OPINIÓN

Es hora de buscar “la nueva Rambla”

¿Cómo hacer para que lo público y lo privado articulen bien y se invierta más y mejor?

Tareas de construcción en rutas uruguayas. Foto: Archivo El País
Foto: archivo El País

Si esto fue siempre la clave para el crecimiento, en este momento y con las actuales condiciones económicas y laborales, pero también de prestigio del país, es fundamental.

Con un agregado, las inversiones por un lado y la correspondiente mano de obra que ocupa la construcción son un factor que potencia muchas otras actividades.

Basta analizar los encadenamientos de esta industria para darse cuenta cómo impacta, y de forma muy significativa, en la actividad del país. Rescato dos:

1) Las Pymes. Son muchas las pequeñas y medianas empresas que proveen servicios para las obras, y convengamos que en un país donde el estado es la empresa más grande, cada vez que se pueda incentivar y crear una cadena de valor y en particular una que derrame tanto como esta hay que intentarlo. Cuando hoy se habla de incentivos a las Pymes, el primer incentivo (pero no el único) es la actividad. Sin actividad no hay negocio.

2) La descentralización. Las obras (sean de infraestructura o vivienda), si son bien elegidas pueden cubrir zonas del país donde es muy difícil de llegar con otras inversiones.

Cuando hablamos de la infraestructura de un país estamos hablando de la “capa física” donde se apoya el aparato productivo, la logística, el turismo. En pocas palabras, es uno de los principales factores que inciden directamente en la productividad de la economía. Aquellos países que tienen infraestructuras adecuadas a sus planes de negocio y al servicio de los aparatos productivos ganan mucho en eficiencia y competitividad.

Un claro ejemplo sería: un buen sistema de rutas y ferrocarriles, puentes y puertos, bien diseñados y con un mantenimiento adecuado tiene una incidencia enorme en la cadena logística.

Ahora bien, en el mundo que estamos, cualquiera sea el color del gobierno de turno, este deberá enfrentar el desafío del empleo, y no existe otra receta para atacar el problema que aumentar los niveles de inversión en general, venga de donde venga… pública o privada.

Pero la maquinita de hacer plata no existe y está claro que aumentar el déficit y la deuda de forma descontrolada y sin medir el retorno no es el camino. Por otro lado, debemos ser cuidadosos con el presupuesto y sumamente creativos y eficientes a la hora de implementar las inversiones.

Antes de ponernos a diseñar nuevas “recetas”, miremos bien los instrumentos que ya tenemos y agotemos los esfuerzos para utilizarlos al máximo. Hoy ya existe un marco legal y suficientes instrumentos apropiados para incentivar los proyectos Público Privados, ejemplo: PPP, concesiones, iniciativas privadas, Contratos Crema, son algunas de las herramientas.

Hay que promover, incentivar y mejorar la implementación de dichos instrumentos, aprovechar la curva de aprendizaje de todos los actores que son muchos y que ya intervienen e intervinieron en ese tipo de negocios.

Algunos de los factores a tener en cuenta son:

1) La confianza. Sin esta no se puede encarar ninguna sociedad… y el Estado y los Privados somos socios. Como en otros países desarrollados debe instrumentarse una mesa de trabajo de alto nivel (integrada por ministros y empresarios) para analizar en conjunto el andamiento de estos planes.

2) El plan. Hay que tener un Plan Director de Obras, para su diseño se deberá siempre analizar el retorno de las inversiones y el impacto en la demanda. Este Plan debe tener la cuota justa de audacia para desafiarnos a todos así como de realismo. Y algo muy importante, difundirlo, así los actores podrán prepararse con tiempo para participar del mismo.

3) Lo financiero. Hay que hacer un esfuerzo para involucrar más actores y desde las etapas más tempranas posibles, por ejemplo, los bancos de plaza, y esto lo debería de liderar el BCU que conoce las limitaciones del mercado. Probablemente flexibilizando algunas restricciones y tratando el tema de forma particular. Debería existir un espacio para la banca local, al menos para financiar el corto o mediano plazo. En otros países los bancos de plaza lideran y tienen entre sus productos este tipo de soluciones. También deberían incluirse las AFAP y los fondos de infraestructura como fuente de financiación, cada jugador en el lugar donde más rinde, diferenciando el corto, mediano y largo plazo.

4) La gestión. Es fundamental que exista un responsable con “peso” dentro de la estructura del Estado que lidere y sea el “dueño” del Plan Director. Alguien comprometido, con empuje y dispuesto a hacer todo lo posible para lograr los objetivos. Muchas veces los buenos planes fracasan en la implementación, en esta etapa es donde se precisan otro tipo de habilidades y técnicas muy distintas a las del control de obras simplemente. Es aquí donde hay que anticiparse a los problemas y alinear a los distintos actores para que no se pierda de vista el objetivo, y este es terminar las obras en plazo, minimizando los imprevistos y resolviendo los problemas que aparecen en todas las obras de forma rápida y justa.

5) Lo económico. Sin lugar a dudas, se tendrá que medir y dar la discusión del impacto de estas inversiones en los ratios y los topes. Esta discusión que dejo para los economistas, que hay por suerte muchos y muy buenos en Uruguay, deberá resolver los niveles de endeudamiento del país versus el crecimiento a futuro y siempre analizando el transitorio (grado inversor mediante). En el caso de los topes de las inversiones utilizando el marco legal de las PPP (ley 18.786), ya se están ampliando y tal vez se debería analizar alguna ampliación adicional, dada la situación extraordinaria provocada por la pandemia.

Lo bueno es que el camino recorrido hasta el presente nos permite ser optimistas en que se puede pasar a una fase más dinámica de interacción entre lo público y lo privado.

Es el momento de afinar los instrumentos y, como en el punto 2), no olvidarse nunca de la cuota de audacia, clave para pasar de los sueños a la realidad pero con los pies en la tierra.

Y como en el fútbol, siempre debemos tener en cuenta que lo mejor nos viene de nuestra historia, y si no basta con ver lo que fue la realización de la Rambla de Montevideo. Uno de los grandes proyectos que cambió para siempre la ciudad y dinamizó durante décadas el desarrollo inmobiliario de la misma, dando lugar y campo fértil a generaciones de emprendedores.

(*) Columnista invitado. Ingeniero Civil. Vicepresidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay.

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