Los emigrantes pobres ganan poco dinero y aún menos respeto. Hacen los trabajos más desagradables, a menudo sin protección legal alguna. A pesar de ello, logran ahorrar sumas considerables: algunos de ellos quizás ahorran la mitad de lo que ganan o más aún. No obstante, los gobiernos y las instituciones financieras les han otorgado poca atención, porque normalmente envían a sus familiares en casa sólo montos pequeños, no más de unos pocos cientos de dólares por vez. Sin embargo, esto está cambiando por tres motivos: aunque individualmente son pequeñas, el agregado de todas las remesas es enorme; resultan fundamentales para las economías de los países de origen de muchos trabajadores que emigran, y actualmente son consideradas como un posible medio de lavar dinero y una fuente de financiamiento para el terrorismo.
Según un estudio reciente de Dilip Ratha, un economista del Banco Mundial, el año pasado las remesas ascendieron a U$S 93.000 millones. Este monto excede lo que los países pobres reciben en forma de asistencia o de los mercados de capital. La cifra real, afirma Ratha, puede ser hasta dos veces mayor, con lo cual las remesas superan la inversión extranjera directa y en algunos países valen más que las exportaciones.
Nadie sabe exactamente a cuánto ascienden las remesas. Muchos de los principales países de origen, incluyendo Canadá y los Países Bajos, y de los principales países beneficiarios, como el Líbano y Guyana, recién comienzan a compilar datos provenientes de sus sistemas bancarios y aún no los han publicado. Sin embargo, esto no es más que rascar la superficie. Las transferencias efectuadas por medio de los bancos están reglamentadas y por lo tanto son fáciles de rastrear, pero representan quizás tan solo un ínfimo porcentaje de los flujos totales. La mayor parte de este dinero es enviado a través de empresas que se dedican a giros cablegráficos, que apenas están reglamentadas. Otra porción significativa de dichas transferencias se realizan por canales que no están reglamentados en absoluto. En Cuba, por ejemplo, el método más popular es una maleta llena de dinero en efectivo. Hay redes complejas de operadores no registrados, conocidos como hawala en el mundo árabe, hundi en la India y fei-ch’ien en la China, que no dejan ningún rastro.
Hay una cosa que queda clara y es lo importantes que son las remesas de los emigrantes para varios países. Estos pagos representan más del 25% del PIB de Jordania, Lesotho, Nicaragua, Haití y Tonga, y más del 5% en el caso de muchos otros países. En 36 países las remesas superan todas las demás formas de importación de capital combinadas, públicas y privadas. Investigaciones recientes vinculan las crecientes remesas directamente al aumento del PIB y a la reducción de la pobreza. Hay otro estudio que encuentra un nexo positivo entre las remesas y las probabilidades de que los niños continúen en la escuela. En la cumbre anual del G8 este año, los políticos del mundo rico señalaron la importancia que tienen las remesas en el financiamiento de pequeñas empresas, en la educación y en la vivienda en los países beneficiarios. Como fuente de financiamiento, las remesas presentan varias ventajas. A diferencia de los créditos de fomento, no implican ninguna responsabilidad ni hay ninguna obligación de pagar intereses. Los fondos se envían directamente a las personas a quienes están dirigidos y por lo tanto no pueden ser malgastados por los gobiernos. Son una fuente de financiamiento más estable que la inversión extranjera directa (y aún más estable que los flujos de inversión que tienen como destino activos financieros).
ESTIMULOS. En vista de la importancia que tienen las remesas, los gobiernos de los países receptores las han estado alentando. La India, el mayor beneficiario, abolió los impuestos sobre las remesas hace ya varios años. Colombia siguió su ejemplo en enero. México, el segundo mayor receptor, facilitó el envío de dinero hacia allí para los muchos ciudadanos que tiene trabajando en los Estados Unidos al emitir un documento de identidad que hasta los inmigrantes ilegales pueden utilizar para abrir una cuenta bancaria en los Estados Unidos. Brasil y Guatemala pronto implantarán documentos similares.
Detectando que allí hay una oportunidad, empresas que van desde bancos hasta Wal-Mart han ingresado al negocio de ofrecer medios para enviar dinero a casa. Como resultado de ello, muchos emigrantes se han beneficiado con una reducción del 50% en el costo de las remesas en los últimos cinco años. No obstante, los cargos siguen siendo dolorosamente elevados. Según un estudio realizado por el Pew Hispanic Centre, que relata en forma de crónica las experiencias de los "Latinos" en los Estados Unidos, el costo de enviar dinero a México, un mercado en el que la competencia y la eficiencia son relativamente altas, aún representa el 4% de la suma enviada. Las transferencias hacia Venezuela y Cuba cuestan tres veces más. Gran parte de este costo —como un tipo de cambio poco satisfactorio— a menudo es ocultado a los clientes.
A pesar de ello, esta fuente de dinero, que no cesa y va en aumento, ha incentivado a muchos grandes bancos a ver más allá de las transferencias en sí e identificar oportunidades adicionales para prestar servicios a los emigrantes y a quienes reciben el dinero enviado por ellos. Una vez que el dinero llega, teóricamente podría transformarse en un depósito y éste, a su vez, podría sentar las bases para productos más sofisticados. Esto podría contribuir a desarrollar modernos mercados financieros y mejorar la asignación del capital.
A pesar de sus virtudes, las remesas también pueden dar lugar a problemas. Cuántos problemas, es imposible decir. Como es difícil saber cuál es el tamaño de los flujos, es difícil estar seguros que esta masa de pequeñas transacciones no esté siendo utilizada para blanquear dinero o financiar el terrorismo. Aplicar normas del tipo "conozca a su cliente" a millones de transacciones pequeñísimas es totalmente imposible. Intentar poner coto a los flujos sospechosos puede resultar muy costoso para las economías destinatarias: los recientes esfuerzos emprendidos por Arabia Saudita (que luego de los Estados Unidos es la principal fuente de remesas) para eliminar el financiamiento del terrorismo han tenido un efecto visible en el dinero que se envía a las Filipinas.
También puede haber costos económicos asociados a la dependencia de las remesas. Al igual que cualquier riqueza que no se ha ganado con el sudor de la frente, puede fomentar el ocio entre quienes se benefician de la misma. Puede resultar en lo que los economistas llaman "la enfermedad holandesa" (Dutch disease), que hace aumentar el valor de la moneda de un país. Hay quienes se preocupan además porque las remesas no son generadas por emigrantes pobres sino por los trabajadores más productivos y fundamentales de un país —ingenieros y doctores, digamos— que supuestamente podrían ser más beneficiosos si se quedaran en su propio país. Pero eso, seguramente, depende de ellos. Y si ganan más en el exterior, entonces no son los únicos que ganan: también ganan sus anfitriones y la gente en su país de origen, gracias a los fondos que envían de tierras extranjeras ricas.
The Economist