Los cambios del mundo financiero

CARLOS STENERI,DESDE WASHINGTON DC

En menos de dos décadas, lo financiero ha modificado la faz del sistema capitalista que reinó prácticamente durante todo el siglo XX. La marejada de cambios que introdujo recientemente trascendió fronteras políticas, ocupó todos los espacios geográficos incluso los de países socialistas como China y le abrió las puertas al ahorro global para que pudiera introducirse en cualquier comarca y en cualquier actividad. Es el retorno hacia formas de funcionamiento parecidas a las vigentes a principios del siglo pasado. Pero las similitudes se agotan en la superficie. Como en aquella época, el lucro es su móvil pero la forma de efectivizarlo es diferente. Hoy, lo financiero opera mayoritariamente a través de instrumentos sofisticados que generan valor arbitrando riesgos separados geográficamente, con dimensiones temporales distintas y en actividades productivas o de servicios diferentes. En ello quedan incluidas tanto las empresas como las tesorerías de los países. El resultado es la acumulación de operaciones complejas y distintas de las que hasta hace poco eran tradicionales. La figura clásica del banco doméstico intermediando entre el inversor y el ahorrista se fue desdibujando por la irrupción del financiamiento de empresas a través de bonos o acciones adquiridos por ahorristas locales o internacionales. La banca de inversión fue la innovación de la década de los noventa, pero ya ha quedado perimida. Hoy le siguen nuevos operadores cuyos representantes conspicuos son los hedge funds -que especulan arbitrando riesgos- y los fondos de inversión privados que andan a la búsqueda de oportunidades en la compra de empresas.

Apenas hace un cuarto de siglo los depósitos bancarios eran el 42% de todos los instrumentos financieros; hoy son el 27%. Los hedge funds actualmente manejan 1.600 billones de dólares cuando a principios de los noventa eran prácticamente inexistentes. Y la actividad doméstica dio paso a la global en lo que refiere a la tenencia de pasivos y activos internacionales por parte de los residentes de los países desarrollados: su actividad financiera pasó del 50% del total de su PIB de principios de los setenta al 330% en el 2004.

Los cambios también afectaron la propiedad de las empresas. El año pasado se alcanzó el récord de compras y fusiones de empresas por un monto cercano a los cuatro billones de dólares. En esto estuvieron activas empresas de propiedad pública brasileñas (Vale do Rio Doce, Petrobras) comprando y fusionándose con corporaciones extranjeras. China también ha estado activa en ese sentido, incursionando con esa actividad en el propio Estados Unidos.

En definitiva, un nuevo mercado financiero más profundo y con características diferentes ha sustituido el rol tradicional de los bancos. Lo financiero es una dimensión más preponderante del funcionamiento global del sistema. La inestabilidad ha desplazado a la previsibilidad relativa del mundo viejo. O, por lo menos, muchos así lo perciben generando resistencias incluso políticas. También en esa resistencia se agregan dimensiones de nacionalismo o "seguridad nacional" en donde los gobiernos protegen a empresas emblemáticas del riesgo de ser capturadas por inversionistas extranjeros, en particular gobiernos.

Es otra forma de proteccionismo aplicada incluso entre aliados políticos, pues a pesar de lo que se diga hay un capitalista nacional que se resiste a ser desplazado por un extranjero o, por lo menos, a compartir decisiones.

OTROS DESAFÍOS. La obsolescencia de la arquitectura institucional vigente, encarnada por el FMI como prestamista de última instancia ante la eventualidad de una crisis, es una de las falencias importantes que desnuda la nueva situación. Su capital es escaso para enfrentar las consecuencias de un exceso de volatilidad de un mercado financiero cada vez más profundo. Su capacidad analítica de prevención también está jaqueada por el relativo desconocimiento de los riesgos implícitos que va acumulando la nueva operativa de los mercados financieros.

Además, pone en situación crítica la efectividad de los esquemas de regulación domésticos pues el contagio no es una dimensión ajena. Episodios disparados por la crisis rusa de 1998 muestran que las relaciones de causa-efecto pueden ser a distancia y con consecuencias letales.

La reacción ha sido que cada cierto tiempo reaparecen impulsos de controlar esos flujos por la vía administrativa, en el entendido de que se trata de un proceso que está próximo a salirse de cauce o que, en el mejor de los casos dada su complejidad, es mejor tenerlos a raya que ir corriendo de atrás una situación de crisis.

La propuesta preferida consiste en controlar los movimientos de capital ya sea en su entrada o en su salida. La experiencia empírica no ha probado su efectividad y quizás toda responda a una intención de buenos deseos o a la añoranza de retornar al antaño previsible.

Queda planteada la interrogante, todavía sin respuesta, de si la apertura de la cuenta de capital comenzada por la mayoría de los países a comienzos de los setenta ha jugado un rol positivo o negativo al profundizar la dimensión financiera a escala global. Por la positiva, el consenso se vuelca a que beneficia a los países desarrollados, pero hay disensos sobre sus efectos en los emergentes. Cuando hay debilidades institucionales, la mejor política es la gradualidad del proceso. Pero revertir o discutir esas situaciones es una cuestión académica que poco aporta a resolver temas ya arraigados.

LOS PASOS A DAR. El ocaso de la globalización financiera lograda a fines del siglo XIX, se consumió casi una centuria marcada por dos conflagraciones mundiales y la división del mundo en dos bloques políticos estancos. Es difícil imaginarse la repetición de hechos bélicos o políticos de magnitud similar, lo que asegura que la profundizacion financiera continuará a escala global. A su vez, los avances tecnológicos en las comunicaciones facilitarán ese proceso haciendo más local a lo global.

Pero para que ello fructifique será necesario introducir rápidamente cambios para mejorar la institucionalidad operativa de los mercados financieros.

En primer lugar, la vigencia generalizada de tipos de cambio flexibles actuará como cortafuego natural, aunque imperfecto, ante eventos de excesiva volatilidad en los flujos de capital. En eso hay asignaturas pendientes importantes, para evitar las tentaciones mercantilistas de algunos países. China es el ejemplo a escala universal y Argentina a nivel regional.

En segundo lugar, las regulaciones sobre el sistema financiero deben tener más una dimensión global que una estrictamente doméstica. En estos temas, las naciones emergentes son receptoras de impulsos desplegados desde los países más grandes.

La arquitectura financiera internacional requiere de una actualización urgente a las nuevas circunstancias. El FMI en sus capacidades de prestamista de última instancia, quizás pueda usar su capital como garantía para apalancar la participación del sector privado en la resolución de un evento adverso en los mercados. Además, volcar en forma prioritaria su capacidad analítica a entender mejor los canales operativos del sistema financiero actual, detectar los mojones de riesgo inherentes y proponer políticas compensatorias.

Los bancos de desarrollo también deben adaptarse al nuevo contexto, en el entendido que sus programas tradicionales de préstamos responden a otra realidad en la que hoy deben competir con una oferta de recursos que es mejor en sus condiciones y costos.

Y, por último, mejorar la institucionalidad doméstica en todas sus dimensiones como forma de blindaje ante la volatilidad implícita que seguramente este nuevo orden trae. Pero también, para aprovechar plenamente el enorme potencial que esta situación ofrece al despejar la restricción que impone la escasez del ahorro doméstico para financiar inversión.

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