Reconsiderando la RSE

| Para determinar la responsabilidad social se requiere conocer las entrañas de cada compañía, sobre todo sus sistemas de "gobernancia"

 20090711 Economía 2 360x220

BRYAN W. HUSTED (*)

En la reunión de Davos de enero de 2009, la agencia de investigación social Innovest publicó su listado más reciente de las "Global 100", es decir las cien empresas más sostenibles del mundo. En la lista se encuentran tres empresas españolas: Acciona, Iberdrola e Inditex. Para algunos españoles, este posicionamiento es motivo de orgullo. Sin embargo, creo que son más interesantes ciertas empresas que salieron de la lista. Entre ellas, AIG e ING Group.

Curiosamente, ambas estaban en el listado de Innovest de 2008, justo antes de estallar la crisis hipotecaria. AIG participó en la venta de coberturas por riesgos crediticios basados en los Collateralized Debt Obligations que habían bajado en valor dada la crisis de las hipotecas de alto riesgo (en inglés, subprime mortgages) cuando los deudores ya no podían pagar sus créditos. Por su parte, ING Group acabó por anunciar el despido de 7.000 empleados en un esfuerzo por reducir sus gastos después de sufrir una pérdida de 1.000 millones de euros en 2008, también por las hipotecas tóxicas.

RESPONSABLES. El dictamen de que una empresa es socialmente responsable es un acto un poco veleidoso. Muchas veces se nos hace realmente difícil detectar qué empresas son responsables y sostenibles y cuáles no lo son. Otro banco norteamericano, Countrywide, en su momento fue elogiado por su acercamiento a la comunidad hispana de Estados Unidos al ofrecer créditos hipotecarios que anteriormente estaban fuera del alcance de esta población de bajos ingresos. También la misma institución fue reconocida por sus créditos verdes. La tristemente célebre empresa Enron también había sido premiada por sus prácticas sostenibles.

Parece que nos gusta mucho la hagiografía empresarial. Quizás la idolatría de los famosos pueda tener un lugar en el ranking de los deportistas o de las estrellas de cine como una parte necesaria del marketing del deporte o el mundo del espectáculo. Pero debemos preguntarnos ¿qué utilidad tiene esta búsqueda de unos héroes en virtudes corporativas?

Tanto las empresas como las personas nos caracterizamos por las motivaciones encontradas: algo de egoísmo con un agregado de altruismo. Las empresas son una mezcla de iniciativas buenas y malas, con algunas prácticas ejemplares y otras que no lo son tanto. En el caso de las empresas, puede valer la pena señalar prácticas específicas que son vanguardistas y que merecen un posterior estudio para que sirva de punto de referencia para otras compañías. Sin embargo, sería un error muy grave confundir alguna práctica ejemplar con el desempeño social de la empresa como un todo. Hay que ver ese desempeño como la suma de toda una cartera de actividades e impactos, tanto positivos como negativos.

El intento de identificar a estos héroes corporativos parece destinado al fracaso. Los estudios indican que toda la gente miente y que, en promedio, mentimos por lo menos una o dos veces al día. Si nosotros, seres humanos, somos tan caprichosos y débiles en términos morales, es difícil imaginar cómo una empresa, compuesta de seres humanos, pueda ser un dechado de virtudes. Sería más sensato para los analistas y empresas calificadoras no exagerar el significado de esas calificaciones y listas, porque es demasiado fácil caer víctima del "lavado verde" (N.del R.: la apropiación injustificada de virtudes ambientalistas por una empresa, industria, gobierno, etc.)

RESULTADOS. Preocupa mucho el hecho de que los analistas no hayan podido acertar en las empresas que verdaderamente son responsables. Comenta el investigador Dirk Matten que lo que realmente distingue a una empresa como responsable no está a la vista. El resultado es que los analistas tienden a fiarse de unas métricas de fácil acceso, como los proyectos comunitarios o las iniciativas para promover la diversidad. Para determinar realmente la responsabilidad de una empresa se requiere conocer las entrañas de la misma, especialmente sus sistemas de "gobernancia" corporativa. Desgraciadamente este tipo de acercamiento a las empresas va mucho más allá de las capacidades de la gran mayoría de las empresas calificadoras y sus analistas.

Es así que veo dos alternativas razonables. Primero, si queremos tener unos santos corporativos para venerar, debemos seguir el ejemplo de la Iglesia Católica: esperar hasta después de la muerte del candidato para empezar el proceso de canonización y utilizar el cuidadoso escrutinio de un abogado del diablo. La otra alternativa es simplemente abandonar esta búsqueda de héroes corporativos y enfocarnos en el trabajo más útil de estudiar las prácticas para fijar referencias, cuando las haya, y reconocer las buenas prácticas con una buena dosis de escepticismo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar