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La economía uruguaya en 2023: ¿de menos a más?

Es posible que en el balance neto, la economía uruguaya vaya de “menos a más” durante 2023, aunque mayoritariamente por factores puntuales, advierte Aldo Lema.

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Nivel de actividad económica
Evolución de la eocnomía
Getty Images

Aldo Lema

Hacia el segundo semestre de 2022, las preguntas fundamentales sobre la economía uruguaya giraban en torno a la magnitud de la desaceleración y la posibilidad de un rebote a lo largo de 2023. La entrega casi completa del balance macro del año pasado y los recientes desarrollos —externo e internos— arrojan luces y sombras al respecto.

En pocas palabras, 2022 se caracterizó por una economía que promedió 4,9% de crecimiento, pero que fue de más a menos, con gran impacto de la sequía hacia el cierre del año. Durante el segundo semestre, el PIB desestacionalizado se contrajo respecto al primero y en el último trimestre quedó estancado versus igual período de 2021.

La sequía tuvo una fuerte incidencia en el agro, que se desplomó 21,5% interanual al cuarto trimestre, y en Electricidad, Gas y Agua, que se contrajo 6% en igual período. Si se excluyen dichas incidencias, apuntando al crecimiento económico subyacente, el PIB desestacionalizado igual estuvo estancado en el segundo semestre, sin la recesión técnica mostrada por el total y con la previsible convergencia a cerca del crecimiento potencial (2% aproximadamente).

Como la pandemia, la sequía se trata de un shock de oferta que —si bien ya empieza a revertirse— tiene impactos de primer orden en las exportaciones y de segunda vuelta en la demanda, sobre todo en el consumo de los hogares y las inversiones de los sectores relacionados. Aunque de difícil cuantificación aún, es probable que haya restado al menos 2 puntos porcentuales al crecimiento interanual del primer trimestre, que habría sido negativo.

¿Habrá sido ese el peor momento? Si la economía fue de más a menos en 2022, ¿es factible vaya de menos a más en 2023?

Técnicamente la respuesta a esa interrogante exige examinar cuatro fundamentos: el crecimiento potencial, los impulsos externos, las instancias de las políticas internas y la incidencia de shocks de oferta (sequía, etc). Anclada en la mencionada expansión potencial, que no parece haya cambiado muy significativamente, las otras tres categorías de factores determinan si la economía uruguaya crecería por encima o por debajo de ese umbral (2%).

En cuanto al entorno externo, puede haber cierto reimpulso extrarregional temporal si sigue estabilizándose la situación financiera, debido a la reactivación de China, la estabilidad/debilidad global del dólar, alguna mejora de términos de intercambio para Uruguay y condiciones financieras algo menos restrictivas. En el balance no es un escenario adverso, como podría serlo en el futuro (2024-25). Y parece evidente que un escenario presente menos desfavorable será a cuenta de uno más negativo en el futuro.

Por su parte, del entorno regional, cabe esperar “más de lo mismo”, con la prolongación del crecimiento mediocre de Brasil y la agonía acentuada de Argentina, estancada, inflacionaria y abaratada en dólares, sin necesariamente grandes expectativas de mejoras a partir de un eventual cambio político. En consecuencia, continuaría el desimpulso desde el vecindario, sin que el contexto extrarregional lo pueda revertir.

Tampoco habrá estímulos desde las políticas internas de demanda. La rebaja tributaria es acotada y el cumplimiento de la regla fiscal impone el techo del crecimiento potencial para la expansión del gasto público. El déficit ha aumentado por razones cíclicas, pero en términos estructurales la política fiscal debería ser neutral. En tanto, la política monetaria seguiría siendo restrictiva, aunque si se consolida cierta moderación adicional de la inflación subyacente y el contexto financiero global no entorpece, las tasas de interés locales podrían caer algo durante este año.

Por último, lo que muy probablemente jugaría a favor es lo que en el último año jugó en contra. De consolidarse el fenómeno de “El Niño” y las lluvias asociadas, la recuperación del agro y el mayor valor agregado del sector eléctrico podrían aportar 2 puntos de mayor crecimiento en el correr de 2023, que se explicitaría más en 2024. A eso, habría que agregarle el impacto positivo por una vez en las exportaciones y la producción industrial de la puesta en marcha de la segunda planta de UPM.

Es posible entonces que, en el balance neto de todo esto, la economía uruguaya vaya de “menos a más” durante 2023, aunque mayoritariamente por factores puntuales, sin gran aceleración del crecimiento subyacente y con el riesgo de una recaída en el bienio siguiente. Para el mercado laboral eso implicaría una recuperación modesta de la masa salarial, más de las remuneraciones reales que del empleo, todo lo cual ayudaría a una expansión del consumo privado, aunque tenue.

Hay también, de lo anterior, algunas implicancias de política económica. Primero, el bajo crecimiento potencial no se eleva con políticas expansivas de demanda, sino con correctas políticas de oferta. Segundo, “el canario en la mina” advertido en mi columna previa puede estar anticipando una segunda mitad de década globalmente mucho más compleja.

Mejor arribar sin grandes desequilibrios, bien preparado y diferenciado en una región también muy complicada. A no olvidar que, aunque parezca lo contrario, tras la pandemia el mundo nos jugó a favor. Y eso a la larga se compensa.

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