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La carrera presidencial hacia octubre y las condicionantes en los programas de gobierno

Los candidatos saben que los desafíos que tiene el país están enmarcados en una situación fiscal en la que, a pesar de los esfuerzos, los indicadores porfiados muestran que es difícil obtenerlos

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Torre Ejecutiva
El País

Cumplida la etapa de las elecciones internas para definir candidaturas presidenciales, nuestro ciclo electoral entra en la recta final donde se definen los programas de gobierno. La contienda de ahora en más debiera entrar en especificidades de cómo resolverán los candidatos los desafíos por delante que el país presenta. Por lo dicho hasta el momento por quienes han sido elegidos como presidenciables puede presumirse una cierta confluencia programática hacia lo que podríamos definir como una postura de política económica de centro, con sus obvias variantes de izquierda-derecha, una vez definido el seguro balotaje que tendrá lugar a fines de noviembre entre el Frente Amplio y la Coalición Republicana. Algo que luce obvio, pero no por eso menos importante, dado el magro resultado obtenido por la candidata Carolina Cosse a la presidencia, que implícitamente representaba una visión de gobierno más volcada hacia la izquierda, según los preceptos del Partido Comunista y el PIT CNT.

En esta instancia, el MPP —a través de la candidatura triunfante de Yamandú Orsi— logró contener y revertir el posicionamiento creciente de su adversario histórico, ante el vacío que ocasionó la desaparición reciente de líderes históricos como Vázquez y Astori. En los partidos que integran la coalición de gobierno no hubo sorpresas sobre quién sería el líder de la coalición de gobierno ni de la orientación de los ejes de sus propuestas de gobierno. La sorpresa fue la dosis de oportunismo electoral mostrada por el candidato Álvaro Delgado en la elección de la señora Valeria Ripoll a la vicepresidencia, decisión política improbable dentro de un partido tan ligado a las tradiciones. Pero vale la pena recordar que la primera victoria del Partido Nacional en 1958 respondió a la alianza del herrerismo con Benito Nardone, de origen colorado devenido luego en líder ruralista de gran arraigo en el interior del país. En el Partido Colorado, el fenómeno Ojeda es muestra de que existen ansias de renovación generacional venciendo en una campaña breve a candidatos de fuste, con gran experiencia política, buenos programas y excelentes dotes personales. Esta quizás sea la oportunidad de potenciar una vertiente de renovación esperada, ya insinuada en las internas de 2019, de carácter permanente, que reposicione a este partido fundacional en el lugar preponderante que tuvo siempre en la vida política y de gobierno de nuestro país.

Una vez más, reitero que Uruguay padece de un síndrome de falta de crecimiento robusto y estable que se arrastra desde hace décadas, que solo fue interrumpido en un lapso breve por un cambio de paradigma a escala mundial motivado por la irrupción de China como potencia económica, que indujo a una demanda adicional de materias primas y alimentos, lo que elevó sus precios a niveles muy superiores a sus medias históricas. Fue un hecho que supimos aprovechar, pero que hoy su efecto sobre nuestra tasas de crecimiento está agotado. Es necesario cambiar aspectos estructurales que afectan a nuestro sector productivo, que lastran las decisiones empresariales para invertir más, fortalecer nuestras fuentes de crecimiento donde la educación en sus diferentes modalidades y estamentos es una de las palancas fundamentales y que posterga la solución de problemas sociales endémicos, como la pobreza infantil y la llaga de los asentamientos.

Los candidatos saben que esos desafíos están enmarcados en una situación fiscal que, a pesar de los esfuerzos notorios de la administración actual para colocarlos en una senda sostenible de largo plazo, los indicadores porfiados muestran que es difícil obtenerlos. Sea por causas exógenas, como la pandemia que repercute tanto en un menor nivel de actividad al esperado, como en la necesidad de mayor gasto, o por la presión justificada en lo personal de mantener o mejorar ingresos reales, el gasto público es inflexible a la baja, independientemente de si eso es fiscalmente adecuado desde el punto de vista de su solvencia de largo plazo. Y aquí nuevamente se recurre al endeudamiento como forma de financiamiento, hecho que viene en senda ascendente desde hace más de una década y que hoy coloca a la deuda bruta del gobierno respecto al PIB en umbrales superiores al 70%, nivel elevado para un pronóstico de tasas de interés reales positivas en ascenso.

A eso se agrega resolver el hecho del alto costo país, que responde principalmente a razones estructurales que encarecen la operativa en la generación de valor agregado, aplicando un impuesto al sector exportador tanto de bienes y servicios (turismo), En los hechos, implica instrumentar reformas estructurales que chocan con intereses creados, que suponen costos políticos y cuyos resultados positivos no son inmediatos. Pero que en algún momento hay que hacerlos y es responsabilidad de los candidatos incluirlos en sus programas de gobierno.

Por último, como hecho no menor, son los planteos de cómo posicionarse en una coyuntura externa muy compleja, en pleno desarrollo y sin rumbo cierto. La región, Argentina y Brasil, está fracturada a nivel presidencial al esquivar y pedir disculpas previas para encontrarse. Argentina sigue lidiando para resolver una situación macroeconómica compleja. A pesar de los avances, todavía no cruzó el desierto para lanzarse a una senda estable de crecimiento. Falta camino por recorrer, por lo cual no es descartable algún episodio más de volatilidad.

A su vez, el Consejo Europeo y países como Francia muestran un vuelco hacia la derecha derribando liderazgos como el de Macron, y agregan masa crítica a gobiernos con posturas similares como el liderado por Meloni en Italia. Si se agrega el eventual triunfo de Trump en Estados Unidos, se dibuja un nuevo mapa geopolítico tensionado, con cierre de las economías, anti inmigración y de alianzas explicadas ideologías o preferencias personales, refractario del pacifico y eficiente mundo de las alianzas reguladas por normas negociadas.

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