El índice Líder Ceres mostró una evolución negativa en marzo, por segundo mes consecutivo, luego de un comportamiento neutro en enero. El economista Nicolás Vidal, investigador de Ceres, advirtió que “no todos los indicadores han evolucionado a la baja”, pero la agregación refleja señales de escaso dinamismo en el inicio del año. Vidal destacó la volatilidad internacional como factor relevante, aunque también refirió a “cosas que se podían hacer y no se hicieron”, en referencia a la no contención del gasto en el presupuesto quinquenal. En ese sentido, señaló la próxima rendición de cuentas como una buena oportunidad para corregir el gasto público y opinó que el diálogo social es “el gran debate que tenemos por delante este año”. Acerca de la decisión que pueda tomar el BCU en cuanto a un cambio de estrategia en la Política monetaria dado el cambio de contexto, el economista destacó que los técnicos del Central deben evaluar si estamos ante un shock transitorio o permanente, a la hora de tomar decisiones. A continuación, un resumen de la entrevista.
—El ILC viene anticipando un inicio de año de bajo dinamismo en la economía local…
—Ese escaso dinamismo se viene observando ya desde el segundo semestre 2025. Y esa falta de crecimiento se da un marco de volatilidad internacional como hace años que no teníamos. Pero a Uruguay le estaba empezando a ir mal antes de que el mundo se preocupara por lo que estaba pasando en Medio Oriente.
Cuando uno observa el crecimiento económico de 2025 se encuentra con el impulso de la industria manufacturera, por ejemplo. Pero detrás de eso hay un importante efecto rebote de la refinería luego del parón del año anterior. Le fue bien a los frigoríficos, es verdad. Pero especialmente por precios internacionales muy buenos. El agro, aportó muy poco.
Otro jugador muy importante el año pasado fue el turismo; ahora, si comenzamos a mirar 2026, la comparación entre temporadas nos da números no tan buenos, sobre todo con menor llegada de extranjeros.
—¿Qué crecimiento podemos proyectar para este año?
—En agosto del año pasado el gobierno proyectaba un crecimiento para de 2,6%. A diciembre, ese crecimiento resultó de 1,8%, esencialmente porque en el tercer y cuarto trimestre no crecimos. Para 2026, la proyección en agosto era 2,2%; en enero, la mediana de los analistas que responden la encuesta del BCU estaba en 1,9%. Hoy, esa estimación está dando 1,3%.
—El cierre de 2025 nos deja con un arrastre para este año casi nulo…
—Exacto, no vamos a tener el beneficio del arrastre estadístico que sí tuvimos en 2025. Ese es un dato de la realidad a tener en cuenta.
—¿Cuál es el escenario, transcurrido el primer trimestre?
—Es oportuno mirar primero que nos está llegando del frente externo: una volatilidad extrema. En Ceres calculamos un índice de condiciones de factores externos que desde el 85 hasta el presente nos da que cuando las condiciones por Uruguay son buenas, el PIB crece por arriba del 3%.
Cuando el contexto es neutro, Uruguay crece en el 1%, y cuando las condiciones externas no son buenas el producto no crece. Son correlaciones, no implican causalidad, pero es importante tenerlas en cuenta: Uruguay depende fuertemente de los factores externos.
—¿Hay alguna señal que permita vislumbrar un repunte en la economía en la segunda mitad del año?
—Sin ánimo de hacer futurología, pero por un lado, Argentina parecería que viene recuperándose bien, y eso siempre es buena noticia para la economía uruguaya. Otro aspecto es la posibilidad de que se concreten algunas inversiones importantes. La más destacada, sin dudas, la de hidrógeno Verde de HIF. ….
— ¿Es la desaceleración del ILC una cuestión generalizada en todos los campos o la ven sólo en indicadores adelantados específicos?
—Realmente, no todos los motores están mal. Tenemos buenos números en el consumo, en particular la venta de vehículos cero kilómetro; el mercado laboral, por más que la tasa de empleo se haya desacelerado en su crecimiento tenemos cifras históricas en la cantidad de personas ocupadas. Cuando observamos el agro, allí hay diferentes dinámicas. Estados Unidos sigue comprando carne y a buen precio, pero hay otras exportaciones que no están teniendo el mismo impulso. La energía es un sector que no se ha comportado muy bien; la facturación de energía eléctrica, por ejemplo, está 3% por debajo del año pasado. Como contrapartida, la venta de gasoil ha subido en estos últimos meses y está por arriba la comparación interanual y también crecieron las ventas de nafta. Los resultados son mixtos.
Para el ILC, cuanto tenemos tres registros negativos, podemos afirmar que probablemente la economía caiga. En el primer trimestre, enero fue neutral, y en febrero y marzo sí cayó. Lo que podemos decir es que el primer trimestre viene con muy poca fuerza; desestacionalizado, el cuarto trimestre 2025 contra el tercero creció 0,1%. Para el primer trimestre, esa comparación no estaría dando cero, prácticamente.
En ese contexto, ya cosas que se están haciendo bien, pero hay otras que no necesariamente las estamos haciendo bien.
—¿Cómo cuáles?
—Por un lado, se reconocen los problemas de rentabilidad que tiene el país, pero en ese marco, en una economía donde se pretende una mayor inversión, no apuntar a un ajuste del gasto público que derive en baja de impuestos, es un error.
El presupuesto es una enorme oportunidad de llevar a cabo una revisión profunda del gasto público, pero se desperdició, como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo en el país. El gasto público lleva una tendencia inercial al alza. EnCeres mostramos la evolución del gasto público per cápita y el crecimiento que ha tenido y se puede ver claramente una línea ascendente desde hace muchos años. Y eso no cambió; va a seguir creciendo el gasto público per cápita, va a seguir creciendo los funcionarios públicos para una población que crece menos. En Uruguay tenemos 12 personas por cada funcionario público. En América Latina ese número es 30, en el promedio de la OCDE es 20. En la encuesta que hizo Ceres, el 78% de los legisladores declaró que piensa que el Estado debería mantener o aumentar su tamaño. Es un gran problema. Y ese crecimiento del gasto, termina luego justificando otras decisiones. En un escenario como el actual, donde se crece menos de lo esperado y no se recorta el gasto, se apunta a más impuestos.
—¿En qué medida la rendición de cuentas puede dar una señal en materia de gasto?
—Es una buena instancia que tiene el gobierno de recalibrar la planificación inicial que se hizo el año pasado, por ejemplo, en cuanto a la no ejecución de ciertas partidas; ojalá se haga.
Pero además de la rendición de cuentas, creo que el debate más importante del año es el del diálogo social.
—¿Por qué?
—Porque no conocemos el informe final, pero ya se saben algunas cosas. Me preocupa especialmente el tema de las AFAP. Lo que se pretende proponer es que se elimine el manejo privado de las cuentas individuales y pasarlas al Estado, donde las administradoras quedarían como una suerte de corredor de bolsa. Esto se plantea como una ganancia de eficiencia por economías de escala, lo cual no es así. El riesgo es que el siguiente paso sea hacerlas desaparecer totalmente. Vale recordar que la ciudadaníarechazó en 2024 el plebiscito de la seguridad social contundentemente los cambios propuestos en torno a las AFAP. Por otro lado, la calificación de riesgo crediticio que ostenta Uruguay corre riesgo ante cambios de esa naturaleza.
Por tanto, lo que se plantee en el Diálogo Social y el proyecto de ley que elabore luego el Poder Ejecutivo son de enorme importancia para el país.
—Anteriormente dijo que hay cosas “que se están haciendo bien”. ¿A qué se refería?
— Por ejemplo, la ley de competitividad que se está impulsando ahora. Estar escuchando a diversos actores para buscar mejoras está muy bien. Están golpeando todas las puertas y esa es una señal muy positiva. Otra, el proyecto de desempapelamiento de comercio exterior, que termina llevando a mejoras en rentabilidad. Otra medida muy importante es la ley de política de fronteras que se puso en marcha al final de 2025 con Brasil. Lo dijo el equipo económico: bajar impuestos mejora el trabajo y calidad de vida de la gente. La pregunta que uno se hace es, si el remedio funciona en la frontera, ¿por qué no lo aplicamos en todos el país? Es por ahí.
Obviamente, también lo logrado en materia de inserción internacional es muy importante, con el acuerdo con la UE y los demás procesos en marcha.
—¿Cómo debería evolucionar la política monetaria en un contexto externo que ha cambiado?
—Primero que nada, tener a alguien como Guillermo Tolosa al frente del BCU le da cierta independencia a la autoridad monetaria en su accionar, aunque en realidad esa autonomía no existe. Tuvimos un fuerte shock desinflacionario, llevando la inflación a mínimos históricos; es una oportunidad hermosa para bajar la meta y converger como cualquier país desarrollado, hacia el 2-3%. Pero no se puede hacer, porque el BCU está condicionado; el presupuesto se hizo con una inflación proyectada en 4,5%. Hay que dar un paso más y que el BCU tenga mayor independencia.
—¿Qué decisión puede tomar el Comité de Política Monetaria ante el cambio en el contexto externo y que impacta en el dólar y en los combustibles?
—No sé cuál será la decisión; lo que sí entiendo es que hay que ser cautos. Es importante distinguir entre un shock transitorio y un shock permanente. Y en la situación en la que estamos hoy, es muy difícil asegurarlo. Porque si el shock es transitorio lo veremos en el registro de inflación de este mes y quizás en el siguiente. Pero no debería haber mayores cambios. Ahora, si el shock es permanente, ahí podríamos pensar en algún ajuste en la política monetaria. Hay mucha incertidumbre afuera.