de todos modos, culminan con menor ocupación.

Generalmente se menciona como ejemplo que ahora se podría emular a la reducción legal de las horas semanales de trabajo a ocho horas por la ley del año 1915. No hay sin embargo, evidencia empírica ni que eso haya aumentado el desempleo ni que no lo haya mantenido. Hoy lo que la teoría nos dice es que la propuesta que se discute y que generará más discusión sobre todo el año entrante —electoral—, es que es altamente improbable que no aumente el desempleo.

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