The Economist
Los tacaños pueden ser desagradables pero los usureros son despreciables. Esto puede explicar el notable éxito de las largas y permanentes campañas de las iglesias, centros de caridad y celebridades para lograr eliminar la deuda de los países golpeados por la pobreza.
Aun cuando los presupuestos de ayuda fueron especialmente ajustados —aproximadamente desde 1993 hasta 2001— la campaña impulsó a los gobiernos de las naciones ricas del Grupo de los Siete (G7) a la cancelación de gran parte de sus deudas bilaterales. Reacios a dar dinero a los países pobres, los gobiernos de los países ricos se han vuelto igualmente precavidos en evitar acumular deudas de aquellos.
El pasado 11 de junio, la campaña de condonación de la deuda de los países pobres alcanzó otro triunfo. En una reunión en Londres, en la que el Ministro de Hacienda británico y fuerte defensor del alivio de la deuda, Gordon Brown, ofició de anfitrión, los ministros de finanzas del G8 (el G7 más Rusia) acordaron cancelar las deudas que dieciocho países pobres fuertemente endeudados tenían con tres organismos multilaterales: el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco de Desarrollo Africano (BDA).
Los beneficiarios fueron Guyana, Honduras, Nicaragua, Bolivia y catorce países africanos. Las deudas en cuestión tienen un valor estimado de U$S 40.000 millones, lo que significa un pago anual promedio de entre U$S 1.000 millones y US$ 1.500 millones por servicio de deuda. Nueve países más podrían beneficiarse en algunos años y otros once podrían ser candidatos si sus gobiernos no fueran tan ineptos y corruptos.
Para entender cómo funciona el acuerdo de Londres hay que seguir la trayectoria del dinero. En el próximo año, por ejemplo, Ruanda debía pagar al menos U$S 4,5 millones en servicio de deuda al BM y al BDA y otros U$S 2,9 millones al FMI. Asumiendo que la propuesta del G8 es aprobada e implementada rápidamente, Ruanda ya no va a tener que hacer esto. Sin embargo, los préstamos y concesiones que recibe del BM y del BDA serán "ajustados" (entiéndase reducidos) en 2006 por unos U$S 4,5 millones, el mismo monto que el país se ahorra en el pago del servicio de deuda a los organismos. Por lo tanto, en primera instancia tendrá solamente U$S 2,9 millones extra —el dinero que debería haber abonado al FMI— para destinar al cuidado de la salud, educación y otros gastos.
Algunos países, en particular Estados Unidos, hubieran quedado satisfechos dejando las cosas así. Pero, debido a la insistencia británica, el nuevo acuerdo llega más lejos. El G8 sabe que, liberando a Ruanda y a otros países de sus deudas, está privando al BM, FMI y BDA de sus ingresos por los préstamos realizados. El FMI deberá asumir la pérdida pero el BM y el BDA serán indemnizados. De esa forma, los dos últimos podrán asignar mayor cantidad de fondos frescos a países pobres, si corresponde. Ruanda tal vez podría ver algo de este dinero extra, pero no es necesario.
Hay un último giro en el trayecto del dinero: ¿de dónde los países del G8 obtendrán el dinero para reembolsar al BM y al BDA? Podrían conseguirlo a través de aquellos que pagan impuestos. Podrían apartarlo de los fondos que ya están asignados para su presupuesto de ayuda. O también podrían deducirlo del dinero que, de otra forma, el BM y el BDA hubieran otorgado. Los aportes al BM ya están fijados para los próximos tres años por lo que cualquier diferencia sería fácilmente observable en el corto plazo. Sin embargo, en el futuro, no hay forma de saber cuánto habría dado el G8 al BM en ausencia de la condonación del 100% de la deuda. Entonces, tampoco hay manera de saber si el dinero prometido en Londres se agrega, o sustituye, al dinero que los países ricos hubieran dado de cualquier forma.
DAR Y QUITAR. Esto es, al menos, lo que a simple vista se observa del acuerdo de Londres. A menudo, los países ricos son acusados de dar con una mano y quitar con la otra. Se dice, en general, que lo que los donantes quitan por concepto de repagos de deuda, lo devuelven con creces en ayuda. Mozambique, por ejemplo, pagó U$S 71,8 millones por concepto de deudas en 2003. Pero la ayuda que recibió de todos los donantes, multilaterales y bilaterales, alcanzó un monto que multiplicó en catorce veces esa cifra.
Hay consenso en lo que se refiere a que este monto incluye el valor de la condonación de la propia deuda y que la experiencia de Mozambique es extrema. Pero en promedio, informó el BM, en la década de los noventa los países pobres fuertemente endeudados recibieron ayuda por cerca del doble de lo que pagaron por servicio de deuda.
En un artículo reciente (*), Raghuram Rajan, economista jefe del FMI, ironiza acerca de las implicancias de estos flujos de dos vías. Supongamos que un país paga U$S 100 millones al año en servicio de deuda pero recibe U$S 200 millones en ayuda. ¿Cuál es la diferencia de esta situación frente a la de un país libre de deuda que recibe U$S 100 millones en ayuda al año? El flujo neto de dinero anual es el mismo, solamente que se trata de diferentes montos de obligaciones.
Bajo ciertas circunstancias, Rajan notó que el stock de la deuda puede ensombrecer las perspectivas de un país. Podría desestimular a la inversión privada debido a que los inversores teman que el gobierno aplique mayores impuestos a sus ganancias para pagar a sus acreedores. Una pérdida de inversión podría entorpecer el crecimiento y disminuir aun más la capacidad del país para pagar el servicio de su deuda. La cancelación de deuda es, entonces, de interés tanto para los acreedores como para los deudores. Aumentaría el valor real de los reclamos de los acreedores porque restauraría la confianza de los inversores y, por lo tanto, la capacidad de la economía para cumplir con sus obligaciones.
Sin embargo, Rajan pone en duda la relevancia de esta idea para los beneficiarios de la propuesta del G8. Hay muchas razones por las cuales los inversores privados pueden ser disuadidos de dirigir su dinero a un país africano empobrecido: la corrupción, la inseguridad en los derechos de propiedad, los mercados fragmentados, la débil infraestructura. La deuda es la menos relevante de todas ellas.
Brown ve al alivio de la deuda como un paso más hacia el incremento de los recursos que estarán disponibles para luchar contra la pobreza. Los presupuestos de ayuda han estado ya aumentando y tanto Brown como el primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, han impulsado otro gran incremento de la ayuda en la reunión del G8 realizada en Gleneagles, Escocia. Pero la contraparte estadounidense de Brown, John Snow, ve al alivio de la deuda como el último giro en un largo y continuado "ciclo de préstamo y perdón". Los esfuerzos en dar facilidades a la deuda oficial africana se remontan al menos a 1987. Desde esa fecha, puntualiza Snow, en varias ocasiones los donantes han prestado fondos frescos a los países pobres para ayudar a repagar viejos préstamos que se han echado a perder. El actual acuerdo debería de algún modo ir hacia el objetivo de Snow. Pero hará poco para asegurar las metas de Brown.
(*) "Alivio de la deuda y crecimiento", FMI - Finanzas & Desarrollo, junio 2005.