El economista uruguayo Fernando Borraz junto a su colega mexicano Ernesto López Córdova han investigado recientemente los cambios en la distribución del ingreso en México a efectos de determinar cómo la integración de un país a la economía mundial afecta el bienestar de los individuos. "El análisis de la experiencia mexicana en el contexto de su ingreso al Nafta durante la década de los noventa no sólo resulta importante para entender los cambios que genera la globalización sino que también es de inmediata y directa relevancia para el resto de los países latinoamericanos a la luz de las corrientes negociaciones para la conformación de un Area de Libre Comercio de las Américas (Alca)", dijo Borraz en diálogo con ECONOMIA & MERCADO. Cabe señalar que el entrevistado acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Economía, Prof. Raúl Trajtenberg, concedido por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR por su trabajo titulado "Identificando los efectos de la educación y la habilidad en los salarios". A continuación se publica un resumen de la entrevista.
—¿Cuáles son los principales canales a través de los cuales la política comercial de un país puede reducir la desigualdad en la distribución del ingreso?
—Es conveniente aclarar que desde un punto de vista teórico el efecto de la apertura comercial sobre la distribución del ingreso entre los individuos de un país es ambiguo. Puede que mejore o que empeore la distribución del ingreso, dependiendo de la estructura de producción del país. En todo caso, la política comercial afecta la distribución del ingreso-país por lo menos de tres formas. Una de ellas es a través de la reducción de aranceles que influye en los precios domésticos y, por consiguiente, en el bienestar de la población. Por ejemplo, puede suceder que en el pasaje de una economía cerrada a una abierta se observe un aumento de precios de productos agrícolas, lo que genera un impacto negativo en la distribución del ingreso por una caída en el ingreso real de los consumidores debido al mayor precio de los alimentos, que es un componente importante de la canasta de consumo.
Un segundo mecanismo funciona mediante cambios en los salarios. En el caso de México, que es un país con abundante mano de obra no calificada, la apertura comercial implica una tendencia a la suba de los salarios en industrias de bienes producidos con mano de obra con baja calificación debido a la mayor demanda de exportaciones para dichos bienes por su bajo precio relativo dada la abundancia de personal no calificado.
Un tercer canal consiste en la modificación del monto del gasto público derivada del cambio en la recaudación tributaria como consecuencia de un descenso de la tasa de aranceles aduaneros resultante de la liberalización comercial que puede afectar las transferencias del gobierno y, de ese modo, impactar la distribución del ingreso.
—¿Qué efectos ha tenido la globalización en la distribución del ingreso en el mundo?
—La mayoría de los estudios sobre comercio e inequidad se basan en el análisis de un conjunto importante de países. En general, no se encuentra un impacto importante de la liberalización comercial en la desigualdad. El principal problema de dichos estudios consiste en que los resultados obtenidos son frágiles, pues es factible la existencia de otros factores que expliquen los cambios en la distribución del ingreso. Por ejemplo, un país puede tener instituciones que favorezcan reducciones en la desigualdad. También existen diferencias importantes en los sistemas legales de cada nación. Por otra parte, desde un punto de vista empírico, la metodología en la recolección de datos de ingreso de los individuos puede variar significativamente entre los distintos países, lo que dificulta la comparación internacional. Por último, se debe considerar también que el costo de vida es muy diferente en cada sociedad. Todo lo anterior conduce a tomar con cautela los estudios que utilizan datos de varios países.
Por esa razón es que los trabajos de investigación desarrollados últimamente se focalizan en la experiencia de un solo país. El caso más notorio es el de China, en donde se ha producido una gran apertura comercial desde 1978 —las exportaciones e importaciones como porcentaje del PIB se cuadriplicaron en ese período— unida a una mejora en la distribución del ingreso. Debido a su enorme población, un cambio en los niveles de pobreza en China, país que reúne a un tercio de los pobres del mundo, necesariamente repercutirá en este indicador a nivel global.
—¿Han sido parejos los efectos de la globalización sobre la distribución del ingreso en todos los países?
—Hay solamente unos pocos estudios de casos de países que apuntan al tema de la distribución equitativa del ingreso. En general, los diferentes trabajos de investigación encuentran que la globalización no empeora la distribución del ingreso. Para el caso de China se observan importantes reducciones en la desigualdad de la distribución del ingreso únicamente en las zonas geográficas más integradas a la economía mundial. Existe una notoria mejora en la distribución del ingreso principalmente en las zonas rurales de dichas áreas porque con la globalización un conjunto importante de trabajadores pasa del sector agropecuario al industrial o al de servicios engrosando, por tanto, a este último sector. Es de destacar que dicha movilidad laboral en China se da en un marco de restricciones gubernamentales a la migración interna.
—¿Qué casos concretos se han estudiado acerca de la relación entre comercio e inequidad a nivel latinoamericano?
—Por ejemplo, el economista argentino Guido Porto realizó en el año 2003 un análisis del impacto distributivo del Mercosur en los hogares argentinos. En dicha investigación se puede observar cómo los cambios en las tarifas aduaneras resultantes del funcionamiento de la asociación regional afectan los precios internos, incluyendo a los salarios, y cómo, luego, esas modificaciones en los precios influyen en el bienestar del hogar. Según dicho estudio, el bienestar de los hogares pobres ha mejorado de forma más que proporcional por efecto de la reducción de la protección arancelaria en Argentina como resultado, especialmente, de un incremento registrado en las remuneraciones de los trabajadores no especializados.
El caso mexicano
—¿Por qué Ud. y el economista López Córdova eligieron el caso particular de México para estudiar la relación entre globalización y equidad distributiva?
—Pensamos que puede servir como un caso claro para analizar si la globalización afecta la distribución del ingreso. Además, ante el potencial advenimiento del Alca en Uruguay, es importante conocer las consecuencias, en términos de distribución del ingreso, de una profundización del proceso de apertura. Históricamente, al igual que en la mayoría de las sociedades de América Latina, la desigualdad en la distribución del ingreso ha sido alta en México. Dada la inestabilidad macroeconómica y la deteriorada distribución del ingreso, a mediados de la década de los ochenta ese país adoptó una agresiva estrategia de liberalización comercial integrando fuertemente su economía a los mercados globales. Dicho proceso intensificó los lazos comerciales con Estados Unidos y Canadá en particular a partir de la firma del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta en inglés) en 1994. Como consecuencia de dicho tratado, el comercio y los flujos de inversión crecieron considerablemente en los años noventa. También el porcentaje de personas empleadas en empresas exportadoras creció notablemente en ese país. Por lo tanto, surge naturalmente una pregunta respecto a si existe alguna relación entre la apertura económica y los cambios en la distribución del ingreso observados a nivel nacional.
—¿Cuál ha sido la evolución de los principales indicadores macroeconómicos de México desde que se inició el proceso de apertura comercial, especialmente luego del funcionamiento del Nafta?
—El principal efecto macroeconómico del Nafta ha sido incrementar la confianza de los inversores en el compromiso del gobierno mexicano hacía el libre comercio. Esto se comprueba al observar la evolución de la inversión extranjera directa que pasó del 1.3% del PIB en el período 1980-1994 a 2.8% en 1995-2000. Cerca de dos tercios de dicha inversión provino de Estados Unidos. Luego de la crisis de 1994 se ha observado una relativa estabilidad en la situación macroeconómica con la excepción del año 2001 por efectos de la recesión de la economía estadounidense.
Considerando los cinco años previos al Nafta, la tasa de crecimiento promedio de la producción en México fue del 2.5% anual en comparación con un 3.2% para toda América Latina. Sin embargo, durante los cinco años posteriores a dicho tratado, las tasas fueron de 2.9% y 2.5% respectivamente. Es decir que el crecimiento del PIB de México luego del Nafta se parece cada vez más al de Estados Unidos que fue de 2.0% y 3.9% antes y después del acuerdo de libre comercio.
Conclusiones
—¿En qué regiones de México se encontró una menor concentración del ingreso?
—Si comparamos el comienzo y el final del período 1992-2002, podemos concluir que la desigualdad disminuyó considerando todo el país, tanto en zonas urbanas como rurales. Sin embargo, al analizar las diferentes regiones concluimos que la desigualdad no disminuyó en algunos estados de la zona central y sur del país.
—¿Tienen los estados globalizados una mejor distribución del ingreso?
—Los resultados sugieren que la existencia de mayores nexos con la economía mundial tiene un impacto positivo en la distribución del ingreso. Por eso los estados del norte, que tienen más lazos de integración económica con Estados Unidos, son los que presentan mayores mejorías en el aspecto distributivo. La evidencia empírica indica que mayores vínculos con la economía mundial en términos de niveles más altos de inversión extranjera directa y mayor porcentaje de trabajadores empleados en empresas exportadores mejoran la distribución del ingreso.
—¿Disminuye la inequidad en forma más rápida en los estados que son más globalizados?
—Nuestras estimaciones, que comprenden el período 1994-2004, sugieren que los estados más globalizados experimentan una mejoría mayor en la distribución del ingreso en los dos años posteriores. Por ejemplo, los cambios en la globalización registrados en 1994 únicamente se traducen en mejoras en la distribución del ingreso dos años después; esto es a partir de 1996.
—¿Se traducen los cambios en el grado de globalización de una economía en una reducción de la inequidad?
—No encontramos una relación entre los cambios en la globalización y los cambios en la distribución del ingreso. La conclusión de nuestro estudio es que la globalización no ha incrementado la desigualdad en México. Es de destacar que se trata de un resultado robusto a diferentes definiciones de indicadores de distribución del ingreso y de globalización utilizadas. Por ejemplo, los estados más globalizados no han visto cambiar su desigualdad más rápido que otros estados. En síntesis, la evidencia empírica analizada muestra que la globalización redujo levemente la desigualdad en la distribución del ingreso o no tuvo efecto en ella, pero en ningún caso se obtiene un deterioro en la distribución del ingreso.
—¿Cómo se explica esa conclusión de vuestra investigación?
—Una posible explicación consiste en que la distribución del ingreso no es algo que cambie fácilmente durante períodos cortos. No existe evidencia robusta que muestre qué cambios en la globalización redujeron la inequidad en México. Sin embargo, una de las conclusiones del trabajo es que no se puede afirmar que la globalización ha empeorado la distribución del ingreso. El trabajo muestra que los resultados obtenidos se deben a mejores oportunidades de empleo para las mujeres, lo que permite aumentar el ingreso familiar. Por el contrario, no se encuentra un mayor salario masculino por residir en una zona integrada a la economía mundial.
Empleos y salarios
—La globalización ha generado gran cantidad de nuevos puestos de trabajo para las mujeres en México. Aparentemente, ese empleo femenino masivo responde a una estrategia empresarial que aprovecha la menor retribución del trabajo de la mujer. Por lo tanto, ¿hasta qué punto puede considerarse que esa situación favorece la equidad del ingreso?
—Nuestros resultados indican que la integración de México a la economía mundial expandió significativamente las oportunidades laborales para las mujeres y de esa manera redujo la inequidad de género. La globalización mejora la distribución del ingreso al incrementar las oportunidades laborales para la abundante mano de obra mexicana, que es de baja calificación y está compuesta principalmente por mujeres. Las mujeres con baja educación reciben mayores salarios y participan más activamente en el mercado de trabajo en estados con mayores vínculos con la economía mundial. Además, la brecha de ingresos según niveles de educación es menor en dichos estados.
—¿En qué grado la globalización ha contribuido a reducir el desempleo en México?
—Si bien ha habido un efecto positivo en términos de desempleo, no es cuantitativamente significativo. Más bien lo que se observa es que personas que no integraban la fuerza laboral pasaron a estar ocupadas. Típicamente, hubo un notorio incremento de mujeres que pasaron de ser amas de casa alejadas de la actividad económica a estar ocupadas en las fábricas. Lo que se debe resaltar es que, aunque el desempleo no registró grandes variaciones, sí existió un cambio importante en la tasa de actividad porque individuos que estaban inactivos pasaron a estar ocupados. Imaginemos, por ejemplo, que la tasa de desempleo era 10% antes de la apertura comercial y que a partir de ella se generaron 90.000 puestos de trabajo. Dadas estas nuevas oportunidades laborales, es de suponer que 100.000 personas que eran inactivas (amas de casa, estudiantes, gente que no buscaba trabajo) comienzan a buscar empleo. Las estadísticas mostrarán que la tasa de desempleo sigue igual, pero la realidad es que habrá 90.000 nuevos puestos de trabajo. Este factor explica el cambio en la distribución del ingreso en México. El salario adicional —por lo general, el de la mujer— repercutió muy positivamente en el ingreso del hogar. Es de esperar que con el paso del tiempo se observen efectos en los niveles de educación formal de los hijos en dichos hogares.
—Actualmente muchas empresas manufactureras instaladas en las "maquilas" mexicanas han trasladado sus plantas a China debido a menores costos laborales y otras ventajas comerciales. ¿Qué consecuencias traería aparejada la acentuación de una tendencia convergente entre los salarios que se pagan en Estados Unidos y los de México?
—Aunque existe una importante diferencia entre los salarios en Estados Unidos y en México, los mercados laborales de ambos países están muy conectados. Por ejemplo, el mercado laboral en la zona norte de México esta más integrado con su similar estadounidense que con el del resto del país azteca. Ante un cambio en el nivel de los salarios en Estados Unidos se observa que existe una respuesta en los salarios de los trabajadores mexicanos. Este resultado era perceptible incluso antes de la firma del Nafta y puede ser explicado por la existencia de la migración. Por lo tanto, la integración de los mercados de Estados Unidos y México en los hechos ya existía antes del Nafta.
Por otra parte, si bien es cierto que China presenta ciertas ventajas sobre México —entre ellas se destacan el nivel de confianza por parte de los inversores, la baja deuda y la mejor situación macroeconómica— también debe tenerse en cuenta que existen aspectos en los cuales China se encuentra en un plano inferior a México. Un ejemplo es la inexistencia de un mercado de capitales en el país asiático. Por lo tanto, es dudoso que la economía mexicana no pueda competir con la china en lo que se refiere a captar inversiones.