OPINIÓN

La necesidad de reformar la seguridad social

Un repaso de los diferentes puntos en el debate.

Foto: El País
Foto: El País

El sistema mixto de seguridad social uruguayo presenta varias fortalezas y algunas debilidades que motivaron al Presidente Luis Lacalle Pou a nombrar la Comisión de Expertos de la Seguridad Social (CESS), para que pueda diagnosticar su estado y proponer reformas. La comisión está integrada por 15 especialistas de distintas áreas y cuenta con representantes de distintos partidos políticos.

Nuestro sistema previsional incluye el componente de reparto mediante el Banco de Previsión Social (BPS) y las otras “cajas” como la bancaria, la de profesionales universitarios, la de escribanos, la militar y la policial. El componente de las cuentas de ahorro individual incluye a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP) que reciben aportes de los trabajadores. En la etapa del desahorro, esos fondos que los trabajadores acumularon e invirtieron durante los años de actividad laboral son utilizados para comprar una renta vitalicia, que hoy solo es posible comprar al Banco de Seguros del Estado (BSE). El sistema se completa con la posibilidad realizar de ahorros previsionales adicionales y voluntarios.

Una fortaleza del sistema previsional uruguayo es su amplia cobertura: entre las personas de más de 65 años, más del 90% percibe una jubilación contributiva o una pensión no contributiva. Otra fortaleza del sistema es que las personas tienen una adecuada relación entre el ingreso de la jubilación y los ingresos laborales durante los años de actividad (tasa de reemplazo). Esta tasa de reemplazo depende de los años de aportes y de la edad de retiro. En promedio, en Uruguay, un jubilado cobra aproximadamente entre un 60% y un 70% de lo que eran sus ingresos laborales (dependiendo de los casos y de los parámetros de la comparación). La mayoría (dos tercios) de esos ingresos de los jubilados proviene del sistema de reparto. El fuerte peso del sistema de reparto en Uruguay es parte del problema actual, ya que ese tramo de nuestro sistema previsional se hace cada vez más costoso y difícil de sostener. De hecho, hoy los gastos previsionales del BPS son el doble de sus ingresos obtenidos por los aportes patronales y laborales.

La sostenibilidad del sistema de reparto

Como en la mayoría de los países, un desafío del sistema previsional uruguayo es el envejecimiento poblacional y la caída de la población económicamente activa. “Cae la población, cae la población en edad de trabajar, y el único sector que crece es el de mayor edad” dijo Rodolfo Saldain – Presidente de la CESS – en un reciente webinar organizado por la Universidad de Montevideo. Hoy el gasto público en pensiones ya es el 11% del PIB y las proyecciones de este gasto son crecientes. El problema es que los aportes patronales y de los trabajadores están cada vez más lejos de cubrir los gastos de la seguridad social y esto genera un déficit importante en las cuentas del sector público. Este déficit es creciente, en función de la caída de la población económicamente activa y el envejecimiento de la población uruguaya. El sistema actual es muy difícil de sostener o es insostenible. Este desafío demográfico es la base del problema de sostenibilidad del sistema previsional actual y justifica una necesidad de reforma.

En lo que sigue, me referiré a varios puntos que hoy están en el menú de las posibles reformas. Desde ya, éstos no son los únicos debates con respecto a una reforma integral del sistema de seguridad social.

La edad de jubilación

En distintos foros, aparece la recomendación de evaluar la importancia de aumentar la edad de jubilación, estirando los años de actividad y bajando el componente previsional del sistema de reparto y pudiendo usar los ahorros individuales en un periodo más corto. Hoy parece muy viable que una persona de 70 años pueda tener las capacidades físicas y la salud para seguir trabajando. Lo que no es tan claro es si las personas tendremos la capacidad de adaptarnos y reentrenarnos para el trabajo incluso en edades más avanzadas, para adaptarnos a los requerimientos tecnológicos para participar en el mercado laboral. No sé hasta qué punto es realista asumir que las personas estarán empleadas y contribuyendo para la seguridad social a los 68-70 años, dados los desafíos tecnológicos del mercado laboral. Otra opción es generar alternativas para las jubilaciones parciales que permitan a las personas beneficiarse de los ingresos jubilatorios y mantener ingresos laborales.

El ahorro individual obligatorio

La reforma de la seguridad social del 1995 dio lugar a la creación de las AFAP, instituciones que administran las contribuciones de los trabajadores que son acumuladas en cuentas individuales hasta el momento de la jubilación. La introducción de las AFAP en el sistema previsional uruguayo ha sido exitosa desde varios puntos de vista. Han generado rentabilidades netas satisfactorias para los trabajadores y los costos de administración son bajos.

Es interesante notar la convivencia y competencia de una AFAP de propiedad estatal (República AFAP) y tres empresas de propiedad privada (Integración, SURA y Unión Capital). Mientras que el 39% de los afiliados están en República AFAP, el 61% cotizan en las privadas. En mi opinión, este punto también es positivo y habla de la preferencia de los uruguayos por instituciones públicas y privadas.

En mi opinión, el sistema de cuentas individuales podría reformarse y mejorarse, con la introducción de mayores oportunidades de inversión. Esto es especialmente importante para los cotizantes más jóvenes que podrían realizar inversiones de mayor rentabilidad esperada en la medida que tienen horizontes temporales de inversión más largos. En concreto, me refiero a la oportunidad de crear un tercer subfondo de inversión y de permitir las inversiones de las AFAP en el exterior (con límites). Las inversiones en el exterior permitirían la diversificación, un valor que es clave a la hora de invertir para el futuro. Tanto el tercer subfondo como la diversificación internacional darán fortaleza al pilar de las cuentas de ahorro individual.

El ahorro previsional voluntario

El ahorro previsional voluntario permite complementar los aportes previsionales obligatorios con aportes adicionales, que permitirán reforzar los ingresos jubilatorios. Teniendo en cuenta las crecientes esperanzas de vida, el ahorro previsional voluntario puede tener un rol clave en mejorar los montos ingresos de los jubilados y una reforma de la seguridad social como la actual debería proponer mecanismos para fomentarlo. Impulsar el ahorro voluntario pasa por apostar a la educación financiera y por entender que las decisiones de ahorro e inversión son frecuentemente relegadas.

Algunas fórmulas que pueden estar en el menú para fomentar el ahorro voluntario son los esquemas de contribuciones compartidas entre los trabajadores y las empresas o entre los trabajadores y el Estado. De esta manera, hay un incentivo para que la persona ahorre y este esfuerzo es acompañado y complementado por los empleadores o por el Estado. Otros mecanismos para impulsar el ahorro voluntario de las personas pasan por exoneraciones fiscales o subsidios (a grupos de ingresos bajos). Dado el componente conductual de estas decisiones de ahorro, se debe profundizar en el diseño de mecanismos que permitan a las personas hacer compromisos para la reducción del consumo presente, apostando al ahorro para la jubilación. Incluso la tecnología puede ayudar a generar mecanismos sencillos que pueden facilitar las decisiones de ahorro de las personas.

La etapa del desahorro

Un aspecto del sistema previsional actual que requiere una evaluación y posible mejora es el de la etapa de desahorro. Cuando una persona llega a la edad de retiro, recibirá su jubilación del BPS por los aportes que realizó al sistema de reparto y utilizará los fondos acumulados en la AFAP para comprar una renta vitalicia, para la etapa del desahorro. La reforma de la seguridad social del 1995, dispuso que las rentas vitalicias sean asimiladas a las jubilaciones y, por este motivo, las mismas deben ser ajustadas por el Índice Medio de Salarios (IMS). En realidad, podría ser más lógico ajustar los pagos de las rentas vitalicias de acuerdo a la evolución de los precios del consumo (Índice de Precios al Consumidor; IPC). Una dificultad de los ajustes de las rentas vitalicias según el IMS, es que existen muy pocas alternativas de inversión ligadas al IMS y, por lo tanto, solo una empresa aseguradora participa de este tramo del mercado de las rentas vitalicias: el Banco de Seguros del Estado. Las empresas privadas han preferido no entrar a este segmento de mercado dados los riesgos implícitos en la actividad aseguradora que se compromete a realizar pagos atados al IMS. Las rentas vitalicias no deberían estar atadas a dicha variable, en el contexto uruguayo.

Una mirada más amplia al tramo del desahorro debería evaluar qué factores favorecerían la competencia de distintas empresas en ese tramo de nuestro sistema previsional y contemplar ampliar la oferta de mecanismos para administrar los ingresos jubilatorios durante la etapa del retiro. No es necesariamente cierto que la propuesta única del BSE sea buena y válida para la creciente cantidad de personas que ya se está jubilando en nuestro sistema mixto. Si bien en la etapa temprana de la reforma del 1995, seguramente el foco estuvo en la etapa de acumulación (vía AFAP); una vez que ese sistema ha madurado, parece oportuno reevaluar los mecanismos de la etapa de las desacumulaciones.

Comentarios finales

Con la esperanza de vida creciente, es desafiante ahorrar para la vejez. Un sistema previsional debe ser multipilar. El sistema uruguayo ya cuenta con el pilar de reparto y con el pilar de las cuentas de ahorro individual. La reforma actual debe avanzar en mejorar lo “multipilar”. No hay una única solución y la reforma pasa por solidificar los distintos pilares. Tampoco creo que haya una única reforma que pueda funcionar en todos los países o que haya sido exitosa en otras regiones y que nosotros deberíamos importar. En Uruguay, se puede mejorar el pilar de las cuentas individuales. Se puede incentivar y educar para avanzar en el pilar del ahorro previsional voluntario. Se debe mejorar la oferta de las rentas vitalicias. Y se debe encarar la insostenibilidad del sistema de reparto.

(*) Director Maestría en Finanzas y Postgrado en Data Science de la Universidad de Montevideo.

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