El déficit de las finanzas públicas sigue en la palestra por diversos motivos, ahora a raíz de una observación del Tribunal de Cuentas de la República (TCR) y la posición del Poder Ejecutivo (PE). Es claro que hay opiniones contradictorias que, a mi entender, todas son en parte compartibles, tanto en lo formal como lo técnico. Hace algunas semanas, desde esta misma columna hice consideraciones acerca del verdadero déficit fiscal que, según entiendo, está omitiendo cerca de un punto del PIB por año, al no incluir como pérdida el aumento espontáneo de deuda que se origina en los pasivos nominados en UI y el aumento de precio de ésta. Las normas contables indican que en cualquier empresa esa diferencia de precio se tome como pérdida. Decía que allí estaba parte de la discrepancia que salta a la vista, apenas uno observa las cifras que muestran un resultado fiscal con déficit acotado, economía en crecimiento, costo de financiamiento promedio ponderado negativo en términos reales (*) y una relación deuda a PIB que no cae, o al menos en la cuantía que el resto de las variables sugerirían. Implícitamente el dictamen del TCR reconoce este hecho, aunque el mismo va más allá, en ciertos aspectos en aplicación de criterios de contabilidad pública y, en otros, en criterios contables que no comparto.
DÉFICIT. El TCR, bajo su nueva integración, observó el Proyecto de Rendición de Cuentas 2009 enviado por el PE ya que, según su criterio, se omitieron erogaciones por unos US$ 2.000 millones, algo así como 6,3% del PIB, producto de las capitalizaciones del BCU y el BHU. El 91% del importe en cuestión correspondería a dinero aportado al BCU. De ser cierto, estaríamos frente a un escandaloso maquillaje de las cuentas públicas. ¿Cómo es la realidad de los hechos?
En primer lugar, desde el punto de vista de la técnica contable parcialmente le asiste razón al TCR, pero no totalmente. En segundo término, desde el punto de vista económico-financiero, también le asiste razón parcial la que, aunque cuantitativamente la distancia con el PE es mayor a la que surge de las razones contables, en ningún caso puede superar el 10% de la cifra planteada. A su vez, el PE debió incluir como déficit la capitalización del BCU y parcialmente la del BHU, cosa que omitió.
Vayamos por partes. Respecto a la capitalización del BHU la situación es:
V La misma responde a pérdidas acumuladas de varios años a esta parte, en concreto desde 2004 o 2005 hasta alguna fecha de 2009. La administración Batlle ya había capitalizado al banco en 2002 y luego entre 2003 y 2004 por pérdidas anteriores.
V Se dice que el BHU entregó a cambio determinados activos con los que, eventualmente, el Gobierno Central se cobraría el importe total de la capitalización pero que, seguramente, se cobre una parte de la misma. En este caso, el importe que se debe registrar como déficit en el Gobierno Central y en resultados derivados de operaciones extraordinarias es la diferencia entre el dinero entregado y un razonable valor de recupero a precio de remate. Entiendo que esto debió hacer el PE porque nadie en su sano juicio puede creer que deudas tan atrasadas se cobren fácilmente aún cuando, seguramente, el valor nominal de la cartera entregada por el BHU supere holgadamente el importe de la capitalización.
V Como el BHU no integra la medición de resultado fiscal, la misma efectivamente constituye un gasto no informado por el MEF y, en este caso, déficit del gobierno. Estamos en presencia de una subestimación del mismo que, como se advierte, no corresponde únicamente al año 2009, sino a un período más largo. Sería bueno conocer la cifra neta estimada y el período exacto en la que se generó para corregir adecuadamente el déficit informado.
V El dinero efectivamente se aportó al BHU
Respecto al BCU la situación, en algunos aspectos, es coincidente con la del BHU pero difiere en lo sustancial.
V La capitalización no implica traspaso de dinero en efectivo, sino en los hechos meramente subrogación de deudor. De todas maneras, ¿alguien dudaba que esa era la situación de hecho previamente? Creo que nadie.
V En el resultado fiscal que se publica mensualmente, una parte sustancial de esta capitalización ya está expuesta.
V Sí existe una parte que no está expuesta en el déficit y es la variación de precios de las deudas del BCU nominadas en UI. Esto será recurrente mientras no se informe.
V La capitalización también abarca los resultados negativos de muchos años.
DEFINICIONES. Lo anterior, ¿nos debe hacer dudar de las cifras oficiales? Entiendo que no, pero nos pone en aviso que hay cosas que debemos tener en cuenta a la hora de analizar y opinar. No hace mucho, cuando analicé la situación de la deuda, decía que entre los activos que mostraba la definición de deuda neta había un importante aumento en "securities" domésticas y presumí que estaba relacionado con el BHU. Ese "activo" fue el que posibilitó que el gobierno no volviera a violar el tope legal, que aumentó considerablemente por ley especial en 2009 y que fácticamente, violó.
La medición del resultado fiscal puede hacerse de distintas maneras, cada una de las cuales informa sobre aspectos diferentes. Así, la medición convencional nos dice las necesidades adicionales de fondos que requiere el sector público; la definición operacional apunta a tener un resultado que quite la distorsión que la inflación causa en la carga de intereses, cuyo pago total lleva implícita una amortización de deuda, aproximándose a estimar la evolución patrimonial; y el resultado primario nos muestra la performance corriente, dejando de lado las erogaciones que son consecuencia de las políticas pasadas. Personalmente entiendo que la definición convencional es la que al final del camino hay que ver, porque nos indica cuánto dinero hay que juntar para pagar. De todas maneras, a efectos del análisis y aunque parezca insólito, la relevancia de cada una de ellas depende del momento en que se esté. Así, si las dificultades de financiamiento son grandes, la definición convencional es la relevante; si se está en proceso de consolidación luego de problemas de deuda, el primario juega un rol clave ya que de él se desprende si vamos en el camino deseado o hacia el despeñadero; en tanto que, en economías con inflación relevante y bajo circunstancias normales, la medición operacional nos da una buena idea. Todas son válidas, el tema es no confundir su uso y sacar conclusiones erróneas.
COHERENCIA. El TCR al realizar la observación demuestra su coherencia a lo largo del tiempo. Creo que fue la Rendición de Cuentas de 2003 (presentada en 2004) la que resultó observada por este organismo. En aquel entonces, el Poder Ejecutivo contabilizó como gasto y se sumó al déficit, el importe de la capitalización del BHU, el BROU y los importes pagos por el Estado en devolución de depósitos a los ahorristas, deduciendo una estimación del valor de recupero de los activos. La observación provino del hecho que el TCR no aceptaba ninguna deducción en los importes transferidos, opinando que se debía incluir como erogación el monto bruto. Esto, desde mi punto de vista, constituía un error y ahora lo reitera, la diferencia es que ahora el PE no incluyó nada como erogación en el BHU y omitió la del BCU, y debió hacerlo.
Como anécdota recuerdo el escándalo que los legisladores del FA, muchos de ellos hoy aún integrantes de las Comisiones de Hacienda y Presupuesto, hicieron en aquel entonces denunciando maquillaje de cuentas públicas.
CONCLUYENDO. ¿La observación del TCR tiene o no efectos prácticos? Desde el punto de vista de la realidad económica no, como tampoco lo tienen en Argentina las "pintadas" cifras que el INDEC difunde. Ahora, para aproximarnos mejor a la verdad de las finanzas entiendo que sí tiene efectos, aunque su cuantía es sustancialmente inferior a lo que mostró. Me explico. En todos los casos, la cifra hay que dividirla en una cantidad de años que sería bueno saber al detalle lo que, seguramente, le quitará la espectacularidad que tiene. Segundo, en el caso del BHU a lo informado por el TCR hay que deducirle el valor de rescate de los activos que entregó y, en todo caso, si en los hechos éste resulta menor, ir reconociéndolo a medida que la realidad nos demuestra el error. En tercer lugar, respecto al BCU hay un déficit que no se informa y es la pérdida que el aumento de la UI ocasiona, que engrosa su déficit y también sería bueno se informara. Entonces, no es para escandalizarse, pero tampoco para despreciar la opinión del TCR.
(*) El peso se valoriza frente al dólar, moneda en la que tenemos dos tercios de la deuda.