ENTREVISTA

El gradualismo y la corrida llevan a Argentina a las puertas del FMI

Respecto a las tarifas, el gobierno no fue claro sobre cómo mejorar las condiciones de competencia para que los costos sean lo más bajos posible.

Economista Daniel Artana. Foto: El País
Economista Daniel Artana. Foto: El País

Lo que acuerde con el FMI, Argentina lo tenía que hacer de todas maneras", aseguró el Economista Jefe del FIEL, Daniel Artana, al considerar que acudir a este préstamo es una alternativa "válida". Sostiene que la vulnerabilidad de Argentina no se puede discutir, pero que puede superar esta coyuntura en la medida en que el gobierno parece haber entendido bien el problema. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuál es su opinión acerca del pedido del gobierno argentino para negociar un nuevo préstamo con el FMI?

—A mi juicio, el riesgo de un sudden stop (N.deR.: una posible interrupción inesperada en el flujo de capitales que ingresa a un país o de una contracción en el mercado de créditos —de naturaleza persistente— que conduce a países emergentes y con economías endeudadas en dólares a problemas de sostenibilidad fiscal) era la principal vulnerabilidad que presentaba la economía argentina. La opción de recurrir a los organismos internacionales es una opción válida para enfrentarlo.

—Un préstamo con el FMI es, por definición, condicionado. ¿Cuáles serían los condicionamientos que podrían establecerse sobre la economía argentina?

—Supongo que por parte del Fondo Monetario se pedirá que se cumplan las metas fiscales a rajatabla y también que se evite una apreciación del peso. Pero además seguramente se plantee también como condición que se continúe avanzando en las reformas estructurales.

—¿Esta era la única opción que le quedaba a Argentina, ¿ya no estaba en condiciones de acudir a los mercados de deuda soberana?

—Yo creo que sí, que podía acceder; pero lógicamente que a tasas más altas. El gobierno entendió que este camino era más conveniente.

—¿Es la "gran salida" para el problema de Argentina?

—En lo personal, no veo aspectos perjudiciales en la decisión tomada por parte del gobierno. Hay un aspecto que no es menor: lo que se acuerde con el FMI, Argentina lo tenía que hacer de todas maneras.

—La corrida cambiaria iniciada la semana pasada generó muchas lecturas a propósito de su origen, y también de las derivaciones que pueda tener. ¿Cuál es su opinión?

—La corrida tiene diversos orígenes. Por un lado, hubo una tendencia generalizada de apreciación del dólar en el mundo y una suba en el costo del capital de los soberanos emergentes. En Argentina esto último fue amplificado por una suba importante en el riesgo país, a mi juicio, explicado por el alto déficit fiscal y el alto déficit en la cuenta corriente del balance de pagos que requiere de mucho financiamiento a tasas bajas.

Por otro, en ese contexto algo más difícil hubo más ruido político dentro de la coalición de gobierno. Primero, por las decisiones de finales del año pasado que se interpretaron como un intento de la Jefatura de Gabinete de cercenar la independencia del Banco Central. Y más recientemente por propuestas dentro de la coalición que demostraron cierta fatiga con el costo político que genera la corrección fiscal. La oposición aprovechó estas diferencias para avanzar con un proyecto populista de retrotraer los aumentos tarifarios a los niveles del 2017. Propuesta inviable desde lo fiscal, pero que persigue el objetivo de hacerle pagar nuevamente el costo político del sinceramiento de tarifas al presidente Macri.

—¿Era esperable que se desencadenara una situación así?

—Lo mundial sí, lo doméstico era menos previsible luego del éxito del gobierno en la elección de medio término de octubre de 2017, y es a la vez más preocupante.

—¿El gobierno reaccionó bien? ¿Considera que es preciso el gobierno en su comunicación sobre la actual coyuntura?

—A mi juicio, la reacción del BCRA al principio no fue la adecuada. Salió a sostener una paridad de 20,20 pesos por dólar en lugar de dejar que se depreciara el peso como estaba pasando en la mayoría de los países de la región. Recién a finales de la semana pasada se actuó en forma coordinada con los equipos de Hacienda y Finanzas y ello ayudó a descomprimir la situación con una mezcla de algo más de disciplina fiscal, más tasa de interés y la obligación a los bancos de reducir sus tenencias de activos en moneda extranjera.

—¿Cómo cree que observan desde fuera a la Argentina, aquellos que potencialmente pueden ser inversores necesarios para levantar el aparato productivo del país, o los que participan, mediante compra de deuda, en la financiación que demanda cubrir el déficit actual?

—Es claro que estas desavenencias no ayudan. Dan la sensación de que en Argentina la dirigencia política trata de evitar las correcciones dolorosas pero indispensables, luego de varios años de populismo. La pregunta que muchas veces se hacen desde afuera es si la coalición de gobierno y la oposición responsables están dispuestas a seguir haciendo todas las cosas que hay que hacer para ir consiguiendo, por ejemplo, el equilibrio fiscal

—¿ Y cómo imagina que termina esta situación?

—Entiendo que, en la medida en que no haya nuevos problemas del exterior, daría la sensación que el gobierno ha entendido el problema y ello debería ayudar a tranquilizar las cosas.

—¿Cuál es su punto de vista sobre las metas de inflación establecidas?

—Está claro que la meta de 15% era muy difícil de alcanzar desde el mismo momento en que se anunció. Y mucho menos ahora. Creemos que la inflación para este año estará cerca del 23%.

—¿Qué nivel de credibilidad se puede tener en el BCRA respecto a las citadas metas?

—La coyuntura no lo ayudó al Banco Central. Pero ahora se nota que tiene libertad para actuar con todos los instrumentos que considere necesarios.

—¿Es imperativo bajar las tasas que está pagando por las Lebac, que implican un alto costo al Estado?

—Debería serlo. Subirlas fue una señal importante dadas las circunstancias; el Banco Central se plantó firme, mostrando que estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para estabilizar el tipo de cambio. Está claro que con tasas de interés al 40% vamos a tener problemas con la actividad. Pero se podrán bajar recién cuando ceda la tensión cambiaria y la inflación. Yo estimo que, si todo marcha bien, a partir de junio podría avanzarse en ese camino.

—La discusión salarial apunta a porcentajes de ajuste mayores a esa meta inflacionaria. ¿Esa es la verificación de que esos niveles no son creíbles?

—Se han cerrado los convenios cercanos a la meta, pero con revisión si la inflación es más alta. No tengo dudas que habrá revisión.

—¿Coincide con la forma en que el gobierno de Macri maneja el tema de las tarifas públicas?

—Entiendo que era necesario reducir los subsidios en las tarifas de los servicios públicos, acercando precios a costos. Sin embargo, creo que el gobierno no fue claro respecto de cómo mejorar las condiciones de competencia para que los costos sean lo más bajos posible.

—Aspectos como la reforma previsional y la tributaria le han generado enormes tensiones y conflictividad al gobierno de Macri. ¿Las acciones llevadas adelante son impostergables?

—Sin reformas estructurales la economía argentina está condenada a crecer poco y nada. Hay que tener en cuenta que mejorar la solvencia fiscal es siempre un proceso costoso: se quejan los que deben pagar más impuestos y también los que reciben los gastos. Por ello, hay que ser muy prudente en los momentos de auge, ahorrando en lugar de gastar. Y vale la pena recordar que lamentablemente el kirchnerismo derrochó los años de bonanza.

—Tiempo atrás, el gobierno argentino se fijó metas de política monetaria que usted calificó en su momento de ambiciosas dentro del programa fiscal gradualista puesto en marcha. ¿Los últimos acontecimientos confirman esa opinión?

—Creo que sí. Ser muy gra- dual en lo fiscal y muy ambicioso en la reducción de la inflación exigía colocar mucha deuda externa que atrasaría el tipo de cambio. Ello ocurrió hasta finales del año 2017. Pero el aumento en la tasa de interés internacional y los conflictos internos pusieron un freno a esa tendencia.

La elección política de "ir despacio" que tomó Macri, debe respetarse

—¿Como sale Argentina de la situación fiscal que atraviesa? ¿Observa que el plan puesto en práctica por el gobierno es consistente con las necesidades?

—El gradualismo tiene algunos problemas en un país propenso a no cumplir con sus compromisos: no genera confianza, y como los avances son lentos tampoco genera entusiasmo. Pero la elección política de ir despacio debe respetarse. Claro que ello requiere cumplir a rajatabla con los compromisos fiscales que ya se corrieron dos años respecto de los anuncios realizados al comienzo de la gestión de Cambiemos.

—¿Como cree que afectarán estos fenómenos al crecimiento de la economía?

—La inversión se está recuperando. Si la situación por la que se está atravesando dura algunas semanas y después se va normalizando porque quedó bajo control, el daño en la actividad no va a ser tan importante.

—¿Cuáles son las proyecciones del Fiel para este año y el próximo?

—Si la tasa de interés empieza a normalizarse antes de mediados de año creemos que todavía se puede crecer 2.5% este año. El año que viene podría ser algo más, dada la recuperación del campo afectado este año por la sequía. De no mediar nuevas malas noticias del resto del mundo, estimo que la economía puede crecer 3% al año durante 2019-2020.

PERFIL
Economista Daniel Artana. Foto: El País
Daniel Artana
Ph. D. in Economía (University of California); Licenciado en Economía (Universidad Nacional de La Plata). Economista Jefe de FIEL. Docente en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Torcuato Di Tella.
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