La competitividad amenazada

Jorge Caumont

Acontecimientos recientes en el mercado financiero internacional y en particular en el de Estados Unidos, han llevado a la Reserva Federal a reducir su tasa de interés de referencia y a reclamos para que el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra sigan sus pasos. Ello requiere un cambio sustantivo de la política fiscal y de ajustes de salarios en nuestro país. Si así no fuera, en un cierto lapso sentiremos fuertemente la presión de una competencia externa que llevará, más tarde, a ajustes más severos de la política cambiaria, de la monetaria, de la fiscal y de la laboral.

AJUSTA LA FED. La Reserva Federal de Estados Unidos, ha reducido su tasa de interés de intervención con fondos federales, de 4.25% a 3% en pocos días. El mercado ya anticipa en los precios de algunos instrumentos financieros que en marzo, la FED volverá a disminuir esa tasa de interés en otros 50 puntos básicos y la llevará a 2.5%. El objetivo funcional de las decisiones de la FED es dar mayor liquidez -que haya más monedas y billetes en la economía-, para que la tasa de interés interbancaria y la de los préstamos de los bancos y de otros activos financieros, sean menores. Y el objetivo económico de menores tasas de interés es dar un incentivo para que aumente el consumo y la inversión de las empresas y el de las familias. A menor tasa de interés, el mercado manifiesta un menor deseo de ahorrar y uno mayor de consumir y de invertir. La baja de la tasa de interés coincide con el sentimiento de muchos analistas que ven que la economía norteamericana se acerca peligrosamente a una recesión. Es también el sentimiento de las autoridades de la Reserva Federal que como dijo su presidente, Ben Bernanke, está dispuesta a prevenir situaciones peores de una economía que tiene problemas de actividad.

Los reclamos de bajas se vuelven ahora sobre el Banco Central Europeo con una tasa de interés de referencia de 4% y sobre el Banco de Inglaterra con una tasa básica de interés para su política monetaria de 5.25%. Dichos reclamos, que abstraen sus efectos inflacionarios, tratan de anticipar lo que vendrá si ello no ocurre: una nueva apreciación del euro y de la libra frente al dólar, una menor competitividad de la producción europea frente a la norteamericana y presiones recesivas sobre los sectores exportadores y sustituidores de importaciones de los países que comparten al euro -los de la eurozona- y sobre los del Reino Unido.

EFECTOS LOCALES. Las decisiones de la FED a las que, eventualmente, pueden seguir similares decisiones de los dos banco europeos mencionados, deberían tener efectos primeramente financieros sobre nuestro país y luego otros, ya de naturaleza económica, en caso que no se modifique la política fiscal expansiva por el lado del gasto que lleva adelante la conducción económica y la política de ajustes salariales en el mercado laboral. Al bajar en Estados Unidos las tasas de interés, reflejo de las recientes decisiones de la FED, la diferencia con las tasas de interés en pesos en nuestro país tienden a aumentar. Un depósito en dólares en Estados Unidos, o una letra de tesorería de su gobierno, tiene un rendimiento anual más bajo ahora que el que tenía antes de las disminuciones de la tasa de interés de intervención de la FED. En nuestro país, la tasa de interés sobre un depósito que un inversor local o internacional desee hacer en dólares, es similar o menor a la de cualquier instrumento financiero de Estados Unidos, por lo que la acción de la autoridad monetaria norteamericana no tendrá efectos por este lado. Pero sí los tiene cuando el inversor -local o del exterior-, compara los rendimientos de esos instrumentos en Estados Unidos y en el mundo, con la tasa de interés que se puede obtener en Uruguay por comprar un título público emitido por el Banco Central en pesos uruguayos o comprar un título en unidades indexadas, a más largo plazo pero con mercado secundario asegurado. En ambos casos, con una devaluación del peso esperada por el inversor nula o con una expectativa de revaluación del peso, el inversor se inclinará por el depósito en pesos o en unidades indexadas. La conclusión obvia es que habrá una afluencia de inversiones hacia esos títulos previa venta de dólares para adquirir los pesos con los cuales comprarlos. Ese cambio de dólares por pesos, presionará a la baja del tipo de cambio nominal, lo que equivale a decir que, aquí, el valor del dólar seguirá en baja a menos que haya una intervención del Banco Central para comprar los dólares que los inversores buscando pesos, volcarán al mercado.

RIESGOS. Un riesgo que trae esa acción de los inversores y del intento del Banco Central de mantener al dólar en su nivel actual o en uno mayor, es que al emitir moneda para comprar los excedentes de dólares en el mercado de cambios esa expansión monetaria alimente presiones inflacionarias, que luego se potenciarían por las expectativas de la propia población. Existe la posibilidad que la autoridad monetaria "esterilice" esa expansión emitiendo más títulos y sustrayendo la liquidez del mercado, pero ello aumentaría la tasa de interés local y brindaría un incentivo adicional para que haya más pasajes todavía de dólares a pesos y que deba cada vez más, hasta cierto punto, seguir emitiendo títulos de esterilización de la liquidez con alza de rendimientos. Más tasa de interés y más inflación no frenarían por un tiempo al menos, el ingreso de capitales para inversiones de cartera en pesos.

En términos ya económicos, los riesgos de la situación pasan por la pérdida de competitividad que se dará para el sector exportador y para el sector productor de bienes y de servicios que compiten con el exterior. A la pérdida ya ocurrida, que ha sido en algo compensada por lo que ha sucedido en otros países -en Brasil por ejemplo-, pero que no ha sido compensada por lo ocurrido en otros países del exterior clientes de los productores uruguayos -en la eurozona y en el propio Estados Unidos por ejemplo-, se agregarán nuevos obstáculos por la profundización de la baja del tipo de cambio tanto nominal como real. Esto último debido a la inflación doméstica frente a la internacional como a la política salarial de subas de retribuciones indexadas a la inflación con el agregado de la recuperación. Se presenta una situación como alguna ya vivida en el pasado que derivara en indeseados resultados.

SOLUCIÓN DIFÍCIL. La política macroeconómica actual de frenos parciales a la caída del tipo de cambio con la contrapartida de una inflación mayor pero menor a si la política fuera de ponerle piso al valor del dólar, conjuntamente con aumentos del gasto público como el que vivimos -aún cuando no hay déficit en las cuentas públicas-, no parece sostenible si se deseara evitar un proceso mayor de deterioro de la competitividad de los sectores señalados. Por eso, hoy más que nunca en virtud de las acciones recientes y esperadas de la FED la conducción económica se debe ingeniar -el problema lo conoce- para, de algún modo y aunque resulte harto difícil, frenar la suba del gasto público o aún bajarlo, generar un superávit fiscal suficiente para comprar dólares y mantener su precio. Adicionalmente, decidir freno a los aumentos salariales en el mercado laboral. Esas acciones son necesarias pues de lo contrario, no estaremos preparados para momentos que es factible que vengan y revivan experiencias ya conocidas.

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