JORGE CAUMONT
Muchos organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el BID, la Ocde y otros por el estilo, cuyas previsiones sobre economías particulares y sobre la mundial son sumamente consideradas quienes formulan la política económica de los gobiernos y por la opinión pública en general, siguen alertando sobre el enlentecimiento económico mundial. Las razones las ubican en la necesidad de más restricción fiscal y monetaria en Estados Unidos, en la depreciación del dólar y en el alza del precio del petróleo. Incluso, algunos organismos indican que el rápido crecimiento de China encuentra límites en su capacidad instalada productiva, que no crece al ritmo que exige la demanda que enfrenta, no obstante el gran ritmo inversor al que asiste, y que ello también afectará al comercio mundial. Una vez más, como en otras ocasiones, —aunque no en todas— se equivocan. Los organismos indicados no son infalibles, ya que muchos de sus técnicos sí son falibles, a juzgar por los reiterados errores en sus previsiones y en sus recomendaciones. Equivocaciones que han tenido y tienen costos sumamente altos, que lamentablemente son difíciles de cuantificar, como para que quienes se ajustan a esas previsiones erróneas tengan reparación de algún tipo.
DÉFICIT AMERICANOS. Una de las razones que más se cita para prevenir sobre el enlentecimiento de la economía mundial es la existencia de los "déficit gemelos" en Estados Unidos: su déficit fiscal y el de su comercio de bienes y de servicios. En la teoría económica se manejan estos dos déficit como corolario el segundo, en gran medida del primero, lo que lleva a que para que aquél desaparezca, se deban aplicar una política fiscal restrictiva y una política monetaria de tasas de interés en alza. Menor déficit fiscal y menor consumo e inversión privada —por la suba del costo del crédito— serían seguidos entonces, por un menor déficit comercial. Ese es el desenlace de la aplicación de tales políticas.
Otra forma más natural de bajar el déficit comercial norteamericano sería, para muchos, la devaluación del dólar frente a las monedas de las zonas con las que Estados Unidos más comercia: Europa y Asia. Y fundamentalmente presionando a China para que revalúe el yuan y baje sus excedentes comerciales bilaterales, como hace ya dos décadas se presionaba a Japón para que dejara flotar libremente al yen para que se apreciara frente al dólar.
Devaluación del dólar, política de gasto público más restrictiva y mayores tasas de interés de corto plazo y superiores rendimientos de papeles públicos en Estados Unidos deberían llevar, para muchos, a un menor ritmo de gasto interno y de actividad de la nación que es el "motor" del comercio internacional y a un crecimiento mundial menor.
INTERÉS Y DÓLAR. La política monetaria de Estados Unidos se ha hecho mucho más restrictiva, aunque muy "mesuradamente" según el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, pues si bien la tasa de interés de referencia ha subido 200% en un año, ha trepado de su menor nivel en sesenta años, 1%, a tan solo 3%. La suba no ha contribuido sin embargo, a una restricción del consumo o de la inversión doméstica. Si observamos lo que ha ocurrido con los valores públicos y sus rendimientos de mediano y de largo plazo, tampoco presentan indicaciones que vayan a frenar el gasto privado, las inversiones en el sector real de la economía y en el sector inmobiliario en particular, que hoy vive un boom que ha llevado el valor de los inmuebles a un nivel insospechado hace un par de años.
Estados Unidos está, además, en vías de reducir su déficit fiscal. De hecho, lo ha bajado casi 25% en el año móvil hasta mayo. El crecimiento de su economía ha contribuido a generar una recaudación tributaria en aumento. Ello, unido a que todo el planeta busca las colocaciones en títulos norteamericanos para buena parte de sus excedentes financieros, ha tornado innecesario un ajuste más riguroso de su aún alto déficit presupuestal. Los títulos norteamericanos ofrecen todavía un rendimiento bajo aunque mayor al de otras alternativas libres de riesgo y permiten que se mantengan relativamente sin restricciones su política de gasto público y su política tributaria.
En definitiva, no obstante los aludidos déficit, al lograr financiarlos se le permite proseguir la evolución creciente de su actividad. Su producción crece más que lo que han previsto los organismos multilaterales de crédito y ese aumento de la actividad se mantendrá en los próximos trimestres por el renovado aumento de la confianza de los consumidores ante progresos en el mercado de trabajo. No hay indicadores de que la producción se vaya a interrumpir ni aún a pesar de los exageradamente altos precios del petróleo.
Y si Estados Unidos crece, se logra que el comercio mundial no se detenga en su expansión absoluta. Es una buena noticia en general y en particular para el socio comercial que más se beneficia por ello: China continental. El mundo seguirá por lo tanto, al menos por este año y comienzos del año entrante, creciendo y contribuyendo a la expansión del comercio internacional y a los buenos precios de los commodities.
La eurozona es la región que ha venido sufriendo más en los últimos dos trimestres. Alemania, Francia e Italia, los tres países más importantes de los que comparten el euro, crecen lentamente y en algún caso reducen su producción en el primer trimestre del año. El euro que había dado un respiro luego de su caída hasta hace dos años, al fortalecerse frenó la expansión europea basada en exportaciones, aunque vuelve a darle impulso desde este trimestre al bajar nuevamente frente al dólar. Tres razones juegan para que continúe la apreciación del dólar frente al euro. Una de ellas es el diferencial de tasas de interés incrementada a favor de Estados Unidos por la estabilidad de la tasa que maneja el Banco Central Europeo —2%, la menor de post guerra y vigente desde la inauguración del euro en 1999— y por la suba mesurada pero firme de la tasa de interés de la primera potencia mundial. Ello contribuye para que haya un flujo de euros hacia una mayor demanda de dólares que fortalece a la moneda norteamericana. Otra razón es la diferencia entre la tasa de crecimiento de la producción de ambas regiones que al ser mayor en Estados Unidos, también contribuye al fortalecimiento del dólar ante el euro. En tercer lugar, un déficit fiscal norteamericano que baja, frente a un déficit fiscal de la eurozona que sube y que se acerca al anterior. Por estas causas el euro deberá seguir perdiendo poder de compra ante el dólar.
LO NUESTRO. Es cierto que en el primer trimestre del año la economía mundial no mantuvo el ritmo de crecimiento que presentara en 2003 y 2004. Pero también es probable que ese ritmo sea ya mayor. Hay indicios de que la economía norteamericana vuelve a expandirse con vigor y que arrastrará en los próximos trimestres a la economía global. Mejorarán las condiciones mundiales para nuestro país en los próximos trimestres, aunque se tenga como contrapartida adversa la continuidad por algún tiempo más de los altos precios del petróleo. Es por eso que deberían verse con optimismo las posibilidades que ofrece el mercado global. Las incógnitas que presenta la continuidad del crecimiento de las economías de la región, en particular en Argentina, deberían acelerar la diversificación de los destinos de nuestras exportaciones.
Lo más importante ahora para Uruguay es aprovechar esta nueva vuelta del crecimiento mundial sin cuestionar definiciones institucionales claras para la inversión. Si Estados Unidos es el motor del crecimiento y del comercio mundial, es hora que aprovechemos toda alianza estratégica que se pueda alcanzar con dicho país. El tratado de inversiones, que no es sustancialmente distinto al que se ha firmado con otras naciones, no genera razones, otras que las ideológicas para no aceptarlo. Es el paso previo, cronológicamente hablando, para una mayor vinculación comercial con la mayor potencia mundial. Debe ser aprobado sin maniqueos de tenor ideológico. Procurar una vinculación comercial con Estados Unidos, con definiciones institucionales claras para la creación de una alianza de libre comercio, como lo han hecho Canadá, México, Chile y los países centroamericanos y como lo intenta lograr el grupo de los andinos —Perú, Ecuador y Colombia— es, asimismo, una tarea impostergable. Venezuela, Argentina y Brasil poco o nada contribuyen a nuestra expansión comercial y productiva. Atarnos a ellos por razones de vecindad, de complementariedad o ideológicas, nos mantiene pobres y con altas tasas de desempleo. La inversión productiva no la hacen en Uruguay los inversores de dichos países, mucho más preocupados por frenar las de terceros países en nuestra nación que por contemplarnos con sus propias inversiones directas en Uruguay, o con preferencias comerciales que no se materializan.
El tren del progreso para el sector productivo uruguayo no viene de la mano ya de algún buen momento de las economías de la región, o de los dislates estentóreos y verborrágicos a que nos tiene acostumbrado el presidente Chávez. Por más que estos últimos puedan despertar la rebeldía por una revolución que equivoca el camino para llegar a la prosperidad. El tren del progreso que pasa solo ocasionalmente por esta latitud, lo traen la expansión norteamericana y la de sus socios comerciales más importantes. Es por ello que alejándonos de los consabidos prejuicios ideológicos, debemos tomar ya la ruta seguida por el cauteloso, realista y moderno socialismo trasandino.