Por qué los mercados emergentes son ahora más importantes que nunca

La verdadera pregunta ya no es si los inversores deberían invertir en los emergentes; la cuestión es si pueden permitirse no hacerlo.

Cifras del mercado bursátil mientras los operadores trabajan en el parqué de la Bolsa de Valores de Nueva York durante la sesión matutina del 12 de marzo de 2026.
Bolsa de Valores de Nueva York
Foto: AFP

Durante gran parte de los últimos quince años, los mercados emergentes (ME) han sido sinónimo de decepción. Esa percepción contrasta cada vez más con la realidad estructural de en qué se ha convertido esta clase de activos.

Durante este periodo, la asignación a ME ha quedado relegada a un segundo plano en la construcción de fondos globales. Los inversores se han acostumbrado a las diferencias de rentabilidad con respecto a los mercados desarrollados, a las recurrentes preocupaciones macroeconómicas y a la percepción de una mayor volatilidad.

La reacción de los inversores (quizás de forma comprensible) fue reducir progresivamente sus inversiones y concentrar el capital en los mercados desarrollados, especialmente en la renta variable estadounidense. En Carmignac, consideramos que los inversores deberían replantearse ahora esta decisión, en un momento en el que los fundamentos estructurales de la clase de activos ME están experimentando un cambio decisivo.

En la actualidad, las economías emergentes generan aproximadamente el 40% del PIB mundial y cerca del 70% del crecimiento real incremental a nivel mundial, pero solo representan el 11% de los índices de renta variable mundial (1).

Esta discrepancia no es solo una anomalía estadística. Se trata de una valoración errónea de la realidad económica mundial. Los inversores siguen aferrados a una visión obsoleta: los ME como economías frágiles, dependientes de las materias primas y limitadas por las políticas. En realidad, se han convertido en economías diversificadas, cada vez más autosuficientes e impulsadas por la innovación. No reconocer este cambio supone una exposición insuficiente precisamente a las regiones que impulsan el crecimiento mundial.

De una beta barata al crecimiento estructural

El argumento tradicional a favor de la exposición a los ME se basaba en una participación apalancada en los ciclos de crecimiento mundial: un beta elevado, impulsado por los precios de las materias primas y las condiciones de liquidez. Ese paradigma ha cambiado.

El panorama actual de los ME se caracteriza por el liderazgo tecnológico, la transformación industrial y una expansión de la demanda interna que se sustenta por sí misma, en lugar de depender del interés de los mercados desarrollados.

Asia, en particular, ocupa un lugar central en el ecosistema mundial de la innovación. Taiwán y Corea son indispensables para la cadena de suministro de semiconductores. China es líder en robótica, vehículos eléctricos e inteligencia artificial industrial. La India y el Sudeste Asiático están impulsando la adopción digital a gran escala.

Lo más importante es que, a diferencia de lo que ocurre en los mercados desarrollados, la IA en los ME no es solo una moda pasajera. Ya está integrada en la economía real, impulsando el aumento de la productividad, reduciendo los costes y mejorando los márgenes.

Fundamentos más sólidos, mejor calidad

La mejora de la solvencia de las empresas y los estados en los países emergentes es uno de los aspectos menos valorados de este cambio. La situación fiscal de muchas economías ME es más disciplinada que la de sus homólogas de los mercados desarrollados. Los bancos centrales han recuperado su credibilidad: los tipos de interés reales se sitúan en máximos de los últimos veinte años, lo que refleja una política monetaria ortodoxa y deja un margen significativo para la flexibilización a medida que la inflación se normaliza.

A nivel empresarial, los balances son más sólidos, la rentabilidad sobre los recursos propios está mejorando y la asignación de capital es cada vez más disciplinada. Los rendimientos por dividendos resultan cada vez más atractivos y las recompras de participaciones se sitúan ahora en niveles récord en algunas zonas de Asia. Las amortizaciones de acciones en el mercado bursátil coreano se dispararon de 4,5 billones de wones en 2023 a cerca de 18 billones en 2025 (2), lo que demuestra claramente que la reforma del gobierno corporativo se está traduciendo en un comportamiento favorable para los accionistas.

El tradicional descuento por calidad que se aplica a los mercados emergentes está quedando cada vez más obsoleto. Sin embargo, las valoraciones siguen reflejándolo.

El índice MSCI Emerging Markets cotiza a unas 11,9 veces los beneficios previstos para 2026, lo que supone aproximadamente un 43% menos que la renta variable estadounidense y un 32% menos que el MSCI World. Se prevé que la renta variable de los mercados emergentes registre un crecimiento del beneficio por acción (BPA) de entre el 15% y el 20% en 2026, una cifra considerablemente superior al consenso de los mercados desarrollados; sin embargo, cotiza por debajo de un ratio precio/crecimiento de los beneficios (3) de 1x, frente al 1,7x aproximado de los mercados desarrollados (4).

Esta combinación de mayor crecimiento y valoraciones más bajas es poco habitual. Y, históricamente, ha sido un potente motor de rendimiento superior a largo plazo.

El contexto macroeconómico supone un apoyo adicional. La moderación del dólar estadounidense alivia la presión sobre los balances y respalda los múltiplos de valoración de los ME. La inflación se ha estabilizado en la mayor parte de las clases de activos y los elevados tipos de interés reales ofrecen un carry atractivo. En un contexto en el que los mercados desarrollados se enfrentan a una desaceleración del crecimiento, un elevado nivel de deuda y una concentración extrema en los mercados de renta variable, el atractivo relativo de los ME está cambiando de una forma que aún no se refleja en la mayoría de las asignaciones institucionales.

El riesgo de concentración y los argumentos a favor de la diversificación

Los fondos globales llevan hoy en día importantes riesgos ocultos. Una fuerte exposición a la renta variable estadounidense, unida a una concentración extrema en un puñado de megacapitalizaciones tecnológicas, genera riesgo de valoración, riesgo de concentración y riesgo de cambio de paradigma, es decir, el riesgo de que las empresas que han impulsado la rentabilidad durante una década sean desplazadas por una nueva generación de empresas ganadoras.

Los mercados emergentes ofrecen algo estructuralmente diferente: factores de crecimiento diversificados en distintas zonas geográficas, sectores y temas, y una menor correlación con los factores que han impulsado la rentabilidad de la renta variable estadounidense en los últimos años.

La próxima fase de la rentabilidad de los ME no vendrá determinada por el beta general del mercado. La disparidad va en aumento entre países, sectores y empresas concretas. En este contexto, la gestión activa, la convicción y la selección disciplinada de valores cobran una importancia fundamental.

Los ganadores no serán el mercado. Se tratará de empresas y temas concretos identificados gracias a un análisis realmente profundo y a nuestra experiencia sobre el terreno.

Mantener una infraponderación significativa en los mercados ME no es una posición neutral: los ME no son solo una oportunidad. Si se ignoran, suponen un riesgo. Los inversores que mantienen una posición infraponderada están, en la práctica, haciendo una fuerte apuesta implícita de que el crecimiento mundial seguirá estando dominado por las economías desarrolladas, que la innovación seguirá concentrándose en un puñado de empresas estadounidenses y que las diferencias de valoración persistirán indefinidamente. Se trata de hipótesis cada vez más frágiles.

El capital mundial sigue estando notablemente infra asignado en los ME en comparación con su peso en la economía mundial. A medida que cambian las percepciones, incluso una reasignación modesta podría suponer un potente impulso adicional.

Nuestro equipo de renta variable de mercados emergentes considera que esta clase de activos está experimentando una profunda transformación: de cíclica a estructural, de periférica a central en el crecimiento mundial, y de fuente de volatilidad a fuente de diversificación y rentabilidad a largo plazo. Los fundamentos están mejorando, las valoraciones son atractivas y el entorno macroeconómico está cambiando a favor de esta clase de activos.

No estamos ante un simple repunte cíclico, sino ante una transformación estructural de esta clase de activos, que está redefiniendo su papel en los fondos globales. La verdadera pregunta ya no es si los inversores deberían invertir en los ME. La cuestión es si pueden permitirse no hacerlo.

- Xavier Hovasse, Head of Emerging Equities, y Naomi Waistell, Fund Manager de Carmignac. Este artículo se publicó originalmente en Trustnet.

1) Fuentes: BoAML Research, Bloomberg, 12 de enero de 2026.
2) Fuente: NVIDIA, estimaciones de BofA Global Research, octubre de 2025.
3) PEG ratio: price/earnings to growth ratio.
4) Fuentes: MS Research, Bloomberg, 15 de abril de 2026.

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