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¿Es negocio la intermediación financiera en Uruguay?

Descontados todos los costos, el margen líquido del crédito en Uruguay resulta apenas 1,6% del total del crédito.

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El País

Desde el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) publicamos una investigación acerca de la rentabilidad y los costos del sistema bancario privado uruguayo y sus implicancias en el desarrollo del crédito. Luego de meses de análisis minucioso del sector, el estudio da muestra de la baja rentabilidad que presenta en Uruguay el negocio de la intermediación financiera.

En Uruguay, pese a la elevada liquidez del sistema bancario y las condiciones institucionales favorables, el nivel de crédito es significativamente menor al que se debería esperar, dado el nivel de riqueza del país. Para 2022, el crédito alcanzó el 26% del PIB, mientras que en países con un producto per cápita similar se ubicó en 54% del PIB.

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La literatura coincide en el impacto positivo que un mercado del crédito desarrollado tiene a nivel de actividad económica, a raíz de su papel en el financiamiento de proyectos de inversión, en el aumento de la productividad por la incorporación de maquinaria y tecnología, la creación de empleo y el fomento a la inclusión financiera, lo que favorece a una reducción de la pobreza e informalidad. Por ende, un escaso desarrollo representa una limitante para impulsar la actividad local.

En el sistema bancario privado uruguayo, el margen final que arroja el negocio de intermediación financiera es bajo, menor que el retorno de inversiones alternativas, lo que desincentiva el crédito. Esto responde a los elevados costos de funcionamiento del sistema en términos regulatorios, operativos e impositivos.

Radiografía del negocio de la intermediación financiera

¿Cuáles son, específicamente, los costos que limitan el desarrollo del negocio de intermediación financiera?

Para averiguarlo, se analizaron en detalle los balances de los bancos privados para el período comprendido entre 2018 y 2022. Con base en el análisis, se realizó el desglose de los números que arrojó la actividad en estos años. Para el ejercicio, tanto el spread de tasas de interés como los costos de la actividad y el margen, se presentan como porcentaje del crédito.

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Primero, se debe analizar el ingreso que genera la actividad, que surge a raíz de la diferencia entre la tasa que se cobra por créditos y aquella que se paga por depósitos (spread de tasas de interés o spread bruto de crédito). En 2022, el spread de tasas de interés fue del 5,9% del total del crédito. Este número es elevado, tanto si se compara con diferentes sistemas bancarios de América del Sur (5,4%) como con una muestra internacional de diversos sistemas con variadas condiciones (4,3%). Sin embargo, esto oculta una serie de costos que tienen un impacto significativo en la rentabilidad del sector, lo que hace que el margen líquido del crédito termine siendo poco atractivo para un desarrollo pujante del negocio.

Para un diagnóstico preciso de la magnitud que representa cada uno de los costos, se lo compara con los costos promedio de una muestra internacional representativa de sistemas bancarios.

Costos regulatorios

A nivel global, se establecen requerimientos de capital por riesgo de crédito, lo que consiste en el capital mínimo que una entidad financiera debe mantener para cubrir las posibles pérdidas derivadas del no cumplimiento. Para el caso de la banca uruguaya, los requerimientos son aún más rigurosos que los estándares internacionales. La regulación local impone un requerimiento de capital por riesgo crediticio 33,3% mayor que el establecido por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, organismo encargado a nivel mundial de la regulación de los bancos y su solvencia.

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Por otra parte, Uruguay cuenta con un costo de apalancamiento similar al promedio de comparación con otros países (capital regulatorio sobre activo ponderado por riesgo de 17,7% versus 17,1%), pero marcadamente mayor al límite superior establecido por Basilea (13%).

Si bien una mayor exigencia regulatoria conlleva una mayor seguridad para el sistema financiero en su conjunto, establecer límites por sobre estándares ya exigentes deriva en costos adicionales que presionan a la baja el desarrollo del crédito.

Estos altos requerimientos de capital en comparación con estándares internacionales generan costos regulatorios elevados en comparativa, y computan por el 0,6% del total del crédito.

Costos operativos

Del análisis de los costos operativos surge que la banca privada de Uruguay afronta gastos relativos al personal —retribuciones, aportes y beneficios— muy por encima de la comparación internacional. Si se comparan las erogaciones totales por este concepto, en función de los activos del sector, Uruguay tiene el costo por personal más alto (2,5% de los activos).

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Para el sistema bancario local, los aportes patronales equivalen al 25,5% del salario nominal, mientras que el aporte patronal para otros sectores es del 7,5%. Por cada $100 pesos de remuneraciones, se asume un gasto de $63 adicionales ($38 por aportes, $22 por beneficios y $3 por concepto de contribuciones a planes post-empleo).

Esto, sumado a indemnizaciones costosas con respecto al grupo de comparación, deriva en que los gastos de personal representen el 1,8% del total del crédito.

Costos impositivos

A nivel impositivo, únicamente en Uruguay y Suiza los bancos deben hacer frente al Impuesto al Patrimonio. Solo en Suiza y en Uruguay se aplica a la banca. En Suiza se le puede restar el Impuesto a la Renta, reduciéndolo a cero la mayoría de las veces. Por lo tanto, el impuesto que debe enfrentar la banca local es prácticamente único en el mundo, y computa por el 2,8% del patrimonio fiscal.

Por otra parte, existe la Prestación Complementaria Patronal (PCP). La PCP es una contribución que los bancos realizan a la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias (CJPB) actualmente del 0,3% anual de los activos, diseñada para enfrentar el desafío del aumento en el número de jubilados y pensionistas frente a los aportantes.

En total, estos y otros gravámenes, sumados al Impuesto a la Renta, computan por el 0,8% del total del crédito.

Conclusión

Una vez que se descuentan los costos regulatorios, operativos e impositivos, más otros gastos generales de funcionamiento, el margen líquido del crédito resulta en apenas 1,6% del total del crédito. Esta tasa está por debajo del margen obtenido en otras inversiones, y de la tasa de interés real en Uruguay, por lo que la baja rentabilidad del negocio de intermediación financiera desincentiva el desarrollo del mercado del crédito.

El negocio de intermediación financiera ve amenazado su desarrollo por los altos costos regulatorios, operativos e impositivos que enfrenta. Abordar estos desafíos es imperativo; dado que limitar el desarrollo del crédito significa desaprovechar su contribución al crecimiento de la actividad a través del financiamiento de proyectos de inversión, el aumento de la productividad y la creación de empleo.

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