OPINIÓN

Un gobierno apretado por la cercanía de las elecciones y el desorden económico

Ajuste, impuestos y bombas de humo.

Foto: Pixabay
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Dada la crisis fiscal en la que está sumergido el gobierno y las exigencias que, seguramente, le va a establecer el FMI para reformular el acuerdo stand-by firmado en 2018, el gobierno está tirando bombas de humo que distraigan del ajuste de las jubilaciones, planes sociales y tarifas de los servicios públicos que tenemos por delante.

En estos días se anunciaron medidas tales como insistir con la legalización del aborto —tema que seguramente ocupará muchas horas de televisión— y el impuesto a la riqueza o grandes fortunas que fue aprobado el martes por la Cámara de Diputados, desplazando del debate a la crítica situación económica.

Entre 1999 y 2018, la presión impositiva consolidada, tomando los impuestos nacionales, provincias y las tasas municipales, pasó de 22% del PIB a 42% del PIB. Prácticamente se duplicó la presión impositiva y, sin embargo, lejos de bajar la pobreza siguió aumentando, al igual que la tasa de desocupación.

La carga tributaria en Argentina ya es lo suficientemente grande como espantar las inversiones. Somos el segundo país en el mundo que más impuesto le cobra a las empresas. El primero es la isla de Comoros y luego nosotros, de acuerdo al trabajo que presenta anualmente el Banco Mundial. En otras palabras, no hacía falta establecer un nuevo impuesto para espantar más las inversiones. Con la carga tributaria que existe actualmente es suficiente como para que las empresas busquen otro país para hacer sus negocios.

Es más, supongamos que la justicia declara inconstitucional el impuesto a la riqueza por doble imposición y por confiscatorio, igual pocos van a tener interés en invertir en Argentina porque estarán pensando: si en esta oportunidad no pudieron avanzar, como es costumbre en el kirchnerismo, van a redoblar la apuesta; por lo tanto ¿con qué nuevo proyecto confiscatorio van a venir ahora?

O sea que el daño ya está hecho. Es irreversible y la gestión Alberto Fernández agrega una mancha más de desconfianza en un gobierno que lejos está de atraer inversiones.

En lo que hace a las negociaciones con el FMI, la carta de los senadores kirchneristas estuvo fuera de lugar porque todavía no hay ningún borrador de Carta de Intención como para oponerse a un ajuste que todavía no se conoce si existe o no, aunque es obvio que va a existir, haya o no acuerdo con el FMI.

¿El apoyo que recibió Macri es el más grande de la historia? En rigor el FMI tiene una exposición muy alta con Argentina. De los 99.152 millones de derechos especiales de giro que tenía otorgados en préstamos al 31 de octubre pasado, Argentina tenía tomados 31.914 millones, es decir, del total de créditos que tiene otorgados el FMI, el 32% se lo dio a Argentina. El segundo país que más crédito le pidió al FMI es Egipto que le debe al FMI 12.081 millones de derechos especiales de giro.

Pero volviendo a la pregunta del párrafo anterior, el blindaje que recibió De la Rúa fue de US$ 40.000 millones en 2000 hoy equivaldrían a US$ 66.000 millones. Un 50% más que los US$ 44.000 millones que le desembolso el FMI al gobierno de Macri.

Ahora bien, suponiendo que el FMI no le exigiera ningún tipo de ajuste al gobierno argentino para que este no caiga en default con el FMI, de todas formas el gobierno deberá encarar un importante ajuste, salvo que caiga en un abismo hiperinflacionario.

El déficit fiscal financiero apunta al 10% del PIB para este año. El resultado fiscal primario de los primeros 9 meses de 2020 aumentó un 942% respecto al igual período del año anterior. Semejante déficit fue producto de un aumento del gasto primario que creció el 70% comparando los períodos mencionados y los ingresos totales que aumentaron el 25%.

Con semejante desequilibrio fiscal, el ajuste lo van a tener que hacer con FMI o sin FMI. Es indiferente. Es más, Argentina firmó 27 acuerdos con el FMI desde que ingresó a dicha institución en 1956 y en la mayoría de los casos no cumplió con los acuerdos firmados. Acordar con el FMI no es sinónimo de éxito. De la Rúa logró un gigantesco apoyo con el blindaje y a los meses estaba haciendo agua. Macri recibió un fuerte apoyo del FMI y no le funcionó. El punto no es acordar con el FMI, sino hacer reformas estructurales que, generalmente, no se implementan por falta de voluntad política.

Para dominar el problema fiscal el gobierno va a licuar las jubilaciones, los salarios de los empleados públicos, va subir las tarifas de los servicios públicos y eliminar planes sociales como el IFE y los ATP. Esto no significa hacer una reforma del Estado que lo haga más eficiente, es solo una licuación del gasto dejando su ineficiencia intacta y golpeando a la clase media con más impuestos y aumentos de tarifas, que obviamente hay que implementar pero en un contexto amplio de política económica.

Finalmente, la tasa de inflación de octubre estuvo en el 3,8% con tendencia al alza a pesar de tener pisadas las tarifas de los servicios públicos, el tipo de cambio y precios cuidados.

Entre octubre de este año y noviembre de 2019 la tasa de inflación fue del 30,3%, mientras que los salarios del sector privado registrado aumentaron el 21,5% y la Canasta Básica Alimentaria creció el 37,2% entre octubre 2020 y noviembre 2019. Datos que muestran la caída del salario real y la disminución del consumo.

Se le acortan los tiempos al gobierno de cara a las elecciones de medio término de 2021 y, si no se apura, lo agarrará el ajuste en el medio de la campaña electoral o, lo que podría ser peor, toparse con un estallido económico justo antes de las elecciones.

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