HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
La economía uruguaya creció un 10,9% en el primer trimestre del presente año en relación a igual período de 2007. Por otra parte, si se compara con el nivel de actividad del trimestre anterior, corregido por los efectos de la estacionalidad, se registra un aumento del 2,4%, lo que anualizado determina una tasa del 10% (ver Gráfico Nº 1).
De hecho, hace tres trimestres que la economía crece a ese ritmo (ver Gráfico Nº 2), más propio de la realidad del sudeste asiático que de nuestro país.
Existen aspectos puntuales, que ayudan a explicar el crecimiento, que tienen impacto por una sola vez. Pero hay otros, un poco más duraderos, que también inciden.
Dentro de los primeros se destaca claramente el inicio de las actividades de la planta de celulosa de Botnia hacia el final de 2007, lo que impacta de manera decisiva en la comparación, fundamentalmente a nivel de la industria manufacturera, pero también en el rubro transporte de carga, e indirectamente a nivel de una serie de actividades conexas. Estadísticamente el efecto Botnia nos acompañará a lo largo del año, y la situación se normalizará una vez que se haya cumplido un ejercicio completo de producción.
Dentro de los aspectos un poco más permanentes cabe destacar el comportamiento de la demanda interna, en particular el consumo privado, cuya evolución futura, de mantenerse los actuales patrones, nos genera ciertas dudas.
SECTOR EXTERNO. El crecimiento tiene su sustento en la demanda interna. En efecto, si se analiza la incidencia, tanto del gasto interno como la del sector externo, se constata que la contribución neta de este último al aumento que registró el nivel de actividad en el primer trimestre del año fue nula, fruto de aumentos de exportaciones e importaciones similares, que se contrarrestaron.
Lo que no debe llevar a la falsa conclusión de que las exportaciones no han sido importantes. Por el contrario, en el primer trimestre del año las ventas de bienes y servicios al exterior aumentaron un 11,9% en relación a igual período de 2007, destacándose las colocaciones de pasta de celulosa y otros productos agrícolas, incidiendo positivamente en el desempeño de varios sectores de actividad.
El punto es que, desde la óptica de la demanda final, el sector externo se considera como un todo, y se mide la contribución neta del mismo, esto es las exportaciones menos las importaciones. Cómo estas últimas también crecieron de manera importante (11,1%), debido a las mayores compras de todo tipo de bienes, ya sea para ser reelaborados y transformados en otros distintos, ya sea bienes de consumo final o bienes de capital, que permitirán la elaboración de otros productos en el futuro, el resultado neto es nulo.
Hace unas semanas, cuando analizamos el comportamiento del sector manufacturero al cabo del primer trimestre del año, señalamos que al interior de la industria, al igual que la economía en su conjunto, convivían distintas realidades. Concluíamos que las ramas volcadas al mercado interno y algunas elaboradoras de materias primas de origen agropecuario, y en particular la fabricación de pasta de celulosa atravesaban por una etapa de expansión. Por su parte, las ramas más sujetas a competencia internacional eran las que enfrentaban las mayores dificultades, fundamentalmente las que compiten con productos importados.
El desempeño del sector externo descrito en los párrafos anteriores lo corrobora plenamente.
El crecimiento de las importaciones está estrechamente vinculado al de la demanda interna, que en el primer trimestre de 2008 aumentó un 10,5%. El gasto interno incluye al consumo de los privados (que aumentó 8,4%), el consumo del gobierno (-0,5%) y la inversión (34%). En términos de incidencia o contribución al crecimiento del PIB, dadas las distintas magnitudes de una y otra variable, el consumo de los privados explica el 60% del crecimiento del producto, y la inversión el 40% restante.
¿RECALENTAMIENTO? La importancia del consumo interno en el crecimiento actual de la economía es tan grande que, si en vez de analizar el último trimestre observamos lo que aconteció en los últimos doce meses, en los que el PIB aumentó 8,5%, comprobamos que tres cuartas partes de ese aumento se explican por el mayor consumo de las familias.
Para una economía como la uruguaya, este patrón de crecimiento hacia adentro no es sostenible a largo plazo, y las magnitudes de expansión que se observan hablan de un recalentamiento.
Potencialmente ello trae aparejado problemas a futuro, ya que una demanda interna pujante deprime el tipo de cambio real, afectando la competitividad de los sectores exportadores. Dada la coyuntura actual, en la que los principales rubros de exportación del país se ven favorecidos por precios internacionales elevados no los afecta tanto. Pero dada la gran incertidumbre reinante en estos momentos en el mundo, con perspectivas ciertas de que a corto plazo comience a revertirse el ciclo al alza de los commodities, puede resultar problemático.
El mayor consumo de las familias se sustenta en un crecimiento en el ingreso de los hogares y en la expansión del crédito, cuyo accionar conjunto potencia la expansión del gasto.
El mayor ingreso de los hogares es el resultado del aumento del empleo y de las retribuciones reales. A su vez, la mejoría que experimentan las familias las torna más previsibles desde la óptica bancaria a la hora de otorgar préstamos, posibilidad que tras la crisis del 2002 había desaparecido.
Lo antedicho, unido a la crisis bancaria internacional y el descenso que experimentaron las tasas en el exterior, llevó a las instituciones bancarias que operan en plaza y otras instituciones financieras que también otorgan préstamos, a expandir su operativa local.
A su vez, el acceso al crédito posibilitó la adquisición de una serie de bienes, fundamentalmente importados, que por otra parte, dada la apreciación del peso, se abarataron relativamente.
Como sucede en todos los momentos de auge, los aspectos negativos que subyacen pasan desapercibidos. Seguimos creyendo que, si bien aún la reforma tributaria no ha impactado con fuerza, una vez que la economía converja a tasas de crecimiento más acordes a la realidad del país y, más aún, cuando los efectos del por ahora enlentecimiento del nivel de actividad mundial comiencen a internalizarse y los ciudadanos hayan evaluado en su totalidad el impacto de la reforma, los hogares afectados por una mayor carga tributaria reducirán su consumo permanente.
INVERSIÓN. En lo que respecta a la inversión, el fuerte crecimiento del primer trimestre está muy influenciado por una variación positiva de existencias, principalmente de productos agropecuarios y de pasta de celulosa.
En lo que refiere a formación bruta de capital físico, el aumento fue del 16,6%. Prevaleció aquí el comportamiento del sector público, que expandió su inversión física en un 64,7%, ante un aumento del 9,5% de los privados.
Lo primero que podemos decir al respecto, más allá de la saludable expansión de la inversión, es que el sector público parece haber entrado ya en el clásico ciclo electoral. Los anuncios de expansión de gasto para el año próximo en el marco de la Rendición de Cuentas claramente van en ese sentido.
En lo que respecta a la inversión privada, es importante resaltar que a diferencia de lo que ocurrió durante el año 2006 y principios de 2007, no está influenciada por la construcción de la planta de celulosa (ver Gráfico Nº 3).
Ello es algo positivo, ya que más allá de la importancia que sin duda alguna tiene para la economía el proyecto de Botnia, lo relevante en cuanto al crecimiento futuro no es la realización de un megaproyecto, sino que el proceso de inversión se generalice y extienda a todas las empresas del país, grandes, medianas y pequeñas, que son miles, y de cuyo desempeño depende la evolución económica del país.