ISAAC ALFIE
Desde que asumió la presidencia, cuando el Presidente Vázquez declara o se pronuncia sobre temas importantes, en general comparto sus expresiones. Cierto es que suele aprovechar para ello los viajes al exterior, donde muestra una importante dosis de sensatez y que luego cuando retorna la mayoría de las veces "quedan en eso", meras declaraciones que complacen los oídos de sus interlocutores. Ejemplos sobran y el lector recordará varios. Los temas son variados, como corresponde a su investidura, Así pasó con sus manifestaciones acerca de la conveniencia de la apertura de mercados para nuestros productos y su posición sobre el Mercosur, la importancia del sector privado en las inversiones, la necesidad de cuidar los equilibrios básicos en la economía y las finanzas, léase resultado fiscal y externo, sus opiniones sobre los organismos internacionales, la necesidad de honrar la deuda pública y últimamente la apertura hacia la energía nuclear:
Lo más notorio, donde las contradicciones afloraron durante más de un año fue el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Aquí no se pronunciaba, en Venezuela que no, en la reunión con Bush en la Casa Blanca que sí, al PIT que no, a las Cámaras empresariales que sí, hasta que quedó clara su inclinación a realizarlo con la famosa frase del tren. Su partido "lo mató" y de paso, lo más grave, atrasó el desarrollo del país en una medida que nadie puede cuantificar.
Sin embargo, la semana pasada nos sorprendió por una clara definición dentro de fronteras: el cobro de la matrícula universitaria. Desde esta columna he escrito que la Universidad Pública debe ir a un adecuado sistema de becas y cobros que elimine los incentivos perversos que hoy tiene el sistema y a la vez contribuya a la equidad en la distribución del ingreso. Los estudios son conocidos, la Universidad Pública coloca recursos extraídos a toda la población en sectores de ésta que, en términos promedio, no son los más desfavorecidos. Por lo tanto, con el norte claro de incentivar la educación terciaria porque de ella depende el bienestar de la sociedad, hay que diseñar un sistema más eficiente.
CAMBIO. Estas expresiones públicas constituyen el verdadero cambio y, desde mi óptica, un adelanto significativo para el país. Seguramente en el futuro ya no se vuelva a discutir sobre temas ya dirimidos en el mundo moderno, cualquiera sea la filosofía que coyunturalmente ocupe los puestos ejecutivos, cuando ésta se enmarca dentro de la democracia republicana y plural. En realidad, los sectores conservadores seguirán intentando trabar, discutiendo, movilizando gente y todo lo conocido, pero estará claro para la enorme mayoría de la población que no hay otro camino y por ende la capacidad de impedir no será la del pasado. El progreso al final llegará.
Basta recordar las manifestaciones del propio Presidente antes de serlo y muy especialmente entre 2001 y 2004, para advertir la sustancial variación de su postura. Dada la popularidad que las encuestas indican tiene Vázquez y su notoria influencia dentro de una parte importante de la sociedad, este cambio de opinión y la forma clara en que lo expresa le hace un enorme favor al futuro del país. Nos ahorraremos precioso tiempo que dilapidábamos en inconducentes discusiones para pasar a contraponer posiciones sobre la mejor forma de llevar la acción.
Hasta aquí el pensamiento, fundamental porque es la base de construcción, veamos pues la realidad.
LOS HECHOS. Lo lamentable parece ser que el partido del Presidente no lo acompaña cuando éste se aparta de lo que podríamos llamar "el imaginario inexistente". Esto es así porque pese a sus claras posiciones no ha podido hacer nada significativo, ninguna reforma de fondo que contribuya a la mejora del país y sus habitantes a largo plazo prosperó. La única reforma que podría considerarse como tal, es la de la salud. Ésta en términos generales no sólo está bien inspirada sino que, con incentivos adecuados puede funcionar mucho mejor. Lamentablemente está muy mal estructurada y así va directo al fracaso. En todo caso es perfectible y a comienzos de la próxima administración sea el momento de hacerlo para evitar los males y rescatar sus bondades.
Por lo demás, el TLC quedó en el mero deseo y hubo que encontrar una salida decorosa para que el Presidente no saliera tan mal parado del asunto, la misma fue el TIFA, que como se sabe es más o menos lo mismo que teníamos con la Comisión de Comercio e Inversiones firmada en el año 2002. Impulsos por acuerdos de comercio con India y China u otros países o zonas relevantes, no existieron, vamos atados a los designios de quienes mandan en el Mercosur. La prudencia fiscal quedó en el discurso ya que los hechos muestran todo lo contrario, el equilibrio externo a la luz de las últimas cifras peligra, la relación con los organismos internacionales de crédito es de "baja intensidad" y eso se nota cuando se los precisa y no en épocas de bonanza. La deuda sí se ha honrado.
LULA. Mirando el escenario de los presidentes de la región, creo que pocas personas no resaltarían la labor del Presidente de Brasil. En términos comparativos y, salido Lagos de la presidencia de Chile, conjuntamente con Uribe en Colombia son los dos que sobresalen. Lo del Presidente Lula es un fenómeno muy interesante de analizar porque llegó al gobierno con una bancada soporte parlamentario muy reducida, apenas superior al 20% y gobernó y gobierna sin problemas y con enorme popularidad, a pesar de ese esmirriado apoyo propio. Quizás sea la propia escasez de parlamentarios que lo obligó a conseguir acuerdos extrapartidarios y le permitió aplicar un programa centrado, racional y acorde a las circunstancias pero por fuera del que pregonaba, (¿también del que pensaba en su fuero íntimo?), lo que le permitió lograr estabilidad, otorgar certezas de largo plazo y construir Instituciones más fuertes. Brasil ha recorrido desde que Fernando Henrique Cardoso tomó su primera presidencia, un camino de construcción de institucionalidad a distintos niveles que, progresivamente, lo va convirtiendo en lo que nunca fue y mucho bien le hace a sí mismo y a nuestra región. En el área que conozco, el respeto por la independencia del Banco Central y los servicios técnicos especializados del Tesoro son ejemplos elocuentes. Éstos se han mantenido ante los cambios de gobiernos y ministros, evitando la "canibalismo" tan tradicional en los países subdesarrollados y los resultados a la larga se perciben.
Con este ejemplo a la vista, y escuchando atentamente al Presidente Vázquez, debemos lamentarnos que el Frente Amplio ostente la Presidencia de la República y conjuntamente tenga mayoría absoluta en ambas Cámaras. Seguramente al país le hubiera venido muy bien que el gobierno del Frente Amplio tuviera que hacer acuerdos con la oposición en temas centrales, eso hubiera permitido salir de la "ilógica lógica" imperante, "la unidad ante todo", aunque al país no le sirva para nada o directamente lo perjudique.
Se habría podido construir a largo plazo y no, como en general ha sido, efímeros intentos de imposición que, apenas cambien las mayorías serán necesariamente derogados. Es que sólo el hasta hace dos meses inmejorable entorno económico, pudo disimular la inacción en un país que precisa remover y reformar muchas cosas. Pero los tiempos cambian, las piedras aparecen debajo del agua cuando ésta se retira y entonces llega el momento de ya no meramente la convicción, sino la necesidad de removerlas.
Claros ejemplos de esto último que estoy expresando son las leyes de "reforma" de la Caja Policial, el Banco Central y la Caja Bancaria. El espacio no me alcanza para analizarlas, pero prometo que lo haré en próximas columnas, ya que son la constatación más reciente y vívida de todo lo contrario a lo que se debe hacer, en el mejor de los casos es decir "lo hago porque dije que lo haría", aunque casi no cambie nada. Lo peor son los casos donde está demostrado que constituye un retroceso que el país no se lo puede permitir, cediendo ante presiones políticas internas y corporativas. Esta sociedad sin recursos abundantes no se puede dar el lujo de la miseria de "quemar su dinero". Faltan trece meses para las elecciones, es demasiado tiempo, como los acontecimientos mundiales nos lo enseñan, no podemos tirar de la cincha tan despreocupadamente y votar sin argumentos sólidos, meramente por compromisos políticos.
En síntesis, hemos perdido una oportunidad preciosa porque la bonanza nos ayudaba a tomar medidas audaces, a cambiar minimizando los siempre dolorosos costos de transición, pero como optimista que soy lo miro por el lado positivo, hemos ganado para el futuro porque muy pocos podrán ya oponerse a las cosas sensatas y racionales que hay que hacer con los vacíos y pueriles argumentos de antaño. Es cuestión de aprovechar el tiempo que viene.