El acceso al sistema universitario es discriminatorio para los pobres

| Tenemos que encarar un proyecto nacional de mejora de la calidad de la enseñanza para poder ingresar a la economía del conocimiento

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El País

No es posible que Uruguay alcance una producción creativa de clase mundial, ni siquiera de clase regional, si sólo el 30% de sus escasos tres millones de habitantes tiene acceso a los estudios terciarios. Como la inteligencia, el talento y la determinación se distribuyen en todas las clases sociales, es imperioso dar una oportunidad de ingreso al sistema universitario a todos los sectores de la población, afirmó el Dr. Jorge Grunberg, rector de la Universidad ORT Uruguay. Agregó que todos tenemos que ser autocríticos porque nuestro sistema universitario no se distingue internacionalmente y este es un problema continental. Si queremos aspirar a una economía de clase mundial tenemos que alcanzar un sistema de educación superior acorde. A continuación se publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.

-¿Cuál es el rol de las universidades en el Uruguay actual?

-Hay dos enormes fuerzas que hoy están condicionando al mundo: la globalización y la tecnificación. En este contexto globalizado y tecnificado, el sistema universitario tiene un importante rol en la generación de conocimiento productivo, en la formación de capital humano capaz de utilizar ese conocimiento y en la conexión entre la creación del mismo y su utilización por parte de las empresas para realizar innovaciones.

-¿En qué sentido actúa esa tendencia a nivel global?

-La globalización está llevando a una fuerte polarización de las naciones. Una minoría de naciones cuentan con economías capaces de una "producción creativa", basada fuertemente en conocimiento. Esta economía constituye un nuevo paradigma de desarrollo porque es una economía de la abundancia: sus productos, tales como semillas transgénicas, canciones, software, videojuegos, diseños textiles, fórmulas farmacéuticas, se caracterizan porque, una vez creados, su reproducción y distribución tienen costo mínimo o cero.

-¿Quiénes se están beneficiando en mayor grado de esta producción creativa?

-Sólo se enriquece una minoría de países, que van a ser cada vez más prósperos, porque sus economías se basan en producciones con alto contenido de conocimiento innovador. En cambio, es muy incierta la futura prosperidad de otras economías que basan su riqueza en una producción repetitiva (autos, muebles, juguetes, zapatos, ropa, etc.), o una producción extractiva de recursos naturales sean o no renovables.

-¿A qué puede aspirar Uruguay?

-Como Uruguay no tiene mucha población, ni está situado en Europa o Norteamérica, debe competir en base a productos o servicios creativos con alto contenido de conocimiento innovador si quiere alcanzar altos niveles de prosperidad. El objetivo del país no debería apuntar por ejemplo a ensamblar autos chinos, sino a "diseñar" ese tipo de autos o sus partes más sofisticadas -como, por ejemplo, tableros electrónicos o conexión satelitales- dejando que el armado del vehículo se realice en Río Grande del Sur o en Córdoba, porque el mayor valor de cualquier automóvil pertenece a quien lo diseñó y, en última instancia, a su marca.

-¿Qué papel podría desempeñar el sistema productivo privado en la consolidación de capacidad tecnológica innovativa en Uruguay?

-La sociedad del conocimiento se basa en una economía "triple helix" conformada por el Estado, las universidades y las empresas privadas. El primero tiene que fijar reglas y hacer que se cumplan, la universidades tienen que generar conocimiento y los empresarios utilizarlo para ser competitivos. Esa triple hélice es la que genera riqueza. Pero, si alguno de los tres polos no funciona, actúa subóptimamente o "usurpa" la función de otro, la hélice no gira a la velocidad adecuada. Por ejemplo, si el Estado quiere actuar como empresa, se presentan algunos de los problemas actuales: empresas públicas ineficientes que no invierten en innovación tecnológica, monopolios estatales que obstaculizan la creación de nuevas empresas.

Capital humano

-¿Cómo podría Uruguay insertarse en una economía del conocimiento?

-Nuestro país necesita potenciar su capital humano ya que sin profesionales y técnicos altamente calificados las empresas tecnológicas extranjeras no van a radicarse en el país, por lo menos para hacer producciones con importante valor agregado y las empresas nacionales no pueden generar capacidad de innovación propia.

-Siempre se ha dicho que Uruguay posee un gran capital humano. ¿Es ese otro de los grandes mitos nacionales?

-Aquí hay mucha gente que sabe leer y escribir y existe un número relativamente alto de profesionales de carreras tradicionales como abogados y médicos. Pero las empresas globales que producen y compiten en base a conocimiento e innovación -digamos Monsanto, Google, Pixar- necesitan contar con técnicos bien formados, angloparlantes, capaces de trabajar en equipos multiculturales, diseñadores dinámicos y creativos y doctores altamente especializados en disciplinas científicas aplicadas si desean instalar una planta de alta tecnología o un laboratorio de investigación y desarrollo. Si el objetivo nacional es que el país siga siendo principalmente un productor de commodities -lana, carne, oleaginosas, etc.- para que se procesen e industrialicen en el exterior, entonces el nivel actual de conocimientos de la población es suficiente. En cambio, si queremos que Uruguay sea un país innovador y competitivo, como hoy lo son Irlanda, Israel, Singapur o Taiwán, y genere posibilidades de empleo bien remunerado a sus ciudadanos, se precisa otro tipo de capital humano y otro tipo de capacidad de innovación tecnológica en nuestro sistema productivo.

-¿No ofrecen las universidades uruguayas diversas carreras tecnológicas con un buen nivel de formación?

-Sí. Pero la cantidad de estudiantes y en especial de graduados de estas carreras es escasa en relación a las necesidades de un proyecto de reconversión del país como productor de conocimiento. Existen múltiples razones para esto, entre ellas la mala formación en matemática y ciencia que los alumnos reciben en el ciclo de secundaria. Además, la inmensa mayoría de los uruguayos muestra un dominio muy pobre del inglés, que les impide leer literatura técnica o mantener conversaciones fluidas en ese idioma. Todo eso desalienta la radicación de empresas extranjeras y la creación de nuevas empresas uruguayas de perfil tecnológico, innovador y exportador. Es importante notar que conjuntamente con potenciar la generación de mayor capital humano es necesario al mismo tiempo crear una mayor capacidad tecnológica innovadora del sistema productivo. Si no se genera una demanda para los recursos humanos capacitados, seguiremos empujando a la gente calificada a emigrar, que es lo que está pasando actualmente. Los uruguayos no se van porque profesen una "religión consumista", ni porque tengan hambre ni porque sean perseguidos políticos. La mayoría emigra porque sus inversiones en educación no le rinden proporcionalmente al esfuerzo realizado.

-¿Qué posibilidades tiene el sistema universitario uruguayo de formar capital humano?

-El sistema universitario presenta problemas graves de equidad. El acceso al sistema es terriblemente desigual porque discrimina a los pobres en forma notoria. Según cifras oficiales del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la población ubicada en el quintil de más bajos ingresos no accede a la educación superior y los integrantes del segundo quintil ingresan en un porcentaje mucho menor a la proporción que representan del total de la población. Esta situación, además de ser una iniquidad moral y un incumplimiento del deber democrático, es una limitante para que Uruguay pueda ingresar a la economía del conocimiento. No es posible alcanzar una producción creativa de clase mundial, ni siquiera de clase regional, si sólo el 30% de sus escasos tres millones de habitantes tiene acceso a los estudios terciarios. Como la inteligencia, el talento y la determinación se distribuyen en todas las clases sociales, es imperioso dar una oportunidad de ingreso al sistema universitario a todos los sectores de la población.

Nivel preuniversitario

-¿Dónde radican los mayores problemas de la educación universitaria?

-El sistema universitario no puede ser mejor que los estudiantes que recibe. Por tanto, se necesita encarar un proyecto nacional de mejora de la calidad de la educación en el nivel preuniversitario.

-¿Cuáles serían los objetivos principales para mejorar la calidad de la educación media?

-Primero, apuntar a la graduación del 100% de su matrícula, es decir que todos los uruguayos completen el bachillerato. Segundo, que los estudiantes, en su totalidad, cursen y aprueben un bachillerato bilingüe español-inglés. Tercero deberíamos sustituir el régimen de "habilitación". Este es un legado histórico de la educación francesa que ya no existe ni en la propia Francia. En este esquema de habilitación, no importa si un centro atiende a una población de altos ingresos o en una zona marginal o si está ubicado en una zona forestal, turística o arrocera o en la capital. Siempre debe enseñar lo mismo y en lo posible el mismo día y a la misma hora. Esto impide la innovación, la flexibilidad y la creatividad. Debería implantarse una currícula mínima que todos los alumnos tendrían que aprobar pero permitirse que surgieran variantes del plan nacional educativo, dejando que cada liceo experimentara con partes del programa que son más afines a la economía o sociedad de cada comunidad. Incluso, cuando un estudiante demostrara un talento particular para cierta disciplina como música o matemática por ejemplo podría elegir un liceo en donde funcionara un bachillerato con un determinado grado de especialidad en esa área.

-¿Qué nos asegura que ese proyecto va a generar una educación de calidad?

-Deberíamos adoptar un proyecto nacional de mejora de la calidad de la educación secundaria orientado a que tengamos graduados de bachillerato de clase mundial en un plazo de diez años. En ese marco, el régimen de habilitación debería ser rápidamente sustituido por una agencia nacional de acreditación educativa que evalúe la calidad de la enseñanza en todos los liceos públicos y privados del país, que sus resultados se publiquen para que los padres puedan diferenciar la calidad de la educación impartida en cada uno de ellos, que se distinga a los involucrados -directores y docentes- adecuadamente en función de los resultados, y que se canalicen recursos humanos o materiales a los centros en donde se detecten carencias que afecten la calidad de la enseñanza. El objetivo no es establecer rankings ni torneos de competencia, sino mostrar a los padres, quienes están haciendo la decisión más importante para la vida de sus hijos, cuáles son las fortalezas y debilidades de cada institución y ayudar a resolverlos al focalizar recursos donde hacen falta.

Convergencia

-¿Sería factible lograr una cierta integración de la enseñanza en las cuatro universidades privadas y la universidad estatal?

-Hoy existen dos sistemas paralelos de aseguramiento de la calidad de la educación superior en Uruguay. Uno para la Universidad de la República y otro para las cuatro universidades privadas. Esta es una situación difícilmente sostenible porque el Mercosur está obligando a que se alcance una cierta unificación. Para la mejora de la calidad del sistema en su conjunto sería muy favorable que el sistema de aseguramiento de calidad sea igual para todas las instituciones universitarias en base a patrones definidos y evaluados con los mismos criterios.

-¿Qué relación existe entre las universidades uruguayas?

-Las universidades uruguayas están a los efectos prácticos absolutamente aisladas, especialmente en el eje público-privado, donde ni compiten ni colaboran entre sí. Esto es malo para el país. Si queremos que nuestra educación superior sea competitiva a nivel regional y, eventualmente, a nivel internacional, la política pública debería orientarse hacia el fortalecimiento integral del sistema. Dadas las dimensiones reducidas de cada universidad, las cinco universidades más los centros académicos y de investigación, tales como INIA, LATU, Instituto Clemente Estable, el Instituto Pasteur, etc. deberían funcionar en forma integral. Eso permitiría, por ejemplo, que se compartieran las bibliotecas, los laboratorios, etc. y que los estudiantes circularan entre las distintas universidades buscando lo mejor de cada una, que los créditos obtenidos en una de ellas fueran revalidados automáticamente y que se presentaran proyectos internacionales en forma conjunta.

-¿Cómo se podría promover esa convergencia?

-El Estado podría incentivar la convergencia mediante políticas públicas que habilitaran la distribución de fondos para proyectos colaborativos. Deberían crearse por ejemplo doctorados en ciencias aplicadas como ingeniería, química o biología, etc. para los cuales dos o tres universidades se juntaran para obtener un financiamiento conjunto de parte del Estado uruguayo y de los organismos de cooperación internacional por ejemplo para importar conjuntamente un laboratorio de alta tecnología o traer profesores extranjeros para que residan tres o cuatro años en Uruguay. Ese esfuerzo económico no lo puede hacer ninguna universidad local por sí sola, pero se podría lograr a través de redes colaborativas. La ciudadanía y las empresas uruguayas serían los lógicos beneficiarios de un sistema universitario que acumulando todas sus fortalezas pudiese alcanzar nuevas metas de calidad de formación, reconocimiento internacional y producción de conocimiento útil para nuestro país. Ese tiene que ser nuestro camino.

Universalización de un bachillerato bilingüe

-El costo de alcanzar un nivel de calidad mundial en la enseñanza seguramente va a demandar una mayor inversión en esta área. ¿Cree que la población estaría dispuesta a pagar más impuestos para la educación?

-La ciudadanía está criticando justificadamente una carga tributaria que encuentra difícil de soportar. Sería distinto si se plantease un programa concreto a diez años de plazo que exija una contribución impositiva alta, pero asegure que los hijos de los ciudadanos contribuyentes van a poder ingresar a cualquier universidad del mundo porque serán estudiantes bilingües y tendrán un buen nivel de conocimiento en matemáticas evaluado por PISA. Una cosa es que hoy tengan que aportar para sostener políticas fiscales que no tienen tangibilidad y otra que se implantaran programas de educación con resultados evaluables y con autoridades responsables de los resultados. Por ejemplo, se tendría que hacer un acuerdo nacional suprapartidario para designar un Codicen por el término de diez años para que se hiciera cargo de ese proyecto. Deberían ser tan independientes como los Bancos Centrales de los países desarrollados.

-¿No se han propuesto proyectos con enfoques similares en el ámbito de la enseñanza?

-Lamentablemente, el Congreso Nacional de Educación realizado en diciembre de 2006 se dedicó a discutir la política de la educación en lugar de discutir objetivos, métodos y contenidos. Se perdió una gran oportunidad para juntar fuerzas entre todos quienes participamos en la labor educativa y dar un mensaje convocante y de unidad que permitiera explicar a la sociedad por qué un esfuerzo económico de todos los uruguayos para mejorar la educación es un proyecto nacional. Las oportunidades de carrera profesional y las buenas remuneraciones no van a surgir de las rendiciones de cuentas o de los consejos de salarios, sino cuando las empresas globales se disputen el trabajo creativo de una población uruguaya altamente educada.

El precio cero de un servicio hace su distribución inequitativa

-¿Cómo calificaría los niveles de calidad de la educación que se imparte en las universidades uruguayas?

-Todos tenemos que ser autocríticos. Nuestro sistema universitario no se distingue internacionalmente y este es un problema continental. Según el último ranking del Times Higher Education Supplement, el principal ranking mundial de universidades, hay sólo 21 instituciones latinoamericanas entre los mejores 500 centros universitarios del mundo y una sola de Uruguay, que es la Universidad ORT. Si queremos aspirar a una economía de clase mundial tenemos que alcanzar un sistema de educación superior acorde.

-¿Hacia dónde deberían apuntar los objetivos del sistema universitario uruguayo?

-Se deben buscar mejoras de acceso al sistema universitario a los ciudadanos de menores ingresos, para lo cual existe una experiencia internacional enorme. La teoría económica no tiene dos opiniones: el precio cero de un servicio hace que su distribución sea inequitativa. Cuando algo cuesta cero pero tiene alto valor, lo obtienen mayoritariamente los más ricos o los más influyentes. Conjuntamente con la mejora del sistema preuniversitario, habría además que exigir la aprobación de un examen de ingreso obligatorio simultáneo para las cinco universidades que funcionan en Uruguay. Ese examen de admisión recién sería obligatorio dentro de diez años cuando haya un nivel de igualdad de oportunidades para todos los egresados de bachillerato.

-¿Permitiría ese régimen el acceso de los jóvenes pobres a la educación superior?

-Debería votarse un fondo de becas generoso orientado a los dos quintiles de menores ingresos de la población, lo cual ahora es fácilmente demostrable por la declaración del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. Eso permitiría que los estudiantes provenientes de hogares de menores ingresos accedan al sistema universitario con una beca que cubra el arancel pero además libros, alimentación, vivienda y transporte y no sólo aumentaría el acceso sino que disminuiría la deserción y la frustración de miles de uruguayos con carreras truncas por razones económicas. Esta solución permitiría que con menos dinero público estudiaran y se graduaran más uruguayos. Además, el dinero de la beca se le daría al alumno y no a la universidad como es lo usual en el mundo. El estudiante podría usufructuar la beca en cualquiera de las cinco universidades y si estuviera disconforme con la enseñanza que se da en la institución que se matriculó, tendría el derecho a cambiarse a otro centro. Esa es la manera de darle poder de decisión al ciudadano y no darnos poder de retención a las corporaciones. En resumen sería una solución más democrática.

Ficha técnica

Jorge Grunberg, uruguayo, 50 años, es ingeniero de sistemas egresado de la Universidad de la República y posee un Ph.D en educación de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Es rector de la Universidad ORT Uruguay desde 1996. Fue Premio Nacional de Informática en 1980 y Premio CREI de Plata del gobierno de España en 1982. Posee una extensa experiencia en consultoría de tecnologías de la información en corporaciones y organismos internacionales.

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