"Corré, nene, corré. ¿O querés pasarte toda la vida estudiando?" Así le gritaba una madre, detrás de la línea de cal, a su hijo de 6 años, que defendía los colores del club del barrio en el partido de Baby Fútbol del pasado fin de semana.
Junto a Martín Rossi, profesor de la Universidad de San Andrés (Argentina), nos propusimos estudiar el impacto de un programa de apoyo escolar en un barrio donde el 75% de los adolescentes se encuentra debajo de la línea de pobreza y solo 8 de cada 100 logra culminar el bachillerato. ¿Es suficiente sacar a los niños de la calle para que mejoren en su educación o se hace necesario intentar influir sobre las aspiraciones educativas que presentan los cabeza de familia?
El programa educativo objeto de estudio es de Apoyo Escolar (los niños van a las escuelas del barrio durante la mañana, y asisten a este Apoyo todas las tardes) y lo lleva adelante desde hace unos quince años el Centro Educativo Los Pinos (www.lospinos.org.uy). Lo rodean los asentamientos Tres Palmas, La Cantera, 1º de Mayo y Nuevo Amanecer.
ANTECEDENTES. La literatura científica previa sobre el impacto de este tipo de programas en la educación de los niños muestra resultados poco claros, y señala algunas posibles causas. Por ejemplo, Aspler en una investigación del año 2009 publicada en Adolescence, muestra que la educación demanda que los alumnos desarrollen hábitos y para eso es necesaria una secuencia de actividades enfocadas -sin cansancio- a ese fin. Durlak y Weissberg en un trabajo del año 2007 proporcionan otra explicación al mencionar que para evaluar una estrategia educativa no es suficiente un año escolar pues desarrollar hábitos educativos lleva un tiempo considerable. Los investigadores Zief, Lauver y Maynard (Campbell Systematic Reviews, 2006) señalan que esos resultados mixtos podrían estar originados en lo que se conoce como efecto negativo de pares (podría pasar que los que van al apoyo escolar son los niños con peor comportamiento -los padres verían en el programa un reformatorio para sus hijos- y esto termina sesgando los resultados). Otra posible explicación de estos resultados mixtos en la literatura previa la dan Mahoney y Zigler (Journal of Applied Developmental Psychology, 2006), quienes señalan que, cuando algunos padres no encuentran cupo para sus hijos en el programa de apoyo escolar, terminan buscando algo que sustituya a ese programa (clases particulares, un club, etc.) y en consecuencia, al comparar a los que asistieron al programa de apoyo escolar con aquellos que no asistieron, no se ve mucha diferencia en sus logros educativos.
NUEVA HIPÓTESIS. Junto con Martín Rossi, se nos ocurrió otra posible causa que podría estar explicando los resultados mixtos en la educación de los niños que asisten a un programa de apoyo escolar. En un asentamiento, se podría encontrar -de una manera muy esquemática y general, obviamente- dos tipos de familias. Por un lado, estarían aquellos padres con poco compromiso con la educación de sus hijos (la literatura económica los definiría como padres bad type). Y por otro lado, se podrían encontrar padres muy comprometidos con la educación de sus hijos y elevadas aspiraciones educativas (serían padres good type), y que por las vueltas de la vida y un poco de mala suerte, terminaron en un asentamiento.
¿Debería la política sugerir a los padres comprometidos con la educación de sus hijos que lleven a estos niños a un programa de apoyo escolar o es mejor que a la salida de la escuela se queden en casa así se benefician de más horas en contacto con sus familias good type? ¿Es suficiente con sacar de la calle a los niños cuyos padres tienen pocas aspiraciones educativas -bad type- y meterlos en un programa de apoyo escolar?
En marzo de 2010 había 54 niños de primer año de escuela que querían ingresar al apoyo escolar de Los Pinos pero había lugar solo para 28. ¿Cómo seleccionarlos? Les propusimos a los directores de Los Pinos hacer una evaluación de impacto del programa siguiendo el protocolo de un experimento científico propio de un laboratorio: sorteamos los 28 lugares disponibles. De esta manera se conformó un grupo de 28 niños que ingresaron a Los Pinos y un grupo de 26 niños que no pudieron entrar porque no salieron sorteados (no cabían más en el aula). Entrevistamos a un familiar de todos los candidatos y, gracias al sorteo al azar, ambos grupos -los que ingresaron a Los Pinos y los que no salieron sorteados- tenían características socioeconómicas similares (edad y educación de los padres, situación laboral, personas por hogar, etc.).
Pero, ¿cómo estimar si los padres estaban comprometidos con la educación de sus hijos (padres good type)? Numerosos descubrimientos recientes, como el de Liu y Whitford (Journal of Science Education and Technology, 2011), sugieren que el número de libros en el hogar es señal del capital cultural familiar y un buen indicador del grado de compromiso con la educación, y de hábitos familiares tales como la relativa preferencia por actividades culturales sobre otras actividades, el estímulo a explorar y discutir ideas en casa, la riqueza del lenguaje que se utiliza en el hogar, etc. Así, buscando aproximarnos a descubrir el tipo de padres de cada hogar, incluimos en la encuesta inicial a todos los candidatos la siguiente pregunta: ¿hay en su casa más de diez libros?
RESULTADOS. Comenzaron el apoyo escolar en Los Pinos en abril de 2010 los 28 niños que salieron en el sorteo. Ocho meses después -fines de diciembre de 2010-, fuimos al hogar de cada niño a pedirle el boletín oficial -el conocido carné- de la escuela (de los 28 que entraron a Los Pinos y de los 26 que no salieron sorteados) y comparamos ambos grupos. ¿Qué encontramos comparando los carné de la escuela? Los niños que asistieron al programa de apoyo escolar de Los Pinos en cuyos hogares había más de 10 libros (variable indicadora de padres comprometidos con la educación) tuvieron una tasa de repetición menor, mejores calificaciones en el rendimiento académico y en conducta. ¿Y qué pasó con los niños que en sus casas tenían padres comprometidos con la educación (hogares con libros) pero no salieron sorteados para entrar en el apoyo escolar de Los Pinos? ¿Y los niños que salieron sorteados para Los Pinos pero no tenían padres comprometidos con su educación? No tuvieron mejoras relativas en ese año. En otras palabras, el compromiso educativo de los padres y el programa de Apoyo Escolar son complementarios, ambos se necesitan. Y en todas las regiones de nuestro país -también en los asentamientos- hay padres comprometidos con una educación de calidad para sus hijos, pero solos no pueden: necesitan esa ayuda de un programa de apoyo escolar de calidad que complemente por las tardes la labor de las escuelas por la mañana.
SUGERENCIAS. No se olviden del "cabeza" de familia. Si fuera el diseñador de políticas y tuviese 100 pesos para gastar, me preguntaría: ¿es suficiente con invertir los 100 pesos en los niños? ¿O tengo que asignar parte de esos 100 pesos a cambiar el tipo de los padres (a mejorar su involucramiento en la educación del hijo)? Acabamos de presentar una evaluación de impacto científica de un programa educativo siguiendo durante 8 meses a decenas de niños. En los próximos meses, nos proponemos evaluar el impacto de ese programa de Los Pinos sobre los propios padres (parte del programa de apoyo escolar consiste en paulatinamente incluir a los padres o tutores en clases y talleres dirigidos a ellos).
Más sugerencias:
a) evaluar y medir con rigurosidad científica los efectos de los planes pilotos;
b) dar a conocer el resultado de esas evaluaciones.
Así podremos todos aprender, corregir y enriquecer el debate educativo nacional.