La guerra y los millonarios del petróleo: efectos en el Golfo Pérsico y las consecuencias económicas globales

Todo el Golfo Pérsico puede estar en recesión y la economía global no lo va a sentir. El canal de contagio son los precios de los hidrocarburos, asegura el argentino Camilo Cisera, estratega de inversiones del gobierno de Abu Dhabi.

CAMILO Cisera
Camilo Cisera, economista argentino, estratega de inversiones en el gobierno de Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos.

Los países árabes que están en la línea de fuego de Irán, producen en conjunto un tercio del petróleo mundial. Si bien la guerra impactó en los precios, al tiempo que la incertidumbre aleja turistas y talentos y pone en pausa proyectos inmobiliarios, no parece afectar mayormente la economía de esos países. El economista argentino Camilo Cisera, desde hace cuatro años estratega de inversiones del gobierno de Abu Dhabi, asegura que los países del Golfo y en particular Emiratos Árabes Unidos, cuentan con una gran liquidez, un sistema bancario sólido y sistemas de infraestructura alternativos que permiten navegar la incertidumbre con efectos manejables. De todos modos, Cisera sostiene que dichas economías sufrirán una desaceleración económica, y que entre los escenarios posibles se puede pensar en el barril de crudo llegando a los 200 dólares. Sin embargo, no destaca la posibilidad de que desescale el conflicto y el exceso de oferta lleve el petróleo a los niveles previos a esta crisis. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo están observando hoy la situación luego de un mes de estallada la guerra en el Golfo?

—Es muy grande la incertidumbre en que vivimos. Nadie está en condiciones de asegurar que haya una mayor escalada de violencia, que no tengamos algún ataque más a la infraestructura energética, que es algo que se teme mucho, o si realmente las negociaciones tienen alguna posibilidad de éxito y de repente en tres días hay un acuerdo; pero hoy, eso no luce muy probable.
El mayor daño, y de alcance general, es el impacto en el precio de petróleo, que subió 50% desde el 27 de febrero, el día previo al inicio del conflicto. Eso le pega a la inflación en todo el mundo, como consecuencia hay menos posibilidades de que los bancos centrales puedan recortar tasas de interés, que era algo que se esperaba que sucediera este año y que iba a traer un buen beneficio a la actividad económica.
También está el impacto en algunos países de la región, no en Emiratos Árabes, de la falta de petróleo. No es solamente que el precio subió sino que el petróleo no está llegando, entonces están implementando educación remota, trabajo remoto y demás, porque realmente hay colas muy largas en las estaciones de servicios. Eso sin dudas impactará al crecimiento económico.

—¿Eso no ocurre en Emiratos?

—En el caso particular de Emiratos Árabes, es un país donde sobra liquidez, el sistema bancario está muy sólido, las inversiones del sector inmobiliario se hacen principalmente con capital propio, con lo cual no hay un riesgo de caída en cadena. Por otra parter es un país que depende mucho de retener y atraer talento internacional. Y ese es el principal punto que hoy se teme. Emiratos, históricamente fue percibido como la Suiza de Medio Oriente, un país muy estable, neutral, que no se metía en los conflictos, y el actual conflicto desafía esa percepción.
En este contexto, es improbable que el talento internacional siga viendo la plaza de Abu Dhabi o de Dubái como un lugar interesante para venir, donde hay sueldos altos y impuestos inexistentes, pero hoy corre serio riesgo de que Irán ataque de nuevo. Ese es principalmente, el punto bisagra que va a definir la suerte de Emiratos Árabes después del conflicto.

—De todos modos, la inestabilidad ha estado latente siempre en la zona del Golfo Pérsico. ¿Se trata de un nivel superior de riesgos a lo que ya se ha vivido en la zona?

—Se convive con eso, es verdad. Pero en el caso de Emiratos, históricamente ha estado aislado de todos esos conflictos; de hecho, se ha beneficiado de esa volatilidad, porque todos los habitantes medianamente adinerados de Irán, de Siria, de algunas regiones de Jordania y demás tienen sus ahorros o su seguridad en una cuenta bancaria o una propiedad en Emiratos Árabes, por si acaso su país se complica y tienen que escapar. Ha sido un refugio en el que se preservaba el valor de la región.
De todas formas, como siempre estuvo latente el riesgo de un ataque de Irán, se han tomado medidas al respecto. Por ejemplo, se construyó una central nuclear cerca de Abu Dhabi, que es la más costosa del mundo, porque se hizo especialmente reforzada por si Irán atacaba. También fue construida suficientemente lejos de la ciudad para que no llegue la radiación, en el peor de los escenarios. Cuando se armaron los sistemas de desalinización del agua, se hizo con capacidad extra, para servir a la población si en algún momento teníamos problemas de un ataque. Siempre se estuvo preparando y con el temor presente. En el fondo, lo que se temía terminó sucediendo, llegó un ataque de Irán y los sistemas de intercepción de misiles han sido muy exitosos.
El impacto realmente fue mínimo y acá se habla de país seguro. ¿Qué es un país seguro? ¿Uno que nunca atacan o uno que cuando lo atacaron demostró tener la resiliencia y la preparación para defenderse?

—El petróleo es la base de los ingresos de EAU; ¿cuánto pesan en la economía los movimientos financieros y el turismo?
—Lo más importante es el petróleo, sobre todo en Abu Dhabi, uno de los emiratos, que representa el 80% del territorio y a su vez, algo más del 80% de las reservas de petróleo. No es tan fuerte en producción de gas natural, como sí lo es el vecino Qatar.
Más de la mitad de la economía de Emiratos depende directamente o indirectamente del petróleo. Gracias al petróleo, en Abu Dhabi es donde está todo el ahorro de los fondos soberanos. Más de un billón de dólares, invertido en fondos soberanos. Ahorros de años y años de extracción de petróleo invertidos en todo el mundo.
Pero la plaza financiera también es muy importante y eso es donde sobre todo se destaca Dubái, al igual que con el turismo. En Dubai, gente muy adinerada de Egipto, India, Pakistán, Irán, tiene sus patrimonios administrados desde allí. Y el turismo pasa también, en gran medida, por Dubai.
Petróleo, finanzas y turismo son las tres patas más importantes para la economía de los EAU.

—Es un país donde la población tiene un alto poder adquisitivo; ¿en las actuales condiciones acceden a las condiciones de consumo de siempre?

—Es muy alto el poder adquisitivo, sí. La población es de unos 10 millones de habitantes, de los cuales solo un millón son emiratíes y el resto expatriados. De ese 90% de extranjeros, más de la mitad son trabajadores, vinculados fundamentalmente con la industria de la construcción, que es otro driver importante de la economía. El PBI per cápita que se reporta es de por sí bastante alto, pero si se excluye todos esos trabajadores temporales que están en la construcción, es incluso mucho mayor.
Eso refleja altos niveles de consumo. Ese importante número de extranjeros aspira a mantener sus hábitos, por lo tanto, se importan alimentos de todo el mundo y están a disposición en las góndolas de los supermercados. También se satisface todo tipo de consumo de lujo. Y hasta el momento, no está faltando mercadería. En esa continua adaptación a una zona de riesgo, se fueron desarrollando infraestructuras que permitieran no quedar presos de, por ejemplo, el cierre del estrecho de Ormuz. Hay un puerto en el Emirato de Fuyeira, por fuera del Golfo Pérsico, por donde ingresa la mayor parte de todo este comercio.

—Pero esas alternativas no existen para el comercio de crudo…

—El petróleo sí está afectado y es algo que pega mucho. La industria de EAU se está perdiendo la posibilidad de buenos ingresos dado los altos precios. Pero los barcos están atrapados en el Golfo, o fuera de él, sin poder ingresar. Buena parte de la infraestructura vinculada con los hidrocarburos está en los puertos del golfo.

—Ante esta realidad, ¿qué escenarios trazan para la economía de los países de esa región?

—Dada la dependencia del petróleo, hay un impacto enorme por esa vía. Por el momento, como decía antes, no se avizoran problemas de escasez de otros bienes, por lo que el consumo no parece tener limitantes hoy. Y más del 90% de la población sigue acá; otros están trabajando remoto desde distintas zonas más alejadas del conflicto, entre ellos los trabajadores de las empresas norteamericanas que permitieron que sus empleados viajen afuera dada la amenaza.
Lo que se teme, sí, es el impacto en el mercado inmobiliario, porque depende en mayor medida de demanda por inversiones, ya que toda la región busca, históricamente, una seguridad ante la volatilidad, que hasta ahora han encontrado acá.
En términos generales, estamos aceptando y manejando la incertidumbre. Sinceramente no podemos saber a ciencia cierta cuándo este conflicto puede terminar. Se pueden hacer distintos análisis, pero la variabilidad es alta. Podemos decir, una opción es que la guerra se termine la semana que viene, otra que lleve más de dos meses más, o que estemos hasta fin de año en estas condiciones. Yo tiendo a creer que en algún lugar en el medio de estas proyecciones, espero que no lleguemos a fin de año en estas condiciones.

—¿De qué magnitud será la desaceleración económica?

—Llevamos más de un mes de conflicto y eso impacta de lleno en la marcha de la economía. Vamos a tener una desaceleración que puede ser muy importante, en un país, en el caso de Emiratos, que viene expandiendo su economía en el entorno del 6% anual.

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En Abu Dhabi se concentra el 80% de la población y un porcentaje similar de la producción de petróleo de los Emiratos Árabes Unidos

—Un fuerte impacto en la economía de los países del Golfo Pérsico, ¿qué efectos tendría sobre la economía global?

—En términos relativos, la región no es un gran consumidor a escala global, por lo que no impacta tanto en el resto del mundo. Todo el Golfo Pérsico puede estar en recesión y la economía global no lo va a sentir.
De todos modos, creemos que cada país irá encontrando alguna solución. Qatar, que es un país que está enteramente adentro del Golfo Pérsico y que depende en un 100% de la exportación que pasa por el Estrecho de Ormuz, históricamente hay sido neutral en los conflictos, inclusive con vínculos con Irán. Va a haber una solución para Qatar.
En el caso de Arabia Saudita, tiene un oleoducto muy grande también que sale cerca del canal de Suez y está exportando en este momento a capacidad plena, 7 millones de barriles por día; es un 70% de lo que exportaría normalmente Arabia, con lo cual está bastante morigerado todo el impacto en las grandes economías de la región
En el caso de Emiratos Árabes, se construyó un oleoducto para exportar parte de su petróleo por el puerto de Fuyeira que le permite sortear el Estrecho, eso alivia un poco el impacto.
Y un tema no menor: la región tiene espalda…

—¿A qué se refiere?

—Hay altos superávits acumulados en fondos soberanos, tanto en Qatar, como en Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos. Si hace falta, sobra capital para desplegar y llevar adelante una política fiscal expansiva que compense aunque sea parcialmente el impacto negativo.

—Por otra parte, no todas las potencias globales dependen de los hidrocarburos del golfo…

—Estados Unidos tiene el gran problema de llevar adelante una guerra impopular y de tener elecciones de medio término este año, lo que presiona a Trump. Pero en cuanto al crudo, es un exportador neto de petróleo, con lo cual no tiene problemas de oferta. Eso sí, la suba del crudo a nivel global le pega a la gasolina en el mercado interno, le pega a la inflación y la Reserva Federal no puede cortar las tasas. Eso sí tiene impacto.
En China, si uno mira la reacción de las bolsas de valores, el mercado chino ha absorbido el sacudón global, está solamente 5 o 6 por ciento abajo desde que empezó el conflicto. Si bien China es el mayor importador de petróleo del mundo, también es la segunda economía más grande, y dentro de su matriz energética, tiene mucha producción interna o generación doméstica de otros tipos de fuentes de energía.
Japón y Corea del Sur sí están más expuestos por las dificultades de acceso al petróleo y el cierre del estrecho de Ormuz.

—¿A cuánto estiman que puede llegar el precio del petróleo de persistir el conflicto?

—No es descabellado pensar que alcance niveles como los de 2008 (145 dólares el barril). El Brent, referencia para buena parte de Europa y Asia, en un momento de este mes llegó a superar los 125 dólares por barril. Ahora está rozando los 110. Lo peor es que se siga dando un daño en las infraestructuras lo que lleva años recuperar; en ese caso, no sería disparatado pensar en que por momentos se aproxime a los 200 dólares el barril.
Pero hay otro escenario totalmente inverso…

—¿Cuál sería?

—¿Qué pasa si Estados Unidos e Irán llegan a un acuerdo? Un acuerdo de urgencia, porque la economía de Irán esté colapsando y a Estados Unidos se le acerquen las elecciones de medio término. En ese contexto, Trump decide levantar las restricciones impuestas a Irán, un país que entre 2005 y 2010 producía cuatro millones de barriles por día, un gran contribuidor de la OPEC. Si las sanciones se levantan, sin necesidad de mayores inversiones, Irán puede rápidamente bombear entre 400 y 700 mil barriles de petróleo extra por día. En un escenario en el cual se abre el Estrecho de Ormuz, se llega a un tratado de paz, Irán bombea a todo su potencial y a la vez, por haber estado algunos meses con el petróleo arriba de 100 dólares por barril, la economía global se desacelera, con una demanda menor de crudo. Ahí podríamos ver una caída grande del petróleo, a 60/70 dólares el barril. Es un escenario posible, aunque hoy nos cueste visualizarlo.

—¿También se puede esperar que países de peso en la OPEC, como los del Golfo, manejen la oferta de manera de morigerar esos precios?

—Es una posibilidad, pero la OPEC está muy fragmentada. Rusia era un aliado de la OPEP y eso había aliviado algunas tensiones con Arabia Saudita. Hoy, con los posicionamientos en este conflicto, casi se volvió una enemistad. La posibilidad de que se reúna un consejo de la OPEC donde esté Irán, Rusia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, suena un poco descabellado, con lo cual yo tengo más temores de que se resquebraje la OPEC que de que pueda acordar una reducción en la oferta de petróleo.

—¿Qué va a pasar con otros productos, como los fertilizantes o los insumos para el sector tecnológico?

—Están muy afectados; viene de la mano de la extracción de petróleo y gas y su comercialización. Eso lleva a una suba de la soja y el maíz, también de otros sectores industriales como el plástico y a la escasez de insumos clave para la producción de productos básicos en la industria tecnológica. Junto a la suba del crudo viene el incremento para todo lo demás.

—En cuanto al turismo, es factible que una zona tan convulsionada deje de ser opción…

—El turismo acá es casi que una política de Estado, asociada a la necesidad de cuidar la imagen del país. Se ha invertido mucho en captar turistas de alto poder adquisitivo, pero en esta coyuntura es probable que estén buscando otros destinos.
Los aeropuertos, que cerraron en las primeras dos o tres semanas del conflicto, están operando con cierta normalidad. Pero es más que nada vuelos internos o cuestiones que ya estaban previstas. Hay poco turismo por estos días, y eso ha llevado incluso a que las opciones más costosas se estén ofreciendo a precios más accesibles. No sabemos cuánto podrá extenderse todo esto. No hay más remedio que manejarse con la incertidumbre.

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